¿Qué hacemos con la Secundaria?

Las “8 Banderas para la transformación” en tiempos de pandemia 

Cuando terminábamos el 2019, pensábamos en cuáles serían los pasos que nos tocarían dar al año siguiente para impulsar con entusiasmo y compromiso esa gran “causa” que llamamos Transformar la Secundaria, convencidos como estamos de la necesidad impostergable de avanzar en esta dirección.

Durante los últimos años, muchas jurisdicciones del país habían avanzado en propuestas interesantes y, en algunos casos bastante valientes, para realizar algunos de los cambios que sabíamos más urgentes. Desde Fundación Voz intentábamos destacar dichos trabajos y darles mayor visibilidad. 

Aquellas “8 banderas para la transformación”, que con muchísimo trabajo habíamos consensuado con tantos actores y sectores, y que de alguna manera orientaban el camino a seguir, estaban en proceso de ser sistematizadas en una publicación que recogía lo trabajado en todas las jornadas de debate intersectoriales realizadas con la participación de numerosos docentes, estudiantes, familias, directivos, funcionarios, sindicatos docentes… de todo el país. Teníamos por delante un importante trabajo por realizar.

Pero los proyectos y los planes se toparon con una realidad que sobrepasó a todo el planeta: la pandemia COVID 19. 

A días de comenzar el ciclo lectivo 2020, se suspendió la presencialidad y comenzó una etapa imprevista e interesantísima para dar continuidad pedagógica a les estudiantes que estaban matriculados en todas las modalidades de educación secundaria de todo el país. Aquella propuesta de las “8 banderas” debía entrar en un tiempo de suspensión porque las urgencias pasaban por lograr sostener las trayectorias educativas y las propuestas para les estudiantes que estaban sufriendo esta durísima prueba, junto con sus docentes. 

Sin embargo, la pandemia y sus consecuencias educativas, pusieron de manifiesto, entre otras cosas, que la necesidad de cambios en la escuela secundaria, era aún más profunda y urgente de lo que pensábamos antes de pasar por esta grave crisis. Muchos fueron los impactos que la misma provocó en todos los actores del sistema educativo. Pero el primero y más fuerte fue el de reconocer de manera casi brutal las tremendas desigualdades a la que les estudiantes estaban expuestos y condicionados.  Mientras que algunes podían prácticamente replicar una escuela virtual con conexión sincrónica a través de la internet de alta velocidad, con equipos de computación hogareños a disposición personal y con docentes equipados para acompañarlos, muchos otros, apenas contaban con un celular, con datos limitados, para poder acceder a la información que la escuela podía hacerles llegar. Y, algunos incluso, ni siquiera tenían acceso a esta reducida posibilidad. 

No es que no supiéramos como sociedad de las grandes inequidades que nos atraviesan, pero quizás no se nos habían presentado de manera tan brutal, descarnada y violenta ante nuestros ojos. 

Como recuperándonos de un golpe que nos dejara un tanto aturdidos, junto a muchos y muchas docentes e investigadores educativos, comenzamos a advertir que la crisis volvía a poner en evidencia  la urgente necesidad de trabajar por la “Transformación de la Secundaria” aún desde este contexto adverso y , quizás todavía, a causa de él.

Nos fuimos dando cuenta que aquellas banderas que entendíamos debían ser levantadas antes de saber del COVID-19, ahora también debían flamear bien alto y con mucha fuerza para indicarnos los senderos que no podíamos descuidar al salir de la pandemia, como esperamos que suceda pronto.

Estos párrafos quieren ir en esta dirección: recuperar la vigencia de las banderas, al retomar tantas cosas que hemos aprendido en estos meses de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) en todo el territorio nacional. Volver a impulsar la transformación de la escuela secundaria, porque, aún en esta crisis tan fuerte -y quizás por ello- tenemos que llevar adelante los cambios que la escuela secundaria necesita y docentes y estudiantes -sobre todo estas y estos últimos- exigen.

En todo caso, la crisis sanitaria no puede ser excusa para no cambiar. Porque los problemas que teníamos antes de la pandemia se han agravado. No es posible mirar para otro lado. 

Y quisiéramos ser sumamente cuidadosos para no aprovecharnos de la lamentable situación por la que atravesamos para justificar los cambios que creemos que hay que hacer. Se trata de recorrer otro sendero: pensar qué se necesita realmente si buscamos superar esta crisis con el mayor provecho posible. Lo intentaremos. Al final, nos daremos cuenta de la importancia de retomar la “hoja de ruta” que conforman las 8 banderas para la transformación. Además porque pudimos visualizar que aquellas escuelas que ya venían trabajando en esta línea, cambiando el formato tradicional por ejemplo, pudieron dar respuesta a la nueva situación pedagógica a la que nos expuso la cuarentena.

Acompañamiento de las trayectorias educativas personales de les estudiantes.

Los primeros esfuerzos de docentes y directivos, cuando se superó el primer momento de sorpresa que generó la situación de aislamiento, estuvieron concentrados en contactarse con les estudiantes a través de una variedad de recursos tecnológicos o de otros medios, como la entrega de bolsones de alimentos. 

Hemos escuchado en estos meses a innumerables actores del sistema educativo hacer referencia a la necesidad de identificar a cada estudiante como tal, a conocer las características propias de su situación personal… a poder acompañar sus trayectorias educativas.  

La idea de trayectorias educativas empezó a fortalecerse en numerosos espacios, incluso en algunos en los que no estaba tan presente. Desde las políticas públicas, pareció desaparecer o disminuir a un grado mínimo, las objeciones a contar con un registro personalizado que permitiera identificar, ubicar y como gran desafío actual, “re-vincular” a cada estudiante. Se está hablando hoy -y avanzando desde la elaboración de herramientas digitales- de una “cédula escolar única” que registre esas trayectorias educativas de todes les estudiantes del sistema educativo argentino. 

Pero no debemos confundir una aplicación o programa tecnológico que permita contar con la información de cada estudiante, con la importancia del “acompañamiento” que cada estudiante secundario requiere. El acompañamiento es una tarea docente fundamental. Tiene que ver con una acción de tutoría, aliento, consejo…

Pero hay algo más: El mismo concepto de trayectoria hace referencia a un constructo múltiple: Por un lado, habla de un camino personal y personalizado, que implica comprender que cada estudiante tiene su propio camino a recorrer, único e irrepetible, que se debe reconocer y, justamente, acompañar desde la institución educativa a la que pertenece. Pero también, de una tarea docente de acompañamiento y de una institución educativa que la contiene, y que le da a la “trayectoria”  esa impronta tan única y particular. El “éxito” de una trayectoria es el resultado de las actitudes personales de les estudiantes pero también del proceso de acompañamiento de les docentes en las escuelas. 

En estos momentos en que la escuela secundaria está interpelada porque son muy altos los porcentajes de estudiantes con los que las escuelas no pudieron sostener ningún vínculo o sólo una relación extremadamente lábil, hay una convicción muy generalizada de que no hay otra alternativa posible que reconocer las trayectorias de cada une de elles para reconstruir el vínculo y recuperar la “nueva regularidad” con la que deberán comprometerse miles y miles de adolescentes y jóvenes. 

Por otra parte, estamos ante un escenario que impondrá, de hecho “nuevas trayectorias educativas” porque las anteriores, no podrán retomarse igualmente. Los llamados “formatos híbridos” son otra manera de hablar de nuevas trayectorias. 

Por ello y sin duda alguna, la cuestión de las trayectorias educativas es una de las cuestiones centrales de la secundaria que viene. Desde sus aspectos pedagógicos, tecnológicos, sociales y de organización institucional. Aspectos que confluyen para ponernos en un escenario de profunda transformación educativa. 

Equipos Directivos y Supervisores liderando procesos de transformación

Cuando proponíamos esta bandera, estábamos convocando  a las instituciones educativas a cambiar esos modelos personalistas, autoritarios… que aún persisten en algunas, por otros en donde, a partir de consensuar un proyecto pedagógico institucional con todos los actores y miembros de la comunidad educativa, un equipo directivo lidera el proceso de llevarlo a cabo en la vida de la misma escuela. Esta propuesta incluye a los supervisores que acompañan en este formato institucional cooperativo y con fuerte compromiso de sus equipos docentes. 

La pandemia impactó muy fuertemente en las mismas bases de la estructura escolar. Al principio, la respuesta fue caótica y desordenada. Cada docente hizo lo que pudo, con gran esfuerzo pero poquísima coordinación. Pero luego, relativamente rápido,  hubo una importantísima reacción institucional, en algunos casos a partir de la iniciativa de supervisores e inspectores, en otras, de los mismos equipos directivos de las escuelas. 

Con el correr de las semanas quedó cada vez más claro que en aquellas escuelas cuyos equipos directivos lograban reconducir el proceso, la respuesta institucional era mejor y era posible realizar propuestas más potentes. 

Mientras desde las direcciones jurisdiccionales se buscaba acompañar con normativas y materiales, las escuelas comenzaban a pedir, cada vez con mayor convicción, que se respetara una relativa autonomía de las decisiones que en cada territorio surgían, teniendo en cuenta las características propias de las diferentes comunidades educativas. 

Son tantos los condicionamientos locales que cada escuela puede aprovechar o debe enfrentar, que suponer que una normativa central dispone formatos comunes que resuelven todas las situaciones que tienen que considerar los equipos directivos, es una quimera. 

Se requieren normativas jurisdiccionales que orienten las decisiones pero que respeten las adecuaciones locales y que posibiliten diferentes respuestas responsables y comprometidas teniendo en cuenta las realidades y posibilidades propias de cada institución. 

Para que esto no quede librado a caprichos individuales, es necesario que se fortalezcan equipos directivos que funcionen como tales. Se trata de una necesidad fundamental para la secundaria que viene.  Sólo así se podrá responder con creatividad y profesionalidad a los desafíos que se presentan. 

La formación de estos equipos es una tarea fundamental que tiene que ser asumida desde las distintas instancias existentes en cada jurisdicción, comenzando por los inspectores y supervisores, que deben impulsar especialmente estos modelos institucionales, y también desde los planes de capacitación en servicio que deben adoptar estas perspectivas. 

Incorporación de las tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje

Cuando hablábamos de esta bandera hace apenas un año, parecía que nos estábamos refiriendo a una bandera que consideraba la importancia de pensar en un “futuro de mediano plazo” y no quedarnos en el tiempo. Sin embargo, la pandemia cambió esta perspectiva de manera radical. 

Casi sin darnos cuenta, descubrimos que aquel futuro que se veía un tanto difuso, se transformaba en una urgente necesidad presente para posibilitar la continuidad pedagógica de miles y miles de estudiantes. 

Tres aspectos principales se pusieron rápidamente en el centro de muchísimos debates, declaraciones globales, intervenciones de organismos internacionales y también, enfrentamientos sociales que tuvieron particular visibilidad e impacto público.

  • Conectividad
  • Equipamiento
  • Tecnología/metodología educativa.

Aspectos que, por otra parte, se retroalimentan fuertemente entre sí. 

La sociedad comenzó a reconocer que la cuestión de la conectividad debía considerarse como un derecho humano fundamental de nuestro tiempo. Ya lo habían reconocido las Naciones Unidas hace unos años pero ahora dejaba de ser una  afirmación en una declaración internacional, para convertirse en un reclamo presente en una multitud de espacios de todo tipo. 

El debate sobre la conectividad como servicio, mercancía o derecho, ha venido ganando lugar en todos los sistemas educativos del mundo. La discusión está abierta y sus derivaciones son hoy por hoy impredecibles. 

Pero la cuestión no se agota en la disponibilidad de la internet o en su calidad, también es importante tener en cuenta de qué equipos se dispone para conectarse. La gran mayoría de les estudiantes de escuelas de gestión social y estatal solo cuentan con un teléfono móvil, en general de baja gama. Muchos, ni siquiera tienen ese recurso disponible. 

Ya advertíamos y denunciábamos las consecuencias de la  discontinuidad del programa “Conectar Igualdad” durante el gobierno anterior, pero nunca imaginamos que aquellas decisiones iban a ser tan destructivas para las trayectorias de grandes cantidades de estudiantes de todo el país en tan corto tiempo.  De pronto descubrimos que, con los cuatro años de interrupción de aquella política pública, prácticamente ningún estudiante de secundaria de nuestro país contaba en este momento con equipos informáticos provistos por el Ministerio de Educación de la Nación para afrontar la crisis. 

El tercer aspecto a considerar tiene que ver con las tecnologías y metodologías educativas. Veníamos reflexionando sobre esta cuestión cuando profundizábamos sobre el sentido de esta bandera, antes de la pandemia.  Por entonces nuestra principal preocupación era que no se utilizara la tecnología como  un recurso “novedoso” de replicar una manera de enseñar “bancaria”, tradicional, pasiva… aunque con un envoltorio tecnológico atractivo. La tecnología debe acompañar pedagogías diferentes que incorporen las lógicas propias de los formatos digitales. 

La inclusión de las tecnologías al mundo educativo, amplía las posibilidades de la escuela de vincularse con el mundo real, atravesado hoy ampliamente por la virtualidad. Pero además, lo digital no solo posibilita potenciar las capacidades de la inteligencia sino que también nos hace pensar de otras maneras. Y quizás este sea el aporte más importante de la tecnología aplicada a la enseñanza y aprendizaje.

Esta incorporación de tecnologías excede las cuestiones pedagógicas. También es necesario digitalizar la gestión educativa. 

Desde las plataformas de distinto tipo que la escuela requiere para funcionar, hasta para todo lo referido a la administración escolar y, como vimos, al acompañamiento de trayectorias educativas. La escuela “del papel” va ir quedando cada vez más como un registro en la memoria. Como sucede en otras áreas de la vida, los recursos digitales llegaron para quedarse y amplificarse hasta lo inimaginable. 

Una institución educativa que permita a los diferentes actores, en particular a las familias, hacer más visible y transparente las trayectorias educativas de les estudiantes, situación de su escolaridad, progresos curriculares y certificaciones… requiere también de una reconversión tecnológica sobre la que hoy ya se está trabajando, a partir de la idea de “Cédula escolar única” que está avanzando en su concreción. 

Según señalan todos los expertos y observadores de estos temas, uno de los impactos del tiempo de Pandemia, será un desarrollo impresionante de los recursos tecnológicos, apps, innovaciones programáticas… disponibles para el teletrabajo, la vida doméstica, la comunicación y la educación. Ya lo estamos comenzando a ver y a experimentar. 

Sin dudas, esta bandera se ha resignificado y aparece como un eje fundamental de la transformación de una secundaria que, si no incorpora profundamente las tecnologías, difícilmente podrá lograr casi ningún objetivo que se proponga.  

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Metodologías activas y formatos curriculares que impulsan la Enseñanza y el Aprendizaje. El trabajo por Proyectos. La enseñanza a partir de Problemas.

Esta bandera buscaba hacer eje en la necesidad de transformar las maneras de acceder, transmitir y construir el conocimiento dentro de la escuela. Cuando la elegimos luego de los numerosos procesos de consulta, era porque había casi un clamor generalizado de que debía transformarse profundamente la manera de enseñar y de aprender en la escuela. No solo porque les estudiantes nos decían que se aburrían y no le encontraban sentido a mucho de lo que se hacía en ella. También porque les docentes transmitían, desde otro lugar, la misma preocupación y creciente frustración.

Un mundo más activo, dinámico, visualmente impactante… dejaba a la enseñanza tradicional en situación de desventaja notable para llegar a les estudiantes con alguna posibilidad de motivación.

La pandemia nos enfrentó con esta misma realidad de manera imposible de disimular o evadir. Para algunos docentes, la respuesta era tratar de “dar clase” de manera tradicional pero utilizando la tecnología. Para ello, grababan sus exposiciones y las enviaban por whatsapp… aunque al poco tiempo descubrieron que ese camino no lograba buenos resultados. 

Muchos empezaron a elaborar “guías de estudio” con distintos trabajos que posibilitaran la investigación y la búsqueda de información en diferentes sitios al que les estudiantes eran invitados a visitar o a encontrar.

Aquelles docentes que tenían más práctica en el trabajo por proyectos o por problemas, pudieron resolver esta cuestión un poco mejor y lograron propuestas más interesantes y mejores, desde el punto de vista de los procesos de enseñanza. 

Lo mismo puede constatarse desde una perspectiva institucional: aquella escuelas que propusieron a sus equipos docentes un trabajo interdisciplinar organizado, pudieron efectivamente desarrollar formatos pedagógicos que evidenciaron mejores resultados desde el punto de vista educativo. 

Sin embargo, una de las grandes limitaciones que en general sufrieron los docentes fue la dificultad de organizar trabajos grupales con les estudiantes. Solo algunes lograron que eso sucediera en el marco del distanciamiento o aislamiento social. La mayor parte del trabajo fue individual. Esto es una pérdida muy grande, que profundiza el distanciamiento que, de por sí, la pandemia generó, con sus consecuencias emocionales en les estudiantes que fueron advertidas por todes les docentes. 

La gran pregunta que debemos hacernos es si esta cuestión es inherente a la virtualidad o, en realidad, es solo una señal de que, sobre esta cuestión, la formación docente no logró capacitar suficientemente a los educadores para poder abordar satisfactoriamente este desafío. Ante el futuro que se viene, se trata de algo tan sensible como central. Trabajar la sociabilización y -como veremos en otro apartado de este mismo texto- las emociones y sentimientos, con herramientas digitales y virtuales. 

Estamos convencidos de que transformar las maneras de enseñar y aprender en la escuela secundaria es uno de los principales desafíos que hoy tiene el sistema educativo por delante. Es necesario trabajar esta cuestión. Tanto desde la formación docente como desde la misma práctica de enseñanza para poder utilizar mejor las herramientas digitales que tenemos a disposición.

Si esto no sucede, puede avanzar cierta concepción que imagina la escuela como una “maquinaria de enseñar contenidos”. En donde la relación interpersonal se minimice o desprecie. Hay una amenaza, denunciada por importantes actores de la educación, de que intereses privatizadores impongan un formato de enseñanza “pantallarizado” y estandarizado, en donde la mediación del docente desaparezca casi por completo, replicando mecánicamente procesos y evaluaciones, y transformando la educación en un acumulado reproductivo de conocimientos meramente trabajados desde lo cognitivo intelectual.

Para que la educación tenga efectos reales en las vidas de les estudiantes, es necesario trascender conocimientos y  proponer aprender “saberes” que impacten su realidad cotidiana, en sus maneras de aprender y de aplicar lo que aprenden sus vivencias diarias. 

Esto no se logra con una mera transmisión de contenidos, requiere atravesar la experiencia y, de alguna manera, impactar en los saberes previos y reconstruirse desde allí, como nos enseñó Vigotsky al hablar de las “zonas de desarrollo próximo”, por ejemplo. 

La escuela que necesitamos, debe resolver estas cuestiones pedagógicas de manera urgente, para responder a lo que les estudiantes de nuestros tiempos requieren, pero también a las dinámicas que la sociedad reclama hoy a las instituciones educativas. 

Inclusión de la perspectiva artística y emocional en los procesos de enseñanza y aprendizaje

Cuando realizamos las consultas intersectoriales que nos permitieron identificar los ejes que luego dieron origen a las “banderas de la transformación”, una de las claves que advertíamos con mucha fuerza tenía que ver con la importancia que, especialmente les estudiantes, daban a la cuestión de la emocionalidad, las sensaciones y los territorios corporales, respecto de la enseñanza y el aprendizaje. 

Ya sea por denunciar su ausencia muy generalizada, o por destacar el valor de las presencias -aisladas- de estas dimensiones, el tema salía una y otra vez. Estudiantes -y a veces docentes- hacían notar que era en los espacios en donde aparecía la cuestión artística, donde estas dimensiones eran más y mejor reconocidas dentro de la escuela. Y no solo en las “asignaturas” referidas al tema. También en los espacios escolares intervenidos por esta perspectiva artística. Por otra parte, lo artístico no aparecía como una cuestión sólo referida a las asignaturas específicas (música, plástica, teatro…). También escuchamos con atención que algunas escuelas y organizaciones nos decían que, a través del arte, era posible acceder de otra manera a otros conocimientos curriculares generales, que podía ser mucho más eficaz y garantizar así mejores aprendizajes. 

En la pandemia observamos que estas cuestiones también se pusieron en juego y tensión. 

Por una parte, cuando se recurrió a la tecnología para reproducir la enseñanza bancaria, surgieron propuestas educativas que generaron más rechazos que entusiasmo y que, finalmente, contribuyeron a la desvinculación de les estudiantes que no se interesaban en poner esfuerzo para acompañar esas propuestas o no se sentían convocados para hacerlo. 

Hemos escuchado, por ejemplo, que muchos docentes señalaban que, al no haber “exigencias de evaluaciones”, les estudiantes perdían interés.  Situación que más bien pone en evidencia costumbres bastante generalizadas en las instituciones educativas de generar un vínculo pedagógico ligado a la necesidad de promover y certificar más que al interés por aprender. También fue posible encontrarse con prácticas muy creativas y originales que pusieron en juego las emociones, sentimientos y lo experiencial para construir propuestas en la continuidad pedagógica.

Cuando esto sucedió, los vínculos pedagógicos y la continuidad de las trayectorias educativas alcanzó mejores resultados. Existe una relación muy fuerte entre calidad de la propuesta pedagógica y respuesta de les estudiantes. Y, también sin dudas, cuando fue posible poner en juego estas dimensiones, se pudo verificar mejor calidad en las propuestas. 

En el tiempo de aislamiento más fuerte, les adolescentes sufrieron muchas situaciones derivadas del encierro prolongado y la falta de encuentro con pares. No fueron pocos les estudiantes que, aún teniendo las condiciones materiales y tecnológicas garantizadas, no pudieron sostener ningún vínculo pedagógico con la escuela. Su situación emocional estaba dañada, con señales de depresión, angustia, ataques de ansiedad… Además de les que sufrieron violencias domésticas agravadas, complejas situaciones intrafamiliares, fugas de sus hogares e intentos -o prácticas-  de suicidios. Todas estas situaciones hacen de lleno a las trayectorias educativas y a la necesidad de que la escuela preste atención e intente acompañar debidamente a quienes las sufren. 

Ante el exigente desafío que hoy se nos plantea por la revinculación, una de las claves que se pone en juego es cómo desarrollar propuestas pedagógicas que incluyan la emoción, los sentimientos y los afectos y “pasen” por los cuerpos de les estudiantes. Si nunca el aprender fue solo un ejercicio cognitivo intelectual, hoy no es posible desconocer la necesidad de que la pedagogía tenga en cuenta estas cuestiones cuando propone caminos de enseñanza aprendizaje. Difícilmente haya una revinculación efectiva sin estas consideraciones, difícilmente haya un compromiso con la propia trayectoria educativa, si la educación a la que se invita a les estudiantes a participar, ignora estas necesidades que, para les adolescentes, son básicas y estructurantes de su ser en el mundo. 

Instituciones escolares democráticas y participativas

La pandemia provocó muchas situaciones absolutamente inéditas e inesperadas en todos los campos de la vida. El sistema educativo no fue ajeno a esta realidad. 

Especialmente al principio del aislamiento social, cuando la escuela debió clausurarse a la presencialidad tal como la conocíamos, cada uno de los actores que la conforman, debieron reacomodarse a la nueva realidad. Es cierto que no todos pudieron hacerlo de la misma manera y con los mismos resultados. Condiciones sociales, geográficas, tecnológicas, económicas… potenciaron o dificultaron esta posibilidad de reconfigurarse para la nueva situación. 

Algunas aspectos se volvieron evidentes y es muy importante destacarlos para poderlos interpretar más convenientemente. 

En aquellas instituciones educativas en las que la vida interna estaba mejor organizada y la participación más canalizada, esos espacios se volvieron claves a la hora de enfrentar la situación inesperada. 

Las escuelas que tenían cooperadoras escolares o asociaciones de familias fuertes o mejor organizadas, casi de inmediato pudieron estar junto a los equipos directivos planificando las entregas de alimentos, los “bolsones”, transformando sus “comedores escolares” en atención directa más efectiva.  También pudieron reclamar a las autoridades por mejores respuestas tanto en lo asistencial, en lo referido a las infraestructuras,  como en lo pedagógico. En algunas jurisdicciones estos reclamos significaron verdaderas “luchas” con logros importantes respecto de estos u otros reclamos. 

Cooperadores y directivos presentes en las escuelas, aún en los momentos más duros del aislamiento,  dieron cuenta de esta situación. 

Algo parecido sucedió con las escuelas que contaban con Centros de Estudiantes activos y organizados. Les estudiantes se “movieron” para llegar a sus compañeres que estaban desvinculándose para sostener sus trayectorias. Organizaron actividades, facilitaron contactos y hasta se ocuparon de fotocopiar guías y cuadernillos para quienes no tenían conectividad. 

En no pocos lugares, organizaron campañas para conseguir equipamiento informático o “datos telefónicos” para hacerlos llegar a les estudiantes que no contaban con ellos.

Además, desde sus articulaciones y redes nacionales y federales, se realizaron numerosas acciones durante los meses de ASPO y DISPO.  Destacamos las importantísimas encuestas hechas a través de la virtualidad para dar cuenta de la situación de les estudiantes en estos largos meses.

En este tiempo hemos podido, además, ver cómo equipos directivos de muchas escuelas, llamaban, consultaban, se reunían… con familias y con centros de estudiantes para reflexionar y encontrar mecanismos de funcionamiento más adecuados para hacer frente a las situaciones inesperadas que se iban presentando a diario, y para las que casi nadie tenía respuestas eficaces. 

A nivel nacional, el ministro de Educación convocó a las redes nacionales de centros de estudiantes a participar del consejo creado  para proponer los protocolos de “vuelta a las escuelas”, espacio en el que participaron con mucha responsabilidad.

Todo esto habla de la importancia de que la escuela cuente con una vida institucional activa, participativa y organizada. Esto vale para estas situaciones especiales, pero también para la vida cotidiana, marcando una diferencia sustancial que da cuenta de una de las características de la “educación de calidad”.

Cuando se escucha a directivos y docentes hablar de cómo será la salida de la pandemia o cuando se leen las normativas generadas tanto a nivel nacional como jurisdiccional referidas a los próximos pasos inmediatos… en todos los casos se hace clara referencia a la necesidad de escuchar lo que se piensa desde cada institución educativa. En este tiempo, esto implica la escucha de la comunidad educativa y de sus actores principales. 

Imaginar que la escuela puede concebirse como un espacio en donde solo opinan los directivos de manera aislada e inconsulta, sería sin duda alguna “una vuelta atrás”. 

Lo mejor de lo que viene tiene que ver con reconocer que la escuela se ha potenciado con la riqueza de la participación de todes les que la conforman y que es con todes que se transformará en lo que la sociedad y les estudiantes y sus familias necesitan y esperan de ella. 

El compromiso de la Escuela con su territorio

Cuando la pandemia y las medidas de aislamiento impactaron de pleno en el Sistema Educativo, las escuelas debieron “hacer pie”  donde podían para, desde allí, comenzar a responder a una exigencia que, como vimos, era inédita para todes. 

Muy rápidamente fue posible advertir que, docentes y directivos, al principio muy aislados de sus autoridades distritales y jurisdiccionales, debían encontrar la mejor manera de inventar una metodología adecuada para la continuidad pedagógica de sus estudiantes. 

No fue tarea fácil. Al principio, por la sorpresa y la falta de preparación para el uso de las tecnologías digitales. Luego, por los problemas que comenzaban a aparecer, cada vez con menor disimulo y más agresivamente. 

Entonces fue posible advertir hasta dónde el conocimiento y el compromiso de las escuelas con su propio territorio se iba volviendo más y más fundamental. En muchos sentidos. Aquellas escuelas que conocían mejor su realidad circundante, que tenían mejores vínculos con diferentes organizaciones sociales y con las instituciones de su territorio, contaban con más herramientas y recursos para dar respuestas a les estudiantes que no llegaban a contactar. 

Hubo articulaciones con los municipios para mejorar la provisión de alimentos, para multiplicar las guías escolares, para garantizar una mejor atención a las cuestiones sanitarias y a los protocolos que se iban diseñando. 

Hubo trabajo conjunto con movimientos y organizaciones sociales que permitieron llegar a donde la escuela por sus propios medios no lograba hacerlo.  

Por otra parte, algunas escuelas fueron seleccionadas como centros de atención a la propia comunidad, realizándose allí hisopados o, hasta en algunos casos, dando lugar a espacios de aislamiento para personas que no podían garantizarlo en sus hogares, habiendo tenido contactos estrechos o síntomas de contagio.  Escuelas de formación técnico profesional comenzaron a producir material sanitario (máscaras, barbijos, camisolines…) para proveer a centros de salud y trabajadores esenciales durante los momentos más duros de la pandemia. 

Pero, además de estas cuestiones tan importantes, hay un aspecto que quisiéramos subrayar con mucha intensidad: la virtualidad permitió otra aproximación a la realidad familiar de muchísimos estudiantes. De pronto, a través de innumerables pantallitas virtuales, docentes y directivos entraban a los hogares de sus estudiantes y tenían conocimiento directo de sus condiciones reales para la educabilidad, sus potencialidades y, aún más, sus limitaciones.

Las escuelas se “abrieron” de manera abrumadora a esta realidad personal de les estudiantes y no pocos docentes comentaron su sorpresa ante la percepción de diversas situaciones que no imaginaban ni cercanamente. Fue posible para muchos comprobar cómo juegan los prejuicios que suelen  sobrevolar los imaginarios pedagógicos. 

Todo esto puso en evidencia que también esta bandera de la transformación supondrá nuevos desafíos en el tiempo que se viene.  

Muchas escuelas descubrieron claramente una nueva forma de vincularse positivamente con su entorno, conociendo y reconociendo la realidad en la que están inmersas, todo lo que tienen para aportarle a su comunidad y todo lo que su comunidad puede brindarle al proyecto educativo institucional. 

Seguramente, para pensar cómo revertir muchas situaciones no deseadas que el 2020 generó para el sistema educativo, el compromiso de las escuelas con su territorio resultará una clave indispensable a la hora de encontrar los mejores caminos posibles para lograrlo. 

Trabajo Docente en la Escuela Secundaria. El Cargo Docente. Fortalecimiento institucional de los equipos de la escuela. 

Finalmente, queremos hacer referencia a esta octava bandera para la transformación, en esta recorrida que nos ha hecho transitar por algunos de los  caminos que hemos recorrido  en este inolvidable ciclo lectivo 2020 y que nos proyecta al futuro. 

La necesidad de ir hacia una reconfiguración de la tarea docente hacia el formato de “cargo docente”, entendiendo por esto un compromiso mayor con la institución educativa que con la asignatura, una dedicación efectiva mayor en la escuela, tiempos específicos para el trabajo interdisciplinar y en equipo, y para el acompañamiento de las trayectorias educativas de les estudiantes… todo esto apareció como una gran necesidad irrenunciable en el tiempo del aislamiento y del trabajo desde la propia casa. 

Una las exigencias que más rápidamente fue reconocida por la mayoría de les docentes fue la de poder comenzar a pensar un trabajo interdisciplinar y articulado, que evitara que cada estudiante recibiera un conjunto desarticulado de guías y propuestas de trabajo, con lógicas distintas, por medios virtuales diferentes y con lenguajes también divergentes.

En algunas jurisdicciones en donde ya se venía avanzando en este tipo de modificaciones fue sensiblemente más sencillo poder resolver varias de estas cuestiones. Al contrario, en donde los formatos eran más rígidos, los problemas se presentaban más complejos para su resolución.

El sistema educativo está por comenzar una nueva etapa en los próximos meses. No se puede saber aún a ciencia cierta cuál será situación que se deberá enfrentar. El gran deseo es que, al llegar a marzo del año próximo, la situación de la pandemia esté con un cierto nivel de control que permita la presencialidad en las escuelas. De todas maneras, aún en los casos en los que la pandemia no haya retornado a una segunda fase de expansión entre la población, como actualmente se está verificando en varios de los países más desarrollados, no parece posible que la esperada presencialidad tenga las mismas características que tuvo la que conocimos antes del comienzo de la pandemia. Lo más probable es que se imponga la necesidad de una cierta alternancia para permitir grupos menos numerosos de estudiantes en las aulas. 

Todas estas determinaciones sanitarias tendrán impacto en las decisiones pedagógicas y en la organización escolar. En cualquier caso, estas no podrán llevarse a cabo si no es con adaptaciones importantes de la tarea docente, sus responsabilidades y las modalidades para llevar a cabo las mismas. 

La idea de “cargo docente” va a aparecer como una necesidad, a nuestro juicio, insoslayable. No solo porque no creemos posible otra alternativa organizativa sino porque estamos convencidos de que es la mejor para estar en condiciones de responder a los nuevos encuadres requeridos.

Volvemos a la idea inicial de que se necesitan docentes que se sepan y se sientan parte de un proyecto educativo institucional, más que docentes “de asignaturas”, por más que puedan seguir siéndolo.  Estos docentes deben estar dispuestos al trabajo en equipo con otros docentes, a una planificación integrada, a una evaluación colectiva y a un trabajo areal diseñado y ejecutado en forma conjunta. 

Por otra parte, seguramente habrá que pensar, en cada institución, en docentes que deberán estar atentos a procesos de revinculación  y otros al acompañamiento específico de los procesos virtualizados que podrían continuar o tener lugar. 

Por supuesto, todo esto debe poder lograrse con el necesario cuidado por las condiciones y derechos laborales de los trabajadores, resolviendo con mucha atención las dificultades que pudieran suscitarse al respecto. 

Habrá que considerar seriamente la incorporación de Equipos Institucionales que cumplan roles de acompañamiento a las trayectorias educativas de les estudiantes. 

Al mismo tiempo, se requerirá acompañar estos procesos con proyectos de capacitación docente, tanto colectivos como en servicio, que brinden herramientas para que les docentes y directivos puedan adaptarse a estos nuevos formatos y propósitos que la nueva normalidad va a exigirnos. 

Concluyendo…

El recorrido que acabamos de hacer nos permite confirmar que las “8 banderas para la transformación” de la escuela secundaria tendrán una gran vigencia en el período que está por comenzar. Pero, más allá de esta cuestión, lo más importante es ratificar nuestra convicción respecto de la necesidad de que la transformación de la escuela secundaria sea una prioridad de la etapa que comienza. 

Muchos piensan que la desvinculación que hemos sufrido entre miles de estudiantes y sus escuelas, hubiera sido mucho menor si este proceso de transformación se hubiera encarado con mayor convicción, compromiso y recursos desde años atrás. 

En todo caso, ya no estamos ante una “oportunidad”. Se trata de una “urgencia” a la que no se puede hacer oídos sordos y mirar para otro lado. Si la escuela secundaria no se transforma, el futuro mismo de la educación formal de nuestro país estará inevitablemente herido y el derecho a la educación posiblemente no pueda garantizarse efectivamente para la mayoría de nuestro pueblo. 

Las consecuencias serán demasiado lamentables en perspectiva del proyecto futuro de nuestra patria/matria. 

La pandemia ha acelerado los tiempos.  

Nos queda verlo y actuar. 

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  1. Quiero agradecer a Gabriela Lerzo, Mariela Bialy y Facundo Pajón por la lectura, comentarios y sus importantes aportes a este texto que hoy pongo a consideración de todes.
    Y también reconocer a tantos docentes, estudiantes y miembros de la comunidad educativa que se encontrarán a sí mismos en estos párrafos, por todo lo compartido y aprendido de cada uno de elles a lo largo de este extenso tiempo de pandemia (diciembre de 2020). 

La vuelta a las clases presenciales

Durante estos 8 meses de aislamiento social (ASPO) y/o de distanciamiento social (DISPO), en diferentes territorios del país, a causa de la pandemia que estamos viviendo, escribí distintas reflexiones y posicionamientos, a la luz de los acontecimientos que iban desarrollándose.

Más de un millón de personas contagiadas y miles de personas fallecidas son el trágico saldo de esta terrible enfermedad que nos sigue teniendo en vilo. 

La sensación generalizada es que se nos hace muy difícil soportar este aislamiento, tanto desde lo emocional como desde lo económico. Claro que al virus esto no le importa en lo más mínimo. Y se toma su tiempo y su presencia  entre nosotrxs no deja de contagiarnos. En este momento, a razón de alrededor 10.000 personas por día. Un poco menos que los 15.000 a los que llegamos en lo que fue el posible “pico” de esta pandemia.  Aunque, siendo estrictos, nadie puede aún asegurar que ese haya sido el guarismo más alto de contagios que sufriremos en nuestro país hasta que pase la pesadilla.

Mientras tanto, la situación educativa de nuestro sistema se fue agravando día a día. Hoy ya son muchxs menos lxs estudiantes que están “conectados” y que responden a las tareas y propuestas que sus docentes les hacen llegar, como pueden. 

También les docentes están muy cansados. Es que la tarea docente no se ha interrumpido y la mayoría de les docentes ha hecho un esfuerzo gigantesco para sostener la “continuidad pedagógica”. Lamentablemente, no fueron TODOS les docentes quienes obraron ejemplarmente. Algunos no lo hicieron. O bien porque la virtualidad les costaba muchísimo, porque no estaban preparados para esta tarea o porque no quisieron hacerlo. Sin embargo, la mayoría sí estuvo en las trincheras virtuales poniendo todo de sí. Los resultados son loables desde el esfuerzo pero menos satisfactorios desde la situación educativa de les estudiantes. Es necesario recordarnos una  y otra vez, que estamos hablando de una situación de pandemia, que nos impuso durísimas condiciones de vida, mucho más allá de lo económico que, de por sí, ya fue bastante devastador, sobre todo, para la gran mayoría de les estudiantes de las escuelas públicas. 

En este contexto, quiero compartir con ustedes sobre todo dos reflexiones y, si me permiten, también llamadas de atención. 

En primer lugar, quiero expresar claramente mi incomprensión del por qué se ha puesto tanta presión en estas últimas dos semanas en “volver a la presencialidad en las escuelas”.  Realmente me parece que no tiene sentido ninguno, desde lo pedagógico y educativo, esta situación que se quiere forzar. 

A muy pocos días del final del curso lectivo, pretender que les estudiantes vuelvan a clases en las escuelas, dos o tres horas, cada 15 días… me parece que no es para nada significativo y, más bien, aumenta la confusión de todxs los que participan activamente del sistema educativo. Por otra parte, genera más presión sobre les docentes que, además de sostener la virtualidad para finalizar el año, tienen que ir a las escuelas para “dar clases” en condiciones muy confusas y poco eficaces, teniendo en cuenta lo que los protocolos exigen. 

Conversando con docentes de muchas provincias del país, me han dicho que, en sus jurisdicciones, “nadie piensa en volver este año”… Eso, en este contexto, me parece lo más sensato. Tanto desde el punto de vista del cuidado de la salud, como de la continuidad pedagógica. Como ya lo he escrito  hace unas semanas, la propuesta del ATR de provincia de Buenos Aires, me parece una muy buena alternativa para buscar alguna forma de revinculación de les estudiantes con quienes se ha perdido contacto. Obviamente, no para volverlos a una “presencialidad” que hoy no tiene mucho sentido… Algunas otras jurisdicciones están diseñando propuestas similares.

La segunda reflexión tiene que ver con “el futuro” educativo de medio o de largo plazo.  

Todxs tenemos muchas expectativas, más allá de los sectores muy minoritarios aunque ruidosos que se oponen, en que entre diciembre y febrero, se haya vacunado una parte muy importante de nuestra población. De momento, es un gran deseo, apoyado en convenios que nuestro gobierno ha ido firmando con los principales laboratorios y sus respectivos países. Lo cierto es que aún no están las vacunas aprobadas por la OMS, aunque suponemos que se superará satisfactoriamente la etapa de prueba. 

Si esto fuera así, en febrero o marzo del año próximo podríamos estar volviendo a abrir las escuelas y recibir a nuestrxs estudiantes. 

En esa posibilidad, deberíamos plantearnos diferentes escenarios posibles y actuar en consecuencia. ¿Cuáles son los que yo estoy imaginando?

Básicamente, dos posibles: Que se retomen las clases presenciales más o menos como las conocemos. O que esto no sea posible (por diversos motivos).

Analicemos esta última posibilidad. 

Las clases pueden no retomarse presencialmente porque, al comenzar el otoño y más allá de las vacunas, los casos vuelvan a crecer y no sea recomendable retomar la presencia colectiva en las aulas. En ese caso, puede que no se retome inmediatamente la presencialidad o que se decida ir a un formato de “burbujas” con reducido número de estudiantes, que se alternen en las aulas. Si esto sucede, deberíamos poder comenzar el ciclo lectivo, con propuestas pedagógicas elaboradas, tanto para aquellxs estudiantes que tengan conectividad, como para aquellos que no la tienen y no la tendrán en un tiempo breve o medio. . 

Por ello, es fundamental que, ante esta posibilidad, tanto desde los equipos jurisdiccionales como desde los docentes, se diseñen materiales y propuestas pensadas para quienes se continuarán conectando virtualmente, como para quienes no lo contarán con los medios necesarios para ello. 

No podemos permitirnos comenzar el año próximo sin estas propuestas elaboradas y preparadas. No nos podemos dar el permiso de la improvisación. Por supuesto, no estaremos en la misma situación que nos sorprendió al comenzar el ciclo lectivo 2020. Tenemos la obligación de prever estos escenarios y actuar en consecuencia. Y, desde ahora, tenemos por delante 5 meses para ello. 

Analicemos ahora la primera alternativa: Que puedan retomarse las clases presenciales al comenzar el año 2021. 

Por una parte, ya sabemos que, al menos los primeros meses, los necesitaremos para completar aquellas cosas fundamentales que no fueron posibles alcanzar en el año que estamos terminando. El “ciclo continuado” nos exigirá formatos pedagógicos especiales, que no están aún diseñados por completo. En algunos casos, para “recibir” a les estudiantes en un nuevo ciclo o nivel educativo, diferente al que este año estaban transitando. 

Por otra parte, aun en la presencialidad, tendremos que aprender a cuidarnos mucho más. El aseo en la escuela y de la escuela, y cierto distanciamiento será también recomendable. Todos hemos aprendido que, gracias a los cuidados preventivos del COVID, este año han habido muchas menos gripes y resfríos (y otras enfermedades) que las que estábamos acostumbrados a padecer… 

Por otra parte, es de esperar que hayamos aprendido nuevos formatos didácticos y propuestas pedagógicas y que no las abandonemos por completo en la presencialidad. Nuestrxs estudiantes tienen que continuar aprendiendo a “aprender” con formatos mixtos que combinen presencia cercana con trabajos virtuales. Todo lo que hemos desarrollado es fundamental que no lo perdamos, entre otras cosas, para estar preparados ante nuevas situaciones similares a las que hoy estamos padeciendo. 

Seguramente debamos fortalecer la perspectiva de la iniciativa personal de les estudiantes para los aprendizajes, procurar que sean menos dependientes y más autónomxs.

Será importante que construyamos metodologías mixtas (virtuales y presenciales) que nos permitan construir y fortalecer la grupalidad y el encuentro. Una nueva crisis no nos puede encontrar igualmente desprovistos de tecnologías y metodologías para mantener fuertes lazos comunicacionales.

También la escuela deberá reconfigurar su relación con las familias y las organizaciones sociales de la comunidad de pertenencia. Estas han jugado un rol fundamental en este tiempo (O no lo han podido hacer, con gravísimas consecuencias para las trayectorias de les estudiantes. ) La nueva etapa no nos puede llevar a ignorar todo este gran compromiso ciudadano para con la educación de nuestro pueblo. 

Desde cada escuela y desde el conjunto de la sociedad, también debe crecer una demanda ciudadana para garantizar el derecho a la conectividad  y a contar con equipos para poder estudiar. Hemos aprendido que era fundamental contar con esta posibilidad y que lo contrario implica profundizar la desigualdad de una manera que ya no se podrá tolerar. 

Por último, será fundamental trabajar en procesos de formación docente que permitan capacitar a todxs lxs educadores para estar preparados para responder a los requerimientos que venimos señalalando.   

Estoy convencido que es mucho más importante que estemos pensando en cómo comenzaremos el año 2021 que en forzar un retorno anticipado a clases presenciales en estos últimos 30 días del año educativo 2020. Se requiere una visión estratégica de futuro y actuar en consecuencia. No hacerlo sería, además de una gran mediocridad mental, un error político y pedagógico de gravísimas consecuencias. 

No pretendo que todxs coincidan con mi mirada y mis reflexiones. Pero al menos, espero poder discutirlas respetuosa y firmemente. Son miles y miles de trayectorias educativas estudiantiles las que están en juego. No debemos mirar para otro lado.  

Prof. Alberto Croce

Secretario Nacional
Campaña Argentina
Por el Derecho a la Educación (CADE)
noviembre 2020

Una historia para contar un 17 de octubre

17 de octubre.

Momento para pensar el peronismo en mi historia. O mi historia como peronista. 

Buceo en mi niñez.

Como en tantas familias de aquellas épocas, el peronismo estaba silenciado. Cuando se hablaba del peronismo o de Perón, se bajaba la voz, como para que no te escuchen, aunque estuviésemos solos. 

Siempre fue difícil para el Alberto niño, entender el  por qué esa actitud que sólo aparecía cuando se hablaba de Perón. 

Una parte de mi familia, la que estaba mejor económicamente, era totalmente gorila. Y se preciaba de ello. 

Pero en medio de aquella opacidad, en mi memoria también aparece ella : mi abuela Yolanda, “la Nonna”.

No recuerdo bien si fue ella o mi mamá, quien me contó que la Nonna, que vivía en el barrio de Núñez por entonces, escribía cartas para que otras mujeres del barrio pudieran llevar sus necesidades a la Fundación “Eva Perón”. Por supuesto, narrado en voz baja en mi familia. Pero no ocultado. 

Con el tiempo empecé a entender que allí había algún misterio que florecía desde lo profundo. MI abuela Yolanda escribía bien. Había podido estudiar… cosa que no estaba tan generalizado para las mujeres de su época. 

Por otra parte, en el barrio había corrido su fama de que ella podía escribirle cartas a las otras mujeres que no se animaban o sabían hacerlo, para que Evita las recibiera y las respondiera, con palabras  y con máquinas de coser, camas, juguetes para sus hijos, medicamentos, trabajo… 

Mi abuela estaba en contacto con aquellas mujeres pobres del barrio… 

El tiempo pasó y fui descubriendo a la “Nonna” como una mujer sensible, de fe, solidaria, simpática, divertida… profunda…

Cuando llegó a su edad anciana, cuando estaba ya enferma del corazón, no podía seguir viviendo sola. Yo vivía en la villa de Malaver-Villate, en mi casita villera… Fui a hablar con ella y le dije que tenía que elegir: Ir a un geriátrico o venirse a vivir conmigo. No lo dudó ni un momento: se vino al barrio. 

Yo vivía un poco como siempre viví, corriendo de un lado para otro. Ella estaba en mi casa y, todas las tardes, varios vecinos y vecinas (adultos y también niñxs) venían a mi casa a encontrarse y conversar con ella. Ella se deleitaba haciéndoles un cafecito (tan ricos como nunca más volví a probar.)
Y yo seguía sorprendiéndome de mi Nonna.
Cuando enfermó más y ya no podía casi caminar, una familia muy querida, la familia de Susi Flores, me propuso llevarla a su casa para poderla cuidar mejor y que no estuviera tanto tiempo sola en mi casita.  (En los barrios, las casas no terminan en las puertas… sino el barrio es una especie de “casa grande”. )

Allí vivió hasta que voló al cielo. Murió en mi querido barrio Malaver-Villate !
Aquella abuela “peronista” moría en la villa en la que yo, su nieto discolo, había elegido para vivir.
Con ella entendí sin muchas palabras ni explicaciones, lo que era el peronismo. Sentirse pueblo, orgulloso de serlo, abrazando el proyecto de pueblo con sencillez, amor y convicción, no con rebuscadas razones intelectuales.
Con ella aprendí que el amor por los descamisados, los grasitas, es esto: “fundirse con el pueblo que es la única verdad”, como canté tantas veces.

Por eso, creo que puedo sentir desde el fondo de las tripas, que es el fondo de la historia, lo que expresa nuestro pueblo cuando levanta los dedos en V y grita: “Viva Perón, Carajo!”

Gracias Perón, Gracias Evita, Gracias Néstor, Gracias Cristina,
Gracias, querida Nonna !

Reflexionando sobre la resolución 370/20 del Consejo Federal de Educación

El jueves 8 de octubre, luego de intensos momentos de intercambio y exposición de diferentes posicionamientos y situaciones, el plenario del Consejo Federal de Educación aprobó la resolución 370/2020 que se refiere a los “CRITERIOS EPIDEMIOLÓGICOS PARA ESTABLECER LA REANUDACIÓN DE ACTIVIDADES PRESENCIALES EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS”. Ante la consulta que recibí de muchxs compañerxs educadores comparto las siguientes consideraciones: 

Ante la gravedad de la situación que estamos atravesando en estos momentos, con la pandemia extendida por todo el país y con niveles muy altos de contagios y fallecimientos, la cuestión está extremadamente delicada.(Mientras escribo estas líneas, Argentina supera su propio record de fallecimientos superando los 500 diarios).

La presión mediática y no pocos intereses muy poderosos, insisten en la urgencia de abrir las escuelas a la presencialidad, en momentos en los que esta decisión implica riesgos inmensos para les estudiantes, les docentes y las familias de todes elles.

En términos generales, como expresé en la reunión del Consejo Nacional de la Calidad de Educación, me parece que la resolución acordada es un paso muy importante para lograr gestionar mejor este momento tan crítico. Definir niveles epidemiológicos con indicadores claros y objetivos permite tomar mejores decisiones, sin lugar a dudas. 

Creo que si se es estricto con la interpretación de la misma, estamos muy lejos de poder retomar la actividad presencial en las escuelas como muchos desearíamos por el bien de la escuela misma. 

Entiendo que los puntos más delicados de la resolución tienen que ver con lo que se denomina el nivel de “riesgo mediano” (semáforo amarillo). Más allá de los indicadores, para muchxs ese riesgo mediano implica aún importantes riesgos para estudiantes y docentes. Quizás allí está la mayor dificultad de esta herramienta. 

Yendo al texto mismo de la resolución, se propone “organizar actividades educativas no escolares” en las área de nivel de “riesgo medio”. Es importante que reconozcamos que estas actividades, como se ha afirmado claramente desde el Ministerio de Educación de la Nación, “no son la escuela”. Podrían ser asimiladas a un  “centro de día” o un “club juvenil”. Están pensadas como actividades de “revinculación”. No creo que lo sean técnicamente hablando. Se logrará quizás desarrollar algunas acciones con adolescentes o niñes. Las autoridades jurisdiccionales deberán preguntarse si tendrá sentido exponer a estos niñes y adolescentes, y consecuentemente a sus familias,  al riesgo de contagios, para realizar este tipo de actividades recreativas. 

La resolución también propone “Poner en funcionamiento las instituciones educativas con presencia de equipos directivos y docentes, y no docentes cuya asistencia no requiera traslados interurbanos”.

Como señalé en la reunión del Consejo Nacional de Calidad Educativa, la expresión no es la más feliz. Como el mismo Ministerio de Educación ha señalado en todas las oportunidades en las que tuvo posibilidad de expresarse, las escuelas han estado y están en funcionamiento permanente aún en medio del aislamiento más estricto. El Sistema Educativo no ha detenido sus actividades y, en general, la mayoría de les docentes ha trabajado aún más que durante el tiempo de presencialidad. Esto es importante subrayarlo porque algunos sectores sociales, lo han puesto en duda y siguen afirmando que en realidad, cuando les docentes cuestionan el regreso a la presencialidad es porque “no quieren trabajar”. Rechazamos de plano estas afirmaciones y nos solidarizamos con cada uno de les docentes que están poniendo todo de sí por sostener y garantizar el derecho a la educación de nuestro pueblo en medio de la pandemia. 

             Que les docentes vayan a las escuelas presencialmente en el nivel de “riesgo medio” tiene otros aspectos a los que se deberá prestar mucha atención. Si les docentes van a las escuelas, en donde no tienen en muchos casos la conectividad necesaria ni los equipos o dispositivos requeridos, no podrán acompañar en esos horarios la continuidad pedagógica de les estudiantes que han podido mantener el vínculo con las escuelas. O deberán hacerlo en otros momentos personales, multiplicando así su horario de trabajo. Es una cuestión que hay que pensar con mucho cuidado para no agravar los problemas que ya tenemos.

Por otra parte, sugiero pensar la posibilidad de que las instituciones educativas dediquen una o dos semanas, con suspensión de clases, para que les docentes que puedan concurrir a las escuelas -y los que no lo hagan de manera remota- planifiquen y diseñen en conjunto el formato de educación dual o mixta que se requerirá en los próximos meses, acordando los mecanismos para el diseño del curso ciclado que se ha aprobado en resoluciones anteriores del mismo Consejo Federal, adecuando mecanismos de promoción, transición, compensación y continuidad de las trayectorias educativas. Es un trabajo que, institucionalmente, solo se ha hecho en pocas jurisdicciones y puede ser muy positivo extenderlo a todo el país. 

Quizás después de este diseño participativo y colectivo, la presencialidad  de les docentes en las escuelas pueda ser de un día a la semana para garantizar luego el trabajo de acompañamiento a las trayectorias escolares y a la continuidad pedagógica de les estudiantes a cargo. Por supuesto que, como señala la misma resolución, todas estas decisiones están a cargo de las diferentes jurisdicciones teniendo en cuenta su propia situación epidemiológica, las prioridades de sus  políticas educativas provinciales, sus recursos y posibilidades. 

Como siempre afirma nuestro ministro de Educación Nicollás Trotta , en la pandemia vamos aprendiendo entre todxs día a día, y hay que ir dando los pasos en el momento en el que es posible darlos, priorizando el cuidado de la vida de toda la comunidad educativa.

 Esta resolución supone un paso importante en un camino que aún es muy complejo e inevitablemente incierto. Nos toca seguir caminando. Cuidando la vida, comprometidos con la educación. 

Alberto Croce
Secretario Nacional de  la CADE

EL PROGRAMA ATR: Nuestras primeras impresiones

            Ayer se presentó en la Provincia de Buenos Aires el programa ATR (Acompañamiento a las  Trayectorias y a la Revinculación).   

          Quisiéramos compartir algunas primeras impresiones referidas a esta importante iniciativa ya que está íntimamente relacionada con todas las cuestiones que venimos trabajando desde hace meses y van al corazón de la problemática que nos ocupa y  nos desvela cotidianamente, aún estando “en casa” pero trabajando duro “desde casa” por estos temas. 

              Lo primero es expresar nuestra satisfacción por el enfoque que la provincia de Buenos Aires da al tema de manera muy concretamente en estos tiempos tan complejos y delicados. 

Hay varios aspectos que deben ser debidamente resaltados. 

  1. La problemática de les estudiantes que están desvinculados y los que tienen baja intensidad de vínculo es muy importante – grave, deberíamos decir– y es necesario abordarla con programas y acciones concretas y contundentes. La Provincia de Buenos Aires está tomando el tema y dándole el máximo nivel de importancia. (El programa fue presentado en un acto público en donde la Dra. Gral. de Escuelas estuvo acompañada por el Gobernador y el Ministro de Educación de la Nación.)
  2. El programa ATR implica responder en prácticas y acciones concretas a las directivas que se aprobaron en el Consejo Federal de Educación respecto de las modalidades para “Volver a las Escuelas”. Es muy importante que esos lineamientos, necesariamente generales, se expresen en decisiones muy concretas y específicas que pongan en evidencia que aquellas decisiones y recomendaciones no son enunciados declamativos generales.  
  3.  Subrayamos y aplaudimos la decisión de que la “revinculación” no sea para después o para “cuando se vuelva”. Venimos diciendo en todos los foros que podemos que la revinculación debe comenzar ahora. Fundamentalmente porque “estamos en clase”, hay ciclo escolar. Pero también es importante considerar que hay que trabajar la cuestión de las “nuevas regularidades” para que esa revinculación permita diferentes formatos de participación y re-pertenencia a la vida y dinámica escolar de estos tiempos.
  4. La opción que se ha elegido es la de “ir a las casas” de les estudiantes. Estamos convencidos de que es el camino que hay que seguir para fortalecer el vínculo o para revincular a les estudiantes. La escuela “en la calle” y les estudiantes “en sus casas” es la fómula para llegar hoy a estes niñes y adolescentes en este tiempo y contexto de aislamiento y/o distanciamiento social (según los distritos). Llegar y conectarse. Con todos los recaudos del caso. 
  5. Se busca hacer un acompañamiento muy personalizado (6 estudiantes por docente). Estamos convencidos que es una de las claves de esta iniciativa que va a comenzar en los próximos días. Esto requiere la “nominalización” de estos estudiantes y una fuerte articulación con cada escuela para saber quiénes son, dónde están y cuál es la situación de cada trayectoria educativa (hemos escrito bastante sobre esta cuestión en todo este tiempo.)
  6. La respuesta es muy creativa e ingeniosa respecto de quiénes serán les que irán a los hogares.  Fundamentalmente docentes suplentes que habían quedado fuera de funciones reales y que ahora serán re-convocados para llegar a las casas (Se menciona a más de 18.000 registrados en el PIEDAS).  Esto anticipa algo que también será importante en las próximas etapas. Será necesario “re-formatear” ciertas tareas docentes y formatos de cargos. Por supuesto, sin afectar el fondo de los derechos laborales, pero seguramente generando nuevas tareas y modalidades de desempeño, como por ejemplo, esta que ahora se ha pensado.
  7. La participación de les estudiantes de 3° y 4° año de los profesorados también creo que es una decisión muy positiva. Hay que mirarla desde el aspecto formativo y ese intenso contacto que tendrán les estudiantes terciarios con la realidad no debe “pasar de largo”: debe ser parte integrante de la experiencia de formación docente de estes jóvenes que se preparan para ser futures maestros/as y profesores/as. 
  8. ATR se trata de un programa integral que abarca muchos aspectos que también son importantes (y que no comentaré aquí) pero que completan un escenario necesario para comprender las complejidades que el momento está posicionando. Aspectos que van desde lo sanitario, lo edilicio… hasta lo alimentario y tecnológico.
  9. Como cualquier política pública importante, requiere de presupuesto y financiamiento. Y así se anunció ayer. Nos congratulamos de que así sea y que esta decisión y estos montos se hagan públicos para poder luego ser monitoreados como corresponde. 

En lo que encontramos una discrepancia importante respecto de lo anunciado ayer, es de la gravedad cuantitativa de la desvinculación. Nos parece que el 10 % anunciado en la presentación -que igualmente implica un número altísimo de estudiantes (más de 200.000) – no es el número real de este momento del proceso. Antes del receso de invierno, coincidíamos con ese guarismo (nosotros hablábamos de un 10 a un 15% entonces). Ahora los números son mucho -MUCHO- más altos. Especialmente en los sectores más vulnerables y vulnerados por la pandemia y la crisis económica y social. Es importante decirlo porque las escuelas se van a encontrar con que serán necesarios más docentes si se desea sostener la ratio de acompañamiento 1X6 (¡que es una buena ratio!)

Por último, quisiéramos ofrecer algunas recomendaciones a tener en cuenta con el deseo de colaborar en este momento de lanzamiento de esta buena iniciativa.

  1. Será muy importante realizar un trabajo muy articulado entre estes docentes y les que trabajen en las escuelas. Dicho de otra manera, la escuela debe seguir siendo el núcleo generador de las propuestas pedagógicas que lleguen a las casas. Evitar que se cree un circuito paralelo y “desvinculado” de la escuela. Es un riesgo que debe evitarse.
  2. A les estudiantes habrá que llegar con materiales impresos que permitan el trabajo personal de les estudiantes en sus casas. Todes les docentes del sistema educativo provincial deben esmerarse en que esos materiales sean de la mejor calidad educativa posible, generando propuestas interesantes, integradoras en sus contenidos, que permitan aprendizajes activos y no tareas rutinarias y vacías. Este modelo (y los de educación “en casa por medios virtuales”) poco a poco deben ir mejorando sustancialmente y aprendiendo entre todes les docentes cuáles son los mejores formatos pedadógico-didácticos.
  3.  Como señalamos más arriba, los equipos directivos y los inspectores, deberán estar muy atentos a las cantidades efectivas de estudiantes desvinculados o vinculados con muy baja intensidad. Seguramente habrá que reconfigurar las primeras previsiones. 
  4. También nos parece importante recomendar que se aprovechen los otros programas que están en marcha en los territorios. Programas que pueden ser también provinciales o hasta municipales. Por ejemplo, el “Asistiré”. Será necesario, a nivel de las regiones y distritos generar fuertes espacios de articulación de recursos y compromisos existentes.
  5. Al anunciar el programa, la Dra. Gral. de Escuelas anunció que este esfuerzo es de toda la comunidad. Quisiéramos señalar que debería tenerse formalmente en cuenta la participación de los centros de estudiantes, de las cooperadoras escolares y de las organizaciones y movimientos sociales comprometidos con la educación en toda la provincia. Imaginamos, por ejemplo, a esos docentes que van a los hogares, muchas veces acompañados por integrantes de las cooperadoras o por estudiantes comprometides de las mismas escuelas. En este último caso, también ayudando -virtualmente- a sus compañeres desvinculades a realizar las propuestas educativas que les docentes hacen llegar a los hogares. 
  6. Será importante considerar las situaciones particulares de les estudiantes con distintas capacidades (como visual, de la comunidad sorda, intelectual, motriz o de movilidad reducida). Se requieren materiales adaptados que les permitan acceder a los contenidos y a la participación efectiva en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y, para ello, escuchar a las organizaciones que los representan para tener en cuenta sus particulares necesidades.
  7. Finalmente, como ya dijimos más arriba, invitamos a les formadores de los Institutos Superiores de Formación Docente, a aprovechar pedagógicamente las experiencias de acompañamiento a las trayectorias que hagan les estudiantes terciarios en el marco del ATR. Es una oportunidad excelente para que puedan reflexionar sobre esta práctica maravillosa que están por realizar y que podrá constituirse en un “antes y un después” en su formación como docentes si  es integrada a la misma convenientemente.
  8. Alentamos asimismo a que, desde el principio, se prevean mecanismos de registro y sistematización de toda esta experiencia que permitirá aprender muchas cosas acerca de nuestras prácticas educativas, la formación docente, la vinculación entre la escuela y la comunidad, el acompañamiento de las trayectorias educativas, las modalidades “híbridas” de enseñanza aprendizaje, los contenidos curriculares realmente relevantes, los formatos de evaluación y certificación de aprendizajes…

El Programa de Acompañamiento a las Trayectorias y a la Revinculación comienza a rodar. Habrá que ir viendo cómo va resultando y cómo va corrigiendo su andar. Porque seguramente, en el camino se vayan aprendiendo muchas cosas y se vea la necesidad de ajustar otras. Pero vale la pena, sin duda. 

              La Provincia de Buenos Aires ha puesto una “vara alta”. Ojalá pronto veamos a otras jurisdicciones transitando por caminos similares. Sabemos que varias están diseñando procesos en direcciones similares. Es auspicioso. Pero falta mucho. 

             Por último, aplaudimos la elección del nombre. También eso fue sorpresivo e ingenioso. Después de todo, lo valioso, no tiene por qué ser tan acartonado.  

                                                    ¡ Vamos con el ATR !

                                                                                                                   

      Prof. Alberto Croce
      Director de Fundación VOZ
     Integrante del Consejo Nacional de
     Calidad de la Educación

La “nueva escuela” en la pandemia

“O inventamos o erramos”
Simón Rodríguez

¿Habrá llegado el momento de pensar seriamente en un formato de escuela pública perdurable que sea además “dual” respecto de la presencialidad y el distanciamiento? 

¿Será realmente posible, aún cuando contemos con la vacuna, volver al mismo formato de escuela que conocimos hasta antes de esta terrible pandemia que mantiene al mundo en vilo y que no le da tregua? Además, si fuera posible, ¿sería lo deseable? ¿No deberíamos estar mejor preparados para situaciones que pudieran repetirse en el futuro?

¿Y cómo imaginamos esa escuela que se hace necesaria para estos tiempos, en los que aún no se puede resolver la crisis sanitaria que atravesamos?

De un tiempo de excepcionalidad a un tiempo de incertidumbre

Cuando el COVID 19 se transformó en pandemia, esparciéndose bastante rápidamente desde Asia a Europa y, luego a América Latina, India, Rusia… todos pensábamos que estábamos enfrentando un tiempo que tendría características excepcionales pero que duraría dos o tres meses a lo sumo. En ese período, era claramente recomendable suspender las clases y hacer coincidir estos tiempos con períodos de receso escolar. En el hemisferio sur, con recesos de invierno y en el norte, con cambios de año lectivo. Aunque esta suspensión afectaría los planes originales, no se creía que iba a tener consecuencias demasiado profundas.

La pandemia, sin embargo, no sólo se instaló entre nosotros sino que viene presentando características que tiene desconcertada a la misma comunidad científica. Después de casi 8 meses, cuando por una parte se avizora no tan lejanamente la posibilidad de contar con varias vacunas, en realidad aún no sabemos con certeza ni siquiera si los que se han curado, generan los anticuerpos para no volverse a enfermar ni cuánto duran, en caso de haberlos generado.

Aquel período más o menos breve que inicialmente imaginamos con cuarentenas, aislamientos y clases presenciales suspendidas, se está prolongando y no tenemos ninguna claridad sobre su extensión. El futuro, en muchos aspectos, y también en el pedagógico, puede ser definido como un tiempo de incertidumbre

Esto comenzó a impactar fuertemente sobre nuestro sistema educativo. 

La excepcionalidad permitía ser ciertamente comprensivo sobre muchas cuestiones vinculadas a las posibilidades reales de enseñar, aprender y convivir en esa institución que muchos comenzaron a re-descubrir, re-significar y re-valorar: La escuela 

Ya hemos escrito durante estos meses sobre los debates que se produjeron alrededor de qué era lo que había que enseñar, cómo hacerlo, qué había que evaluar del proceso educativo y cómo podrían les estudiantes promocionar sus atribuladas trayectorias. 

Mayoritariamente, el sistema educativo anunció que iba a priorizar el sostenimiento de los contactos de les estudiantes con la escuela e iba a procurar que los mismos tuvieran en lo posible carácter de “vinculos pedagógicos”. Pero a su vez, reconocía que lo central era no perder la relación con les estudiantes. 

El resultado tuvo aristas dispares.

Por una parte, se valoró y reconoció una gran capacidad en una estructura tan grande como el Sistema Educativo, para generar modelos de funcionamiento totalmente desconocidos hasta el momento. Esto le permitió continuar el contacto con un porcentaje mayoritario de estudiantes. Según como se cuente, el 90%, el 70%  o el 50% del total de los inscriptos al empezar el año. De cualquier manera, miles  y miles de estudiantes, no pudieron mantener el vínculo deseado, algunos parcialmente y otros absolutamente. 

Algo similar sucedió con les docentes. La mayoría pudo encontrar vías de contacto con sus estudiantes, pero no todes. Han habido docentes que, por distintos motivos, también “desertaron” de sus responsabilidades o las cumplieron sin motivación ni resultado alguno.

Sin embargo, más allá de todos estos casos, lo realizado mayoritariamente en consideración de una situación excepcional, es valioso, destacable y positivo.

Pero, ahora nos hacemos esta pregunta: Si este tiempo se prolonga y la mayoría de les estudiantes no podrá volver a la presencialidad tal como la conocíamos, en lo que resta de este año, casi seguro, y, quién sabe, durante buena parte del próximo ciclo lectivo… ¿cómo nos preparamos para responder a esta situación de miles y miles de estudiantes de nuestro país?

En el período que en Argentina denominamos ASPO (Aislamiento Social Preventivo Obligatorio), las distintas escuelas respondieron dando una propuesta educativa cada una a su manera y con el formato y metodología que pudo o quiso.  ¿Es este el modelo que imaginamos de aquí en adelante -y quién sabe hasta cuándo? ¿No deberíamos estar imaginando algunos formatos más o menos comunes y posibles entendiendo que hay situaciones diversas y, sobre todo desiguales, pero que el derecho a la educación debe ser garantizado para nuestres jóvenes?

El Consejo creado por el MInisterio de Educación para delinear un protocolo de vuelta a clases, señaló una serie de normativas, sobre todo relacionadas con las cuestiones de cuidado sanitario y protocolos de cuidado, que requieren de muchas precisiones pedagógicas que aún no están para nada resueltas. 

Se ha señalado por diversas vías la lógica preocupación por les estudiantes que están empezando o finalizando un nivel educativo. Es una cuestión central porque, además, impactará -y mucho- en la manera como comenzará el año lectivo próximo ya que posibilitará o impedirá la constitución de los primeros años de cada uno de los niveles educativos…   Pero este asunto no puede hacernos desconocer la situación del resto de les estudiantes que están en otros años del propio nivel o que lo han abandonado, y que son una  mayoría determinante. 

Es urgente pensar y diseñar un modelo de escuela -o varios- con los que se pueda responder a todos estos desafíos que tenemos, no en el futuro sino ahora. 

Ya no podemos entender lo que nos sucede como si fuera una “excepcionalidad”. Tenemos que arriesgar respuestas urgentes y eficaces.

La cuestión de la conectividad

 

Un asunto crucial es el que tiene que ver con la cuestión de la conectividad y de los dispositivos con que cuentan nuestres estudiantes y docentes para hacer frente a esta situación.

Sin duda estamos ante una situación compleja y de gravedad. Podríamos abundar en datos y estadísticas, que se han producido en estos dos últimos meses y particularmente nos hemos detenido a leer con suma atención. 

Solo haremos referencia a un dato muy concreto: en nuestro país hay unos 7.000.000 de hogares en donde al menos un miembro está cursando algún año de la educación obligatoria. La mitad de esos hogares NO TIENE una computadora para uso educativo. 

Por supuesto que esta es otra manera de reconocer la profunda desigualdad que podemos encontrar en nuestra sociedad. Es sumamente urgente preguntarnos cómo podemos encarar una nueva escuela como la que se requiere con estos pisos de desigualdad tan profundos.  Si la nueva escuela que imaginamos requiere necesariamente que les estudiantes tengan equipamientos y conectividad para poder aprender, esto requiere urgente resolución de manera indiscutible. Poco a poco, esta mirada está llevando a la sociedad a reconocer a la conectividad como uno de los derechos a los que todes debemos tener acceso y el Estado la responsabilidad de garantizarlo.

Sin embargo hay otras cuestiones que también tenemos que pensar, porque las posibilidades de conectividad no son más que un soporte de posibles soluciones, pero no garantizan en absoluto los logros que el sistema educativo se propone alcanzar. 

Queremos reflexionar sobre algunas otras dimensiones que se requieren identificar y atender, para lograr avanzar de manera concreta en esta nueva escuela de la que se habla ya en muchos espacios pero en forma muy dispersa y poco consistente.

 

Las nuevas regularidades

Hace muchos años, que en el Sistema Educativo venimos hablando de Trayectorias Educativas de les estudiantes. Esta perspectiva lleva a considerar a cada une de elles como alguien especial, único y depositario del derecho a aprender. Esta consideración “individual” no busca fortalecer ni el individualismo ni la meritocracia. Lo que se propone es reconocer a la persona en su dimensión histórica, territorial y sociocultural que le confiere características propias. 

En la escuela, tal como la conocíamos, hablábamos de un “alumno regular” para referirnos al que podía ser considerado parte de una institución educativa.

Ese “alumno regular” cubría ciertas condiciones y debía cumplir con determinadas exigencias. La regularidad, se podía perder por diversos motivos. Uno de ellos es el de las inasistencias reiteradas y numerosas. Otro, el de la no promoción de una cantidad de asignaturas obligatorias. A esto se le podían sumar cuestiones disciplinarias cuyas sanciones derivaran en suspensiones y, hasta, en la expulsión. 

En este tiempo excepcional, todo debió ser revisado. Hasta tal punto que les estudiantes no tuvieron más registros de asistencia, de puntualidad de ingreso, de permisos para “salir” del establecimiento educativo… ni tampoco aprobación de asignaturas o promoción de las mismas.  Sin embargo, las escuelas no dejaron de considerarlos como estudiantes de su institución. Algo muy profundo sucedió, aún sin toda la conciencia de lo que estaba ocurriendo.

La nueva escuela que debe crearse, requiere encontrar “nuevas regularidades”. Esto no está definido ni es sentido común en todo el funcionamiento actual del sistema educativo. 

Es necesario para esto mirar con mucha atención lo que ha venido ocurriendo. En escuelas con muy buena conectividad y equipamiento, de docentes y estudiantes, y en otras con estas condiciones muy debilitadas y hasta inexistentes. 

Se han hecho distinto tipo de experiencias con plataformas como classroom, ednovo, y otras generadas por las mismas escuelas. Se trabajó con grupos de whatsapp, espacios virtuales como zoom, meet… , se utilizó el teléfono, cuadernillos provinciales o nacionales, producción audiovisual en la televisión o la radio, guías elaboradas por les mismes docentes… Hay mucha descripción y poca evaluación de cómo ha funcionado todo este conjunto de recursos, respecto a los logros efectivos en la experiencia pedagógica.

Urge comenzar a pensar muy seriamente en la escuela de la que deben participar nuestres jóvenes y niñes. El primer paso, muy necesario a nuestro entender, es compartir más ampliamente qué se está haciendo y qué está dando resultados efectivos, considerando las profundas desigualdades existentes en nuestro sistema educativo.

 

¿Es posible pensar en la construcción de estos nuevos modelos? 

Mientras algunes especialistas consideran sumamente complejo avanzar en este sentido, les docentes que están en las escuelas, junto con sus equipos directivos, necesitan pensarlo e implementarlo. Porque no se puede transformar la escuela en un conjunto de guías de temas curriculares diversos y desconectados entre sí, que les estudiantes reciben cuándo pueden y contestan cuando quieren, si es que tienen medios de conectividad apropiados. 

La escuela “dual”, de la que algunos hablan, no puede transformarse en una maquinaria de transmisión de contenidos virtualmente recibidos. 

Eso no es la escuela y ni les estudiantes ni les docentes soportan -ni soportarán mucho tiempo más- un formato semejante. 

Estamos encontrándonos con muches estudiantes y  docentes muy angustiados y frustrados, que están abandonando sus responsabilidades, hablan del “año perdido” y suponen que podrán recomenzar el próximo ciclo de otra manera. ¿Pero esto será posible? ¿No podríamos estar ante daños muy difíciles de reparar si claudicamos de esa manera?

Tantos pedagogos y educadores habríamos fracasado rotundamente si no podemos darle la vuelta a la cuestión y crear y recrear una escuela en donde la presencialidad de les docentes se combine mejor con espacios de educación en otros ámbitos (además de los hogares), producción colectiva, investigación, encuentros personales (presenciales y virtuales), formación en valores ciudadanos y participación en la vida de la propia comunidad, se puedan volver reunir en una experiencia pedagógica que conforme nuevos trayectos educativos. 

Pero tenemos que animarnos a pensarla – con y sin toda la conectividad que quisiéramos y por la que seguiremos exigiendo.

Nos resulta tan curioso como maravilloso que del corazón de América Latina, debamos ir nuevamente a encontrarnos con el gran Simón Rodríguez, maestro del libertador Bolívar, que afirmaba hace ya más de 150 años 

“¿Dónde iremos a buscar modelos? La América es original. Original han de ser sus Instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos.”

Inventamos o erramos. Esa es la disyuntiva. Tenemos que animarnos a inventar. Pero no de la nada. Tenemos que conocer qué están haciendo nuestras escuelas y cómo hay que resolver el desafío.

 

Una hoja de ruta para mirar

 Para acercarnos a mirar lo que se está haciendo en los territorios es muy aconsejable hacerlo con alguna “hoja de ruta” que nos permita enfocar bien la mirada.

La escuela, como un todo muy activo e intenso, no se puede entender sin comprender la complejidad que le otorgan, tanto les estudiantes, como sus docentes. 

Resultan demagógicos los discursos que pretenden centrarse solamente en les estudiantes, dejando a docentes de lado. Esos discursos desconocen la realidad escolar y no aportan prácticamente nada interesante a la cuestión que nos tiene ocupados.

Sin embargo, solo con un fin “ordenador” propongo que pensemos por un momento la escuela posible, a partir de hacernos algunas preguntas respecto de les estudiantes.

¿En la escuela que inventemos, será necesario que les estudiantes tengan “horarios”? ¿Entendemos que puede ser conveniente para ellos ocuparse escolarmente en horarios específicos? ¿Las escuelas duales deberían funcionar en dos turnos? ¿O solo en uno? 

¿Les estudiantes, respecto de las asignaturas que cursarán, deberán formar parte de un “grupo clase” que cursa en simultáneo las mismas asignaturas? ¿Estos formatos deberán ser iguales para la educación inicial, la primaria, la secundaria? 

¿Trabajaremos por asignaturas o de manera interdisciplinaria mirando problemas, desarrollando proyectos? ¿Tendremos que revisar aún más profundamente y de fondo las cuestiones curriculares? ¿Desarrollaremos aún más que hasta ahora las capacidades para aprender, el pensamiento crítico, las habilidades para trabajar en equipo? ¿Les docentes podrán juntarse en equipo para acompañar a sus estudiantes que no estarán pasivamente todo el tiempo en las aulas para escucharles? ¿Lograremos finalmente que la evaluación no funcione como un recurso extorsivo sino como una motivación a continuar aprendiendo? ¿Seremos capaces de integrar todas las capacidades de nuestres estudiantes para generar trayectorias diferentes según estas teniendo en cuenta que hay distintas maneras de aprender?

¿Cómo han organizado estas cuestiones las escuelas en este tiempo de ASPO? ¿Cómo las están pensando para esta segunda parte del año?

Por lo que hemos podido conversar con muches directives en este tiempo, han habido experiencias muy diferentes. En algunos casos, sobre todo en el sector de escuelas de gestión privada pero no solamente, se buscó sostener los horarios de les estudiantes y “ocupar” con actividades educativas el tiempo en el que hubieran estado presencialmente en la escuela. Para esto se encontraron nuevas maneras de comunicarse y trabajar. Consultados estudiantes respecto de esta cuestión, muchos se sintieron muy exigidos y cansados.  Sin embargo, valoraban este recurso ordenador en un tiempo difícil como lo era el del ASPO más estricto. 

Esta manera de resolver el problema, si bien no fue aislada, tampoco fue mayoritaria.

La mayoría de les estudiantes, en cambio, debió adaptarse -cuando pudo ser posible- a los horarios de trabajo que les proponían sus docentes. Y luego, en tiempos que cada uno decidía, realizaba las tareas o investigaciones que les eran asignadas. Les docentes, por otra parte, tuvieron que cubrir las necesidades del propio hogar junto con las que provenían de su tarea profesional y sintieron una sobrecarga que no siempre pudieron resolver favorablemente, ya que no estaban dadas las condiciones mínimas para ello.  

Las experiencias llevadas adelante en estos meses fueron diferentes tanto desde sus formatos como desde su consistencia pedagógica. Todo es comprensible. Pero nosotros pensamos que estamos entrando en una etapa en donde deberemos pensar en propuestas más concretas y pedagógicamente también más sólidas, pensando en les estudiantes que han podido mantener el vínculo educativo con las escuelas, en les que apenas han sostenido algún vínculo e incluso, les que lo han perdido. Y también en les docentes con la multitud de situaciones a las que se deben atender con mucho cuidado, respeto pero también ingenio.

La discusión sobre si las escuelas deben o no abrirse pronto, total o parcialmente, es importante. Pero ese debate no puede anular la búsqueda de nuevas alternativas que respondan a la realidad a la que el sistema educativo necesariamente debe enfrentar pensando en la gran mayoría de sus estudiantes que, de ninguna manera, podrá retornar a la anterior normalidad… 

Hay muchas cuestiones que debemos animarnos a pensar, a revisar, a proponer. 

Es valiosa la diversidad de propuestas, pero no todas tienen el mismo valor pedagógico. 

La justicia educativa nos exige ofrecer a nuestres niñes que están en situación de desventaja, las mejores propuestas educativas para que la desigualdad no se continúe profundizando con tanta crueldad. El Sistema Educativo siempre se preció de ser una oportunidad para la igualdad y hoy está sucumbiendo a perder este valor que históricamente le reconocimos.

 

¿Con qué contamos para este desafío?

Por una parte, con aproximadamente 11.000.000 de estudiantes en todo el país. 

50.000 unidades educativas y 790.000 cargos docentes.

El 50% de estes estudiantes tiene condiciones aceptables de conectividad.

El 70% de les docentes también. 

Contamos con un Sistema Educativo organizado jurisdiccionalmente con equipos técnicos profesionales en las diferentes provincias, formados y capacitados en las diferentes universidades nacionales e institutos de formación docente diseminados por todo el país.

Contamos con un numeroso cuerpo de supervisores e inspectores que conocen las escuelas que tienen a cargo.

Contamos con la experiencia de equipos directivos, equipos de orientación, asesores pedagógicos, bibliotecarios… que conocen su realidad territorial y sus comunidades.

Con una ley de financiamiento educativo que exige que se invierta al menos el 6% del PBI en la educación y con un “esfuerzo educativo provincial” que lleva a que la inversión educativa que realizan las jurisdicciones destine del 17% al 38% de sus presupuestos a este fin.

Con todo esto, no podemos ni debemos aceptar una respuesta tibia ni mediocre. Cada une de los que tenemos responsabilidades o compromisos con la educación de nuestro país, debemos responder desde nuestras propias responsabilidades. Sin mirar para otro lado. 

Es cierto que hoy no podemos ir y habitar los edificios escolares. Y casi seguramente no lo podremos hacer por muchos meses por delante. Pero hemos aprendido que la escuela no son las paredes y los muebles. Son sobre todo las personas que se encuentran y crean el “acto educativo”, semilla básica de toda la educación. 

Por ello, tenemos que recrear el “encuentro” y reinventarlo para estos tiempos en los que tenemos que estar distanciados. Paradoja que nos exige el máximo de nuestra capacidad de imaginación pedagógica.  

No creemos que, aunque hayamos hecho mucho en todos estos meses, estemos haciendo lo mejor que podríamos hacer todes juntes para dar una mejor respuesta educativa para el tiempo que tenemos por delante. 

Debemos animarnos a “inventar” una escuela para estos tiempos. Y especialmente, una escuela que valga la pena, también para todes nuestres estudiantes que no cuentan con toda la tecnología que quisiéramos que tuvieran y que se les negó cuando se discontinuó el Plan “Conectar Igualdad”, que hoy hubiera sido fundamental para enfrentar mejor este momento.

Cada quien puede hacer algo en esta dirección.

Les docentes, pensar con sus compañeres cómo trabajar pedagógicamente en la generación de estas nuevas propuestas pedagógicas.

Les directives de las escuelas, coordinar estos trabajos, sistematizarlos, compartirlos con otras escuelas de sus distritos. 

Les inspectores, reunir a les directives para encontrar los nuevos formatos posibles y compartirlos con las escuelas y con las autoridades de las jurisdicciones.

Los funcionarios, estar atentos a lo que está sucediendo, animar y habilitar las innovaciones, ayudando en su valoración y aprendiendo de lo mejor que va aconteciendo.

Es realmente tarea de todes. 

Un desafío inmenso. Gigantesco. Imprescindible. 

 


Les escribo estas líneas desde la soledad de mi aislamiento personal, pero también desde la escucha atenta y dedicada a cientos de docentes y directivxs de muchas localidades de Argentina, desde Tierra del Fuego a Jujuy y desde Mendoza o Neuquén a lo profundo del AMBA.

Quisiera estar tan cerca de cada une de ustedes para dar esta lucha codo a codo y que no perdiéramos a ningún estudiante en el camino. 
¿Cómo animarlos a re-enamorarse por la escuela y compartirles lo que valoro su compromiso diario por llegar a los que es más difícil de llegar? ¿Cómo pedirles que no bajen los brazos cuando parece que lo que se hace es tan poco valorado?
Les pido que si, al leer estas líneas, encuentran que cosas de las que están haciendo pueden servir para pensar en lo que todes tenemos que hacer en las escuelas, me escriban y me las compartan. Quizás desde esta oficina sencilla e improvisada, pueda ayudar en algo a que aquello que todes juntes estamos haciendo por la educación de nuestra patria tenga más sentido y llegue más lejos. 

Les abrazo en el corazón.

 

Alberto Croce
Fundación VOZ
agosto de 2020

acroce.tls@gmail.com