Presencialidad y Derecho a la educación

Ya he manifestado públicamente mi adhesión a las medidas excepcionales que se establecieron por medio del Decreto 241/2021 -”Medidas Generales de Prevención”-, entre las que se encuentran la suspensión de las clases presenciales durante los siguientes 15 días. Pero deseo con estas reflexiones ir un poco más allá del escenario que dicho decreto plantea.

En momentos en que la sociedad argentina ha puesto la cuestión de la presencialidad educativa en el centro de los debates políticos y sociales, quisiera aportar algunas ideas y propuestas referidas a esta cuestión.

La presencialidad que hoy nos incumbe no es un asunto que pueda considerarse descontextualizadamente. Estamos hablando de la presencialidad educativa en tiempos de pandemia y, particularmente, en referencia a esta “segunda ola” que nos está afectando. En otros escritos hemos señalado que estamos viviendo, en el sistema educativo, un “ciclo de excepcionalidad” que debe entenderse como tal y que implica la toma de decisiones muy específicas que tendrán valor y continuidad mientras duren las condiciones que lo originan y que dejarán de ser necesarias al finalizar dicha etapa. 

Hay muchos aspectos a considerar y que deben ser tenidos en cuenta en una reflexión que intente aportar algunos elementos que puedan ser tenidos en cuenta en medio de una situación tan agitada y tensa.

En primer lugar, quisiera hacer algunas consideraciones que fundamentan las propuestas que presentaremos más adelante. 

  • El derecho a la educación de los ciudadanos no se garantiza sólo a través de la educación presencial. Esta es una de sus formas posibles, pero de ninguna manera es la única.
  • La escuela, como espacio educativo, siempre va más allá de lo que suceda en los momentos presenciales en donde la relación docente-estudiante y estudiante-estudiante se comprueba en forma física y en el mismo espacio y tiempo. 
  • Los tiempos presenciales dan al proceso de enseñanza y aprendizaje una calidad propia y absolutamente singular. Se pueden realizar otras actividades educativas no presenciales pero serán diferentes y aunque puedan ser pedagógicamente muy valiosas, no reemplazarán nunca la presencialidad. 
  • La inmensa mayoría de los docentes se han capacitado solo para la realización de actividades presenciales. Si bien la pandemia les exigió conocer y desarrollar nuevas habilidades didácticas, no todos pudieron desarrollarlas ni tuvieron los medios para hacerlo. 
  • Nuestro sistema educativo no está suficientemente preparado para desarrollarse en la virtualidad o en formatos híbridos. Estamos interpelados a lograrlo pero seguramente nos llevará años poder hacerlo. Tampoco lo están los edificios escolares, sus mobiliarios, las tecnologías disponibles ni los equipamientos. 
  • Aunque la Pandemia COVID 19 se haya extendido por más de  un año, debemos seguir considerando la situación como “inesperada y extraordinaria”. Su extensión en el tiempo no cambia esta caracterización porque la pandemia varía constantemente y se va manifestando de formas diferentes que no permiten que tengamos la impresión de conocerla o controlarla. 
  • Esto es particularmente importante respecto de las decisiones que vamos tomando en los diferentes campos para enfrentarla. La respuesta del sistema educativo no es una excepción. 
  • Cuando la pandemia comenzaba, la estrategia de aislarse por dos o tres semanas para parar todo contagio fue la que casi todos los países del mundo eligieron tomar, siguiendo las indicaciones de expertos y, particularmente de la Organización Mundial de la Salud. Dicha estrategia, buscando “frenar la expansión del virus”, fracasó y el virus igualmente se diseminó por todos los rincones del planeta.
  • Cuando prácticamente en todo el mundo  empezó lo que se denominó “circulación comunitaria”, las estrategias de cierres temporarios, toques de queda, suspensión de distinto tipo de actividades fueron las que los gobiernos buscaron instalar. La pandemia no evolucionó igual en todos los territorios por muy diferentes motivos. La diversidad de regiones climáticas, la manera de “exigir” a la población el cumplimiento de medidas de cuidado, la diferente disciplina social frente a las medidas de cuidado… produjeron despliegues diferentes del virus y sus nuevas cepas. 
  • Al mismo tiempo y en un período récord, los científicos del mundo desarrollaron 5 o 6 vacunas que lograron la aprobación de su fase 3 más o menos al año de que la pandemia fuera localizada en Wuhan. Son los laboratorios de las grandes potencias quienes lograron llegar al desarrollo de estas vacunas en una carrera contra el tiempo. EEUU, Inglaterra, Rusia y China son los países que hoy se distribuyen la producción de las vacunas que están llegando a los distintos países, en medio de una verdadera guerra comercial y geopolítica por las patentes, comercialización y distribución. El resultado es que la proporción de población vacunada en el planeta es mucho más reducida que lo esperado y las campañas de vacunación son mucho más lentas que lo que se necesitaría, además de reproducir las desigualdades que el sistema produjo con anterioridad pero que ahora no se detiene en profundizar.
  • En lo que concierne a lo que nos interesa destacar aquí, los docentes vacunados son pocos y su porcentaje de cobertura es muy desigual en las diferentes provincias del país. 
  • Para poder volver a la presencialidad luego del receso de verano, se acordaron una serie de protocolos que incluyeron, como una de las medidas más visibles y determinantes, la organización de los grupos de estudiantes en “grupos-burbujas” con presencialidad intermitente y con un formato híbrido de trabajo (presencial-virtual). En todas las jurisdicciones del país se adoptó, con sus características propias, este formato. En las primeras semanas del año, esos formatos escolares se fueron ajustando con el apoyo de directivos y supervisores, constatándose buenas experiencias educativas siguiendo los protocolos. 
  • Se ha afirmado, como un gran consenso educativo, que las escuelas son seguras cuando se siguen los protocolos previstos y que el nivel de contagios es casi ínfimo y que hay pruebas y evidencias que así lo sostienen. Escuchando lo que me han transmitido muchos directivos, cooperadoras, estudiantes, docentes… en este período, moderaría un poco dicha afirmación cuando la situación epidemiológica entra en una curva de aumentos fuera de control. 
  • En la mayoría del territorio nacional, el formato propuesto por los protocolos acordados dio aceptables resultados, considerando que estamos atravesando un “ciclo de excepcionalidad” particular. Estudiantes y docentes expresaron su satisfacción por poder volver a las aulas. Con todo, la experiencia ha sido muy desigual y despareja respecto a los resultados de enseñanza aprendizaje, aunque aún no fue posible contar con una sistematización adecuada de lo que estaba sucediendo en las aulas. 
  • Cuando la segunda ola comenzó a incrementar el nivel de contagios y afectar a franjas etáreas de edades más jóvenes, la situación en las escuelas fue variando rápidamente y en cuestión de días. Las estadísticas fueron quedando algo atrasadas por la celeridad del cambio de situación.  Numerosas burbujas comenzaron a aislarse, lo mismo que una importante cantidad de docentes y auxiliares. Esto complejizó la situación porque ya había muchos directivos exceptuados por ser grupos de riesgo o tener más de 60 años y, lamentablemente, sin haber podido ser vacunados. 
  • La “presencialidad” escolar en muchas escuelas comenzó a desdibujarse de manera alarmante. Por falta de docentes, pero también porque ante el aumento de los contagios, muchos padres comenzaron a no mandar a sus hijos a las escuelas. Esto no sucedió en todos los lugares de la misma manera, por eso la percepción sobre este fenómeno es muy desigual entre la población. Sin embargo, en los últimos días, la situación se fue extendiendo muy rápidamente en el AMBA y también en algunas otras localidades del país afectadas igualmente por un gran crecimiento de casos, y que en este momento están bastante invisibilizadas por el conflicto mayor que está tensando a la región metropolitana. 
  • El Decreto Presidencial, sin negar el reconocimiento de los cuidados que se dan al interior de las escuelas,  afirma que la circulación que generan las clases presenciales, en un momento de crecimiento exponencial de contagios y en las áreas en que esto se verifica, debe interrumpirse de manera inmediata. Invita a los gobernadores a adherir a estas decisiones en los lugares en los que fuera necesario hacerlo, al tiempo que las ordena para la región del AMBA.

Nos encontramos ante una situación nueva, derivada de las características cambiantes que nos va planteando esta pandemia. Querer sostener posicionamiento rígidos en este contexto, implica una gran posibilidad de cometer errores. Por ello es muy importante que nos animemos a pensar nuevas posibilidades a partir de esta coyuntura que ahora nos desafía. Y además, a pensar más “fuera de la caja” porque no parece recomendable que en el momento de volver se reiteren las medidas que se pensaron para cuando los contagios eran bajos en las áreas de referencia.   Les invito a compartir algunas miradas sobre esta cuestión:

  • El tiempo de pandemia va a continuar, posiblemente hasta fin del 2021 por lo menos. Tenemos que pensar respuestas teniendo en cuenta cómo pueden ser los tiempos reales que se nos vienen y no dejándonos traicionar por nuestros mejores deseos. 
  • Además de tener en cuenta las diversidades que impone las características federales de nuestro país, deberemos asumir que, simultáneamente, estamos viviendo tres situaciones diferentes respecto de la pandemia:
    • zonas en donde hay muy pocos casos o ninguno,
    • zonas en donde hay pocos casos o con la pandemia en situación de relativo control,
    • zonas en donde el crecimiento es exponencial, crecen los casos y los fallecimientos y comienzan a colapsar los servicios sanitarios.
  • No podemos ni tenemos que pretender respuestas únicas a situaciones diversas. Hay que tener mucha capacidad de adaptación a las distintas realidades y, por lo demás, la adaptación debe ser más rápida que la que intentamos sostener hasta el momento. 
  • No se trata de defender UN formato, sino entender que puede y debe haber formatos diferentes para las distintas situaciones. Y que las situaciones variarán, mejorando o empeorando; lo que nos debe llevar a cambiar las maneras cómo vamos a enfrentarlas. 
  • En los lugares en donde hay pocos o ningún caso, se deberá tener los cuidados básicos, entre otras cosas, porque no se sabe si esta situación se podrá sostener y les estudiantes deben aprender a cuidarse y a cuidar. Ni siquiera en dichas zonas es posible dejar de sostener las medidas sanitarias de prevención. En estas circunstancias, además, se deberán sostener formatos híbridos por el mismo motivo. Todas las comunidades educativas deben estar preparadas por si la situación epidemiológica se hace más difícil. 
  • En los escenarios intermedios, con número moderado de casos y situaciones del sistema sanitario que no implican preocupaciones graves, los protocolos establecidos hasta el momento parecen ser adecuados y suficientes. Por supuesto, hay que cuidar de no relajarse y mejorar las condiciones institucionales para que no haya aumentos de casos o contagios dentro de los establecimientos escolares, incluyendo las cuestiones relativas a la infraestructura escolar. Sobre todo habrá que recomendar cuidados en los espacios de encuentro y socialización que se dan fuera de los establecimientos escolares, reconocidos como potencialmente peligrosos para los contagios de COVID. 
  • En las zonas con alto número de contagios y sistemas sanitarios colapsados, se nos exige considerar cuidadosamente nuevas estrategias.

Volver cuanto antes a la presencialidad. Pero diferente. 

Es evidente que, si es posible volver a las clases presenciales en zonas donde aún hubiera un número importante de contagiados y los sistemas de salud estuvieran en riesgo de colapso, no sería conveniente retornar a la presencialidad sólo con los cuidados previstos anteriormente ya que estos son insuficientes para prevenir el aumento de los casos en las áreas en las que las escuelas se encuentran insertas.   Cuando se vuelva, deberá ser con otras condiciones, indicaciones y estrategias. 

El gobierno nacional propuso que, en esta fase de la pandemia, la interrupción de las clases presenciales fuera por 15 días. Sin duda, que pueda respetarse este plazo dependerá de la evolución de los casos en la región. Si los mismos siguen muy altos, el plazo se extenderá. 

Más allá de esta situación no deseada, es necesario replantearnos algunas medidas para enfrentar la vuelta a la presencialidad en estos contextos. Medidas que también deberían considerarse en otras zonas críticas de nuestro país, que aún no han decidido cómo van a encarar la crisis sanitaria que se les planteará en pocos días más. . 

  • Uno de los temas más álgidos en estas zonas es la cuestión del transporte. Nuestra recomendación es que debe evitarse en forma absoluta el uso de transporte público para trasladarse a las escuelas. Tanto de estudiantes como de docentes y auxiliares. 
  • Para que esto sea posible, sugiero que, como una medida especial y mientras dure el “ciclo de excepcionalidad”, a les estudiantes que no puedan concurrir a sus centros educativos (en donde están matriculados) de otra manera que no sea utilizando medios públicos de transporte, se les permita recurrir a escuelas que estén cercanas a sus viviendas para continuar con sus clases presenciales. Lo mismo proponemos para docentes y auxiliares.  Para que esto sea posible, al menos mientras perduren estas condiciones, deberíamos esforzarnos en visualizar al sistema educativo como tal: un conjunto integrado con diferentes partes que lo conforman dentro de una identidad común. Cada uno debería poder concurrir a una escuela cercana a sus domicilios porque es prioritaria la presencialidad y esta puede darse en diferentes lugares en un momento de excepcionalidad.
  • En donde esto no sea posible, deberían desarrollarse formatos virtuales de enseñanza y aprendizaje para estos estudiantes, garantizando los medios y dispositivos necesarios a tal fin. Pero esto debería ser el “último recurso” y no el primero.
  • Siguiendo con la lógica del “ciclo de excepcionalidad”, se deberían determinar los contenidos realmente fundamentales que las escuelas deberían trabajar para cada año de estudio. Esos contenidos deberían estar estructurados por áreas básicas en donde se integren interdisciplinariamente. 
  • Debemos asumir que es imposible sostener un desarrollo curricular con la misma extensión, amplitud y profundidad con las que hubiéramos podido llevarlo adelante en condiciones de presencialidad escolar sin esta tragedia epidemiológica. Esto que parece una obviedad no ha sido realmente incorporado en nuestros enfoques de trabajo en tiempos de pandemia. 
  • Replantearnos estos alcances, además, nos permite considerar nuestras posibilidades de enseñanza-aprendizaje actuales de manera realistas y positivas, sin estar todo el tiempo pendientes de lo que no podemos alcanzar, exponiéndonos a una sensación continua de fracaso y frustración que no permite ni a docentes ni a estudiantes, valorar afirmativamente todos los esfuerzos que se realizaron y realizan en condiciones adversas por sostener un compromiso educativo que es el fundamento más profundo del derecho a la educación. 
  • Para acompañar la enseñanza de estos contenidos curriculares en este “ciclo de excepcionalidad”, se debería proponer a los docentes de las distintas disciplinas que puedan enseñar otros contenidos, más allá de sus disciplinas específicas. Todo docente puede enseñar más contenidos que los que forman parte de las asignaturas específicas en las que se han especializado. La necesaria selección de contenidos debe ser acompañada por esta ductilidad de la tarea docente. Se requiere disposición personal e institucional para adaptarse a una situación tan particular. Si cada uno quiere aferrarse a las condiciones que existían antes de la pandemia será imposible encontrar respuestas eficaces semejante crisis educativa. Esto, por supuesto, no implica que se afecten las condiciones salariales de ningún docente. 
  • Tal como está previsto, los docentes exceptuados a concurrir a tareas presenciales por edad o por riesgo de salud,  deberían asumir el acompañamiento de les estudiantes que no pueden sostener la presencialidad o los formatos híbridos. Sería muy positivo que aquellos que se encargan de esta tarea en diferentes escuelas, puedan tener algún tipo de coordinación para compartir guías y propuestas educativas que se generen en esta modalidad. Quizás algunos supervisores o inspectores deberían hacerse cargo de esta tarea de manera específica. 
  • Los directivos de los centros educativos deberían poder tomar las decisiones necesarias para organizar sus equipos docentes y sus grupos de estudiantes, así como los formatos escolares más adecuados para garantizar las indicaciones generales que se originan en cada jurisdicción educativa. La articulación de las respectivas supervisiones y el trabajo de intercambio y comunicación de experiencias entre los equipos directivos de los diferentes centros educativos es un recurso fundamental y necesario para atravesar estos tiempos complejos.
  • Para todo lo que venimos diciendo, las escuelas requieren de algunos recursos que el Estado debe garantizar: por una parte, los elementos de sanitización y cuidado de la salud, y, por otra parte, materiales y fondos para que les docentes puedan elaborar, multiplicar y distribuir las cartillas y guías para el trabajo en los hogares. mejoramiento y arreglo de la infraestructura escolar, sobre todo de los módulos sanitarios, lavabos y ventilación adecuada. Si bien todas las escuelas requieren estos recursos, los mismos se hacen más imprescindibles en las áreas con alto nivel de contagios. 

Los tiempos son complejos -no nos cansamos de repetirlo- y requieren decisiones valientes y, en cierto sentido, también audaces. 

Garantizar la presencialidad no puede ser una muletilla marketinera. Si queremos educación presencial, en tiempos de pandemia y en momentos de alta circulación del virus, tenemos que actuar en consecuencia. Si no, fracasaremos y no alcanzaremos los objetivos que son posibles en esta coyuntura tan dura. 

Intenté proponer medidas concretas que sé absolutamente que no son sencillas de implementar. Pero estoy convencido que pueden ayudar a que resolvamos esta situación dilemática en la que nos encontramos. Ojalá que estas líneas inspiren a otros y otras a proponer más ideas y sugerencias que puedan ayudar a que el derecho a la educación de nuestro pueblo y, en particular, de nuestros niñxs y jóvenes.

RELEVANDO LA SITUACIÓN EDUCATIVA ANTE EL CRECIMIENTO DE CASOS DE COVID 19 (abril 2021)

Presentación

Ante el crecimiento de casos de COVID 19 que registra hoy nuestro país en muchos distritos y municipios tomamos la decisión de consultar a un conjunto de directivos de escuelas de diferentes jurisdicciones sobre cómo estaban viviendo este momento que es particularmente complejo. 

No se trata de un relevamiento masivo ni censal. Se trata de algunos casos que contribuyen para tener una mirada cualitativa de la situación. 

En general, son directivos con un alto compromiso con la tarea, un importante liderazgo en sus equipos docentes y capacidad reconocida de articular con sus comunidades. 

Al compartir estas impresiones en este breve texto mantenemos la confidencialidad con que fueron expresadas y tenemos la intención de aportar a quienes tienen que tomar decisiones en estos momentos críticos o asesorar a quienes deben hacerlo. 

Situación sanitaria de las escuelas

“Las escuelas funcionan minuto a minuto.” Hay que estar tomando y modificando decisiones todo el tiempo. No hay manera de pensar con continuidad, perspectiva ni sostener una mínima planificación. 

La situación de las burbujas pone muy tensa a la comunidad. Cuando aparece un caso de contagio en una burbuja, toda la escuela se tensiona y hay una situación de gran angustia en las familias. 

En varias provincias en las que no se ha vacunado prácticamente a les docentes. 

En las últimas semanas empezaron a aumentar los casos entre estudiantes en casi todas las escuelas. Posiblemente no contagiados en la escuela pero que exigen el aislamiento de toda la burbuja. 

Por otra parte, no están claras las normativas respecto de la duración de los aislamientos.

La cuestión del uso del transporte público, tanto de estudiantes como de docentes, es visto como una causal del creciente número de casos. 

Preocupa la conducta social de las familias y estudiantes cuando no están la escuela. Se trabaja eso desde la escuela, pero no es suficiente con lo que se está haciendo. 

“Los docentes no podemos hacernos cargo de controlar o gestionar situaciones ligadas a la cuestión sanitaria. No estamos preparados para ello.”

“Tengo la sensación de que los casos van a seguir creciendo más y la situación se hará insostenible”. 

En algunas escuelas ha habido falta de insumos pero otras tuvieron los insumos que se necesitaban. No ha sido pareja la situación de provisión de estos en las escuelas. 

Como una pequeña muestra de lo que sucede compartimos esta información: En un distrito conformado por 15 escuelas secundarias con una matrícula aproximada de 7.500 estudiantes, en la semana que acaba de terminar se habían confirmado 5 casos de docentes con COVID y 12 estudiantes. 

Al mismo tiempo ,había 17 alumnos sospechosos de COVID y 25 docentes en la misma situación. 

Esto había hecho aislar a 14 grupos-burbujas en ese distrito en la semana..
Los casos vienen creciendo y se hace notar que no se trata de uno de los que mostraban guarismos más altos.

La cuestión pedagógica

“No estamos logrando dar continuidad a los procesos pedagógicos. Es muy difícil hacerlo de esta manera con grupos burbujas que, además, de intermitentes, deben ser aislados…”

“A este ritmo, es preferible dar clase virtual por plataformas, hasta que se pueda regularizar más la presencialidad.“

“Estamos teniendo que recibir las entregas de los trabajos de los estudiantes que no acreditaron en 2020, más los que no vienen porque son de riesgo, y armar las propuestas virtuales para las semanas en las que no se está en la escuela, y sostener las actividades de los que tienen presencialidad.”

El compromiso de los docentes es desparejo, según el testimonio de los directivos. Algunos sienten que hay docentes que se “aprovechan” de la situación y se aislan o piden licencias y luego publican en una red social que están realizando actividades que no estarían recomendadas. Estas actitudes están provocando mucho malestar. 

Es difícil acompañar o monitorear el trabajo de los docentes dispensados que trabajan desde sus casas. 

Hay problemas con el nombramiento de cargos. Falta cubrir cargos en las escuelas y esto es un tema sensible en este momento. 

También se señala que las propuestas pedagógicas que se hacen a les estudiantes dejan mucho que desear en varios casos. Se trata de actividades muy pobres desde lo didáctico, con poco espacio para la motivación, la investigación, el desarrollo cognitivo  o el aprendizaje significativo de les estudiantes.

Hay inspectores que acompañan las propuestas pedagógicas de les docentes. Pero no parecen ser la mayoría. 

Situación de los directivos de las escuelas

En general, se percibe una sensación de cierto abandono y soledad. Un director nos decía “los directores estamos desamparados”

            Los equipos directivos sienten que están desbordados y muy presionados y no pueden responder a las exigencias que, en estos últimos días, han sido crecientes.  “Yo estoy trabajando 12 horas por día”. 

“Me siento agobiada y abatida en muchos casos. Me negué a completar cierta información que me exigían por no tener personal.”

Hay requerimientos permanentes de información por parte de las autoridades, información redundante entre estamentos municipales, provinciales y nacionales, que están sobre exigiendo a los equipos directivos. “No nos alcanzan las horas del día para responder a tanto requerimiento burocrático”.  

Pareciera que las autoridades (supervisores, inspectores, funcionarios) no están dimensionando adecuadamente lo que está sucediendo en las escuelas.” 

En grupos de whatsapp de directores, esta sensación está bastante compartida por muchos.  

Situación de las plantas docentes

Siguen habiendo profesores “taxis” que se desplazan por varias escuelas y, son altos factores de riesgo para el contagio y para contagiarse. 

Hay muchos docentes licenciados por edad o factores de riesgo que no han sido reemplazados. 

Cuando hay que aislar a algún docente, los directivos no están pudiendo reemplazarlos porque no se ha resuelto la situación de cupos.

Las escuelas se quedan sin docentes y a veces están les estudiantes en las aulas y no tienen quiénes les acompañen dentro de la escuela. 

“Nos están faltando docentes en cantidad porque debemos aislarlos y no podemos reemplazarlos. Todo es muy complejo y permanecemos en una lucha cotidiana.”

La cuestión de la presencialidad

En general, todos valoran la presencialidad y lo que significó el reencuentro con les estudiantes. Tanto para ellos como para los docentes. Hay muches estudiantes que han vivido con profunda alegría la posibilidad de volver presencialmente a la escuela. 

“Los chicos quieren estar en la escuela. Es lo ideal, porque los chicos en las casas tienen mucha dificultad para conectarse.”

“Cuando debemos aislar un grupo-burbuja se genera mucha angustia entre les estudiantes. Eso hace también que ellos se están cuidando con mayor cuidado para que no se aisle su grupo.”

Casi todes les consultades afirman que es necesario revisar en estos momentos la cuestión de la presencialidad, al menos por unas semanas.

“Hay algunas personas en la sociedad que tienen en su agenda sostener la presencialidad a cualquier precio. No lo hacen por defender la educación.”

La infraestructura escolar

Algunas de las escuelas consultadas nos contaron que habían podido hacer mejoras o reparaciones edilicias con fondos provinciales o nacionales. Pero también nos decían que estas reparaciones estaban lejos de cubrir las necesidades reales de las instituciones. 

Otras escuelas manifiestan que no están en buenas condiciones de enfrentar la pandemia. 

Muchos se preguntan por qué no se hizo más el año 2020 cuando no había estudiantes en las escuelas. 

Miradas y opiniones sobre la situación

“Las escuelas deberían cerrarse por tres semanas hasta que bajen los casos.”

“En esta situación será imposible sostener esta presencialidad por mucho tiempo más”. 

“Opino que hay que cerrar por unos días”

“Hay que tener muy en cuenta la situación de cada lugar. No se pueden tomar decisiones generales que afecten a todos por igual. En algunos lugares, no se debe cerrar. Por lo menos con las condiciones actuales de nuestra localidad que no tiene tantos casos.”

Una reflexión final

Hemos tratado de que las expresiones que señalamos en los distintos apartados sean lo más fielmente expresivas de lo que hemos relevado. En algunos casos esto hace que puedan verse posturas diferentes y hasta contrarias, esto es parte de la realidad que se vive en las escuelas en este momento.

Es demasiado pronto para poder tener una visión de conjunto sobre lo que estaba sucediendo en el sistema educativo antes del aumento de los casos de COVID 19.  Sin duda, estamos seguros de que hay experiencias muy positivas que es importante relevar y de las que deberíamos poder aprender.

De lo que estamos convencidos es que, si hay que interrumpir por unas semanas la presencialidad que se había retomado, no es necesariamente porque se “hayan hecho las cosas mal” en las escuelas, desde el punto de vista pedagógico o de la gestión y administración escolar. 

Lo que ha sucedido es que el aumento de los casos ha desbordado el contexto que permitía dicha presencialidad y, hasta que no sea posible volver a las condiciones de cierto control sobre la pandemia, es necesario reducir al máximo la circulación, exponer al mínimo a las personas y permitir disminuir las situaciones de contagio que hoy están siendo posibles en el marco del ecosistema educativo. 

La prioridad debe seguir siendo el cuidado de la vida y la salud. Todo lo demás debe reorganizarse en función de dicha prioridad, procurando el menor daño posible a la supervivencia material de las familias y las personas. 

Ante los incendios provocados en la Comarca Andina

Estoy muy preocupado, dolido e indignado por lo que está sucediendo en la “Comarca Andina” de la Pcia. de Chubut y Río Negro. 

La zona está ubicada al sur de la pcia. de Río Negro y al norte de Chubut, y reúne a las localidades de El Bolsón, El Hoyo, Lago Puelo y Epuyén… alcanzando su influencia hasta  las localidades de  Esquel, El Maitén y Cholila. Algunos incluyen también a San Carlos de Bariloche en su área de influencia.

En los últimos tiempos, la Comarca ha sufrido distintos incendios forestales gravísimos. En las últimas semanas, los mismos han arreciado sobre todo en El Hoyo y Lago Puelo, destruyendo más de 200 hogares y arrasando con miles de hectáreas de bosque nativo.

Sabemos que, en la provincia de Chubut, hay una lucha muy fuerte de la población, principalmente de la que vive en esta región, contra las iniciativas de instalación de megamineras y del uso del agua de los glaciares que abrazan nuestra cordillera en la zona. 

La población local, y muchos que se han ido a vivir allí para disfrutar de las maravillas que la naturaleza regala con abundancia en la zona, han levantado con mucha fuerza la bandera del rechazo a estas iniciativas. Las autoridades que buscan aprobar estas políticas, no han logrado doblegar a estas comunidades que se oponen a intereses muy fuertes y con presencia activa en la zona. 

El asesinato de Rafael Nahuel y la persecusión y muerte de Santiago Maldonado son símbolos trágicos de esta situación en la zona. El primero, hijo del pueblo mapuche que viene reclamando el derecho sobre esas tierras por sobre grandes terratenientes, incluso extranjeros, que se hacen del territorio… y el segundo, un joven que llega a la Patagonia y se solidariza con todas estas causas desde su perspectiva de vida como artesano y hermano de los pueblos locales e hijo de la “madre tierra – Pachamama”. No fueron casuales esas muertes. No sucedieron porque sí. 

Las “cachetadas” de aquella lucha que a algunos nos queda lejos en kilómetros, se hacen cada vez más cercanas y nos fueron golpeando el rostro a pesar de estar físicamente lejos. 

En estos últimos días, los incendios en la Comarca Andina se multiplicaron. Al principio casi en murmullos pero hoy a los gritos, nos llegan voces patagónicas diciéndonos que se han quemado las casas de los militantes sociales para que se vayan y abandonen la lucha. Y que están convencidos de que allí radica una buena parte de las causas de estos incomprensibles incendios que hasta desde el gobierno nacional se reconocen como “intencionales”. 

A este tipo de acciones las debemos calificar como “terrorismo” y están siendo impulsadas y  organizadas por verdaderas mafias que buscan desarticular la lucha social y paralizar a sus dirigentes y militantes. 

No podemos ni debemos guardar silencio ante esta situación. No hay nada que pudiera justificar no asumir posiciones claras en repudio a estas acciones y en defensa y reconocimiento de quienes luchan por una vida mejor, el “buen vivir”, desde aquellas tierras sureñas que son de todes,

Quiero mandarles mi abrazo y mi solidaridad a les compañeres que están luchando, a aquellos que perdieron sus hogares, a los que han fallecido quemados por el fuego irracional y provocado y a sus familiares. También quiero expresar mi dolor por los daños provocados a la Madre Tierra, a tantos animales, árboles y plantas que han sido destruídos sin compasión. 

Todos los que amamos la vida y nos comprometemos con su cuidado,  tenemos que estar fuertemente unidos en estos momentos y rechazar el uso indiscriminado e irrespetuoso de la naturaleza y el desprecio de las opiniones de los pobladores de la tierra. 

Querides hermanes de la Comarca Andina, sepan que somos muches los que estamos con ustedes en esta lucha.  

#ElAguaEsMásImportanteQueElOro

#NoALaMegaminería

#SíALaVida

        Alberto Croce
  Director Ejecutivo
    Fundación VOZ

Reflexionando sobre la presencialidad educativa

(15-2-2021)

Quisiera en estos párrafos compartir con ustedes mi propia perspectiva respecto de la cuestión del regreso a la presencialidad que está en el centro del debate y también de diferentes manifestaciones de las que estamos siendo testigos en las últimas semanas. 

La cuestión es muy compleja porque entran en tensión posturas y perspectivas muy diferentes y enfrentadas, pero que deben ser tenidas en cuenta y no pueden descartarse sin más por quienes sostienen las opiniones más extremas en este debate. 

Me parece importante señalar que vengo reflexionando y escribiendo sobre estas cuestiones desde antes que se decretara el primer ASPO, cuando llamaba entonces a comenzar a prepararnos para lo que consideraba que inevitablemente estaba por suceder. Estos párrafos se sostienen en todos los anteriores escritos sobre esta problemática, en todo lo escuchado, compartido, sistematizado y publicado a lo largo de estos meses. 

En lo personal, creo que es importante haber pensado cómo retomar la presencialidad en las aulas y decidido hacerlo y que es necesario considerar ciertas limitaciones a esta resolución. En un año de pandemia, hemos aprendido muchas cosas respecto de cómo “tratar al virus”. 

Cuando todo esto empezó hace un año más o menos, entendíamos que la estrategia para vencerlo era quedarnos en casa lo más aislados posible durante un tiempo relativamente corto, porque eso iba a evitar que se expandieran los contagios. La hipótesis era que, como el virus no vivía más de 15 días, una cuarentena que hoy visualizamos como “breve” iba a producir casi la “extinción” del virus entre los posibles contagiados… Dolorosamente fuimos aprendiendo que las cosas no funcionarían así. 

Tratamos de prolongar la situación de aislamiento con renovaciones de estos ciclos de cuarentena pero, finalmente, hemos asumido una manera de vivir, diferente de la anterior a la pandemia, pero con muchas actividades retomadas bajo protocolos de cuidados (aunque varias otras continúan suspendidas: teatros, espectáculos, organismos públicos…) 

Queda claro que las personas que tenemos más de 60 años y que tenemos algún factor de riesgo -como es mi caso- somos los que estamos más expuestos a las complicaciones más severas que puede producir la enfermedad, en caso de un posible contagio. También sabemos que no se limita a contagiar a las personas mayores y que afecta también con dureza a algunos jóvenes y -afortunadamente a unos pocos – niños y niñas, existiendo secuelas aún desconocidas. 

Durante el año que pasó, el sistema educativo hizo un esfuerzo enorme -y desparejo- para reemplazar la presencialidad por modalidades virtuales que permitieron cierta continuidad educativa, ratificando y ampliando las desigualdades que existen en la sociedad. Aquellos que están en mejores condiciones socio económicas, sufrieron menos las consecuencias de estos modelos sostenidos con las tecnologías. Los más pobres, fueron perdiendo contactos con las escuelas y se estima que, entre un 15 a un 20 %, no pudieron sostener sus trayectorias educativas de ninguna forma.

La escolaridad de los niños, niñas y adolescentes, funciona además como un ordenador de la vida de la sociedad toda. La suspensión de la presencialidad generó muchas situaciones complejas al interior de las familias. Desde cuestiones emocionales hasta dificultades de sostener una actividad laboral que de por sí ya era muy difícil de llevar adelante por la crisis económica que afectó y afecta a la gran mayoría de quienes vivimos en nuestro país. 

Teniendo en cuenta todos estos aspectos es que quiero compartir mis puntos de vista sobre las propuestas y decisiones sobre el regreso a la presencialidad en el sistema educativo. Parto de afirmar lo que ya escribí en varias columnas previas: Estamos atravesando un “ciclo de excepcionalidad” que debe hacernos obrar con una lógica diferente, inteligente, ingeniosa, rápida y responsable. 

Al comenzar este nuevo año “escolar”, la primera cuestión que “tomo” como punto de partida para estas reflexiones que comparto es que se requieren considerar las diferencias geográficas en relación con la situación sanitaria. Realmente creo que, en muchos territorios, no tiene sentido mantener un aislamiento escolar estricto, no habiendo prácticamente casos ni contagios. Se podría objetar esta reflexión diciendo que justamente, lo que se quiere evitar es que los haya… pero, por lo que hemos ido aprendiendo hasta ahora, esto sucedería si los contagios en el territorio están activos y extendidos. Por fortuna, no es la situación en la mayor parte del territorio nacional. 

Entonces, mi primer punto es que hay que considerar la situación de cada territorio para decidir abrir o no las escuelas a la presencialidad y que esta definición es de responsabilidad local. Allí donde fuera posible y razonable, deberían haber clases presenciales. 

La segunda cuestión sobre la que quisiera reflexionar es sobre las medidas de cuidado. Por lo que vamos sabiendo, cada vez parece más claro que el mayor riesgo de contagio está “en el aire”. Por ello, el uso de barbijos es, a ojos vistas, el recurso más efectivo para el cuidado de los contagios. De hecho, es el que la mayoría de nosotros utilizamos prioritariamente y luego, el lavado frecuente de manos con agua y jabón o alcohol en gel. 

Poco a poco, hemos ido a aprendiendo a vivir con estas conductas. Es cierto que hay muchos y muchas que han descuidado también estas medidas poniendo en riesgo a todos y todas. Sin embargo, todavía la mayoría de las personas se están cuidando de esta manera. Todos los protocolos elaborados por las jurisdicciones reafirman estas cuestiones unánimemente. 

Hay muchísimos reclamos señalando que los responsables de las jurisdicciones no garantizarán estos elementos básicos en cantidad suficiente para tomar estos cuidados. Sin duda se trata de algo fundamental. Si no se cuenta con estos ellos, no es posible tener las escuelas abiertas. Le pese a quien le pese. 

Algo similar sucede con la infraestructura escolar. Hay condiciones edilicias que impiden de hecho la presencialidad en este contexto. 


Como saben, hace más de dos años que venimos impulsando la “Verificación Técnica Escolar” (VTE) en todo el territorio nacional con dispares resultados. Nadie pondrá en duda nuestro compromiso con la convicción de que el derecho a la educación se comienza a garantizar con edificios adecuados y técnicamente seguros. Quizás, en una situación no pandémica, algunas condiciones edilicias que deben ser mejoradas, calificarían con un “semáforo amarillo”. Pero en tiempos de pandemia, se transforman en “semáforo rojo”. Los aseos tienen que estar limpios, dignos, con los elementos necesarios para ser utilizados, con agua suficiente… Esto es absolutamente imprescindible en estos contextos. 

Por otra parte, las escuelas requerirán contar con más espacios para cobijar a sus “grupos burbujas”. Para ello hay que generar acuerdos con la comunidad que permitan la utilización de espacios que estén disponibles para el trabajo con las y los estudiantes mientras dure este ciclo de excepcionalidad. Tenemos que tener las mentes abiertas para encontrar soluciones donde detectemos problemas -y no al revés-. La clave, para esto, es profundizar la perspectiva de la relación con la comunidad y la participación de los diferentes actores locales en articulación con las escuelas. La pandemia nos abrió muchas puertas en esta dirección. No debemos cerrarlas sino profundizar esos encuentros que han sido tan positivos. 

El tercer punto que quisiera considerar tiene que ver con el transporte. En lo personal, es un tema que me preocupa sobremanera. Hemos afirmado y recomendado en todas las instancias posibles que se evite el uso del transporte público todo lo que sea posible. Tanto para estudiantes como para docentes. La “masa” que se moviliza por esta vía es demasiado grande como para que no se preste delicada atención a esta cuestión. 

Hemos propuesto, incluso, que las escuelas más cercanas puedan, en este “ciclo de excepcionalidad”, recibir a estudiantes que viven más cerca para evitar que deban trasladarse en colectivos o trenes. Esto exige considerar a las escuelas como parte de un “sistema” educativo que funciona como tal, o sea, como “sistema”. 

Obviamente, resolver la cuestión del uso del transporte público respecto de estudiantes y docentes es un tema prioritario para las grandes ciudades, pero no solamente allí. Observar cómo viajan ya hoy los ciudadanos en algunos medios de transporte, hace que no se requiera que expliquemos mucho sobre lo que estamos planteando. Creemos que las escuelas tendrán que trabajar muy fuertemente con las familias para que puedan organizarse sistemas de movilidad vehicular en pequeños grupos, evitando así la utilización del transporte público.

El cuarto punto nos lleva a pensar en las cuestiones curriculares, didácticas y de organización escolar. En este ciclo de excepcionalidad tenemos que modificar estructuras muy rígidas que tenemos tanto docentes, como familias y estudiantes. Para evitar la movilidad de docentes, reemplazar a los docentes mayores, garantizar una presencialidad cuidada… se deberían priorizar áreas de contenidos que estén a cargo de docentes que, quizás, no son los titulares de las asignaturas tal como funcionaban antes de la pandemia. También es necesario incluir inteligentemente a todas y todos los docentes auxiliares, especiales, socioeducativos, preceptores, tutores, talleristas… que existen en las escuelas con distintas denominaciones según las jurisdicciones. Insisto en la necesidad de considerar realmente el sistema educativo como tal. Incluyendo, incluso una mirada integradora y colaborativa entre escuelas de gestión estatal, social y privada. 

Para que sea posible esta integración de roles y funciones recreadas, es necesario apelar a cierta flexibilidad. Si somos muy rígidos en estas cuestiones, será muy difícil encontrar soluciones que verdaderamente resuelvan los problemas que se van a plantear en los territorios. Si cada uno se aferra a defender lo que hacía antes de esta crisis y no se siente parte de equipos docentes que se hacen cargo de un proyecto educativo institucional, será muy difícil encontrar buenas soluciones. Quizás algunos temas, contenidos, actividades… no puedan realizarse en este “ciclo de excepcionalidad” y haya que acompañar otras propuestas educativas o áreas del conocimiento. Esto puede ser necesario para garantizar buenas trayectorias educativas de las y los estudiantes. 

El quinto punto que no queremos dejar de señalar es el que tiene que ver con la conectividad. Ante la constatación de los grandes “baches” que tenemos en nuestro país sobre esta cuestión, los protocolos que se han ido aprobando, tanto a nivel nacional como jurisdiccional, han ido bajando las expectativas puestas al principio del ASPO en este recurso. Incluso, muchos priorizan la elaboración de guías y cartillas que lleguen efectivamente a todos y todas. 

Se trata de una mirada realista. Sin embargo, también debemos recordar que las evaluaciones realizadas advirtieron que los materiales impresos de manera general no se habían utilizado tanto como se esperaba. 

Más allá de esta cuestión, no podemos dejar de comprometernos y trabajar muy fuertemente en mejorar las condiciones de conectividad y de equipamiento de todas nuestras escuelas y de todas y todos los y las estudiantes y docentes. Para muchas situaciones, la educación virtual seguirá siendo necesaria en este tiempo que se viene. Además debemos resaltar que ha sido una experiencia destacada por muchos como sumamente positiva y que no puede dejarse de lado o perderse de aquí en adelante..  Tenemos que generar nuevos y buenos materiales que posibiliten continuar apoyándonos provechosamente de recursos virtuales de enseñanza. 

Desde que comenzamos a escribir sobre condiciones de regreso a la presencialidad, desde mitad del 2020, hemos afirmado que la “clave” real de respuesta para todas estas cuestiones está en el nivel local, de cada escuela. Más allá de lo que puedan decir los protocolos y las resoluciones, “el partido se juega en cada escuela”. 

Allí, directivos, docentes -y el conjunto de la comunidad educativa- tienen que ver cómo harán para resolver efectiva y realmente, la continuidad educativa y la presencialidad. Estamos seguros que ésta será la mejor estrategia y que se alcanzarán muy buenos resultados.  

No estamos pensando en un “cada uno/a haga lo que le dé las ganas”. Estamos afirmando que las condiciones y situaciones son tan diferentes, que es imposible pretender soluciones generales que resuelvan lo coyuntural.

Pero esto implica, por un lado, que las normativas se flexibilicen lo necesario para poder responder con ingenio y responsabilidad, y por otro, que rápidamente se puedan compartir experiencias para que las escuelas puedan aprender unas de otras de lo que van experimentando en el proceso. En este sentido, hemos recomendado que el “Observatorio del Regreso Presencial a las Aulas” que acaba de crearse en el marco del Consejo Federal de Educación, trabaje fuertemente en este sentido. 

Tampoco coincido con aquellos que insisten en la necesidad de “recuperar”. No creo que haya que recuperar nada, porque no creo que haya que entender lo que hemos vivido como un tiempo “perdido”. La vida no funciona así. Lo importante es vivir plenamente el tiempo que tenemos. El año que pasó -y quizás este también- fue un año de pandemia. Lo hemos vivido como hemos podido, con 2.000.000 de enfermos y 50.000 fallecidos, en medio de una crisis económica y social que no olvidaremos nunca.. En todo caso, ojalá desde las aulas podamos resignificar para todas nuestras vidas lo que hemos aprendido el año que pasó. 

En los tiempos que se nos vienen, tenemos que aprender a convivir y a vivir de otra manera, sabiendo que el virus está y que tenemos que saber cuidarnos entre todos y todas. El aislamiento prolongado en el tiempo no será la mejor recomendación para nuestras existencias.  

En lo personal, creo que pudo haber sido conveniente esperar hasta mayo para empezar la presencialidad, con una buena parte de docentes vacunados y más escuelas reparadas. Sabemos que es muy opinable la cuestión pero, desde el punto de vista de los aprendizajes, no creo que hubiera sido tan grave, si se tomaban algunas medidas de trabajo escolar virtual para marzo y abril. Algunos -a quienes respetamos- piensan que esto podría haber desconectado aún más a muchos y muchas estudiantes.

Lamentamos y repudiamos la carrera por “primerear” el comienzo de clases que hemos vivido los últimos meses. Se ha tratado de una estrategia de politizar una cuestión sumamente sensible, priorizando el impacto sobre la opinión pública  por sobre los intereses “superiores” de niños y adolescentes y su derecho a la educación que puso también en cuestión la responsabilidad y el trabajo de los y las docentes. 

Estamos en contacto con muchas y muchos docentes que, aún antes de que se apruebe ningún protocolo, estuvieron en los meses de vacaciones pensando y preparando materiales para que sus alumnos pudieran aprender mejor en contextos de educación virtual, híbrida o… como se pueda. Los docentes mayoritariamente quieren volver a las aulas. Pero quieren hacerlo de manera cuidada y responsable, como es obvio.

También conocemos a muchas y muchos docentes mayores o que pertenecen a la población de riesgo para el COVID, que tienen mucho miedo de exponerse en las escuelas. Se han mantenido “en casa” durante un año, con poquísimas salidas y estrictos cuidados y no se sienten tranquilos de exponerse ahora en ambientes cerrados, con grupos de personas que pudieran estar contagiados y contagiar, cuando saben que la situación epidemiológica es aún peor que cuando comenzaron a estar “en casa”. Es una situación delicada. En general, los ministerios de educación están considerando estas situaciones en sus protocolos, pero no deja de ser una situación preocupante. 

Tampoco los medios de comunicación ayudan mucho. Van y vienen, sin escalas, del “no pasa nada” a “estamos en catástrofe global”, “las vacunas son una solución” al “las vacunas son una trampa mortal”. 

Respecto de la educación, nos dicen que “España acaba de cerrar todas las escuelas” y “Francia decidió mantenerlas abiertas”. Y operan todo el tiempo en favor de los intereses que los financian y conducen. 

 
La realidad es que, en general, en el mundo las escuelas se han ido abriendo y, luego, se cierran ante alguna situación de contagio, hasta que pasa el tiempo de cuarentena prescripto, para volver a abrir. Seguramente nosotros tendremos que habituarnos también a estas situaciones, como ha sucedido, por otro lado, en otros campos de nuestra vida (trabajos, fábricas, clubes deportivos, etc.).

Finalmente, quisiera expresar también que no comparto la expresión del “regreso seguro”. Considero que, en medio de una pandemia, no existe la posibilidad de estar “seguros”. Todos y todas estamos y vivimos en riesgo. A lo sumo, podemos hablar de “condiciones cuidadas”.  En todo lo que hacemos y vivimos, atravesamos situaciones de riesgo. Y debemos aprender a cuidarnos y cuidar a los demás. También es algo sobre lo que la escuela no puede mirar para otro lado. La educación también debe servirnos para aprender a vivir en estas situaciones que, lamentablemente, pueden repetirse más frecuentemente que lo que desearíamos. 

Ojalá que logremos, entre todos y todas, un retorno cuidado, responsable y lo suficientemente atento como para interrumpir la presencialidad cuando sea necesario y volver a la misma en cuanto sea posible. No será sencillo, pero es el nuevo desafío que tenemos por delante.

Prof. Alberto César Croce

Fundación VOZ

¿Qué hacemos con la Secundaria?

Las “8 Banderas para la transformación” en tiempos de pandemia 

Cuando terminábamos el 2019, pensábamos en cuáles serían los pasos que nos tocarían dar al año siguiente para impulsar con entusiasmo y compromiso esa gran “causa” que llamamos Transformar la Secundaria, convencidos como estamos de la necesidad impostergable de avanzar en esta dirección.

Durante los últimos años, muchas jurisdicciones del país habían avanzado en propuestas interesantes y, en algunos casos bastante valientes, para realizar algunos de los cambios que sabíamos más urgentes. Desde Fundación Voz intentábamos destacar dichos trabajos y darles mayor visibilidad. 

Aquellas “8 banderas para la transformación”, que con muchísimo trabajo habíamos consensuado con tantos actores y sectores, y que de alguna manera orientaban el camino a seguir, estaban en proceso de ser sistematizadas en una publicación que recogía lo trabajado en todas las jornadas de debate intersectoriales realizadas con la participación de numerosos docentes, estudiantes, familias, directivos, funcionarios, sindicatos docentes… de todo el país. Teníamos por delante un importante trabajo por realizar.

Pero los proyectos y los planes se toparon con una realidad que sobrepasó a todo el planeta: la pandemia COVID 19. 

A días de comenzar el ciclo lectivo 2020, se suspendió la presencialidad y comenzó una etapa imprevista e interesantísima para dar continuidad pedagógica a les estudiantes que estaban matriculados en todas las modalidades de educación secundaria de todo el país. Aquella propuesta de las “8 banderas” debía entrar en un tiempo de suspensión porque las urgencias pasaban por lograr sostener las trayectorias educativas y las propuestas para les estudiantes que estaban sufriendo esta durísima prueba, junto con sus docentes. 

Sin embargo, la pandemia y sus consecuencias educativas, pusieron de manifiesto, entre otras cosas, que la necesidad de cambios en la escuela secundaria, era aún más profunda y urgente de lo que pensábamos antes de pasar por esta grave crisis. Muchos fueron los impactos que la misma provocó en todos los actores del sistema educativo. Pero el primero y más fuerte fue el de reconocer de manera casi brutal las tremendas desigualdades a la que les estudiantes estaban expuestos y condicionados.  Mientras que algunes podían prácticamente replicar una escuela virtual con conexión sincrónica a través de la internet de alta velocidad, con equipos de computación hogareños a disposición personal y con docentes equipados para acompañarlos, muchos otros, apenas contaban con un celular, con datos limitados, para poder acceder a la información que la escuela podía hacerles llegar. Y, algunos incluso, ni siquiera tenían acceso a esta reducida posibilidad. 

No es que no supiéramos como sociedad de las grandes inequidades que nos atraviesan, pero quizás no se nos habían presentado de manera tan brutal, descarnada y violenta ante nuestros ojos. 

Como recuperándonos de un golpe que nos dejara un tanto aturdidos, junto a muchos y muchas docentes e investigadores educativos, comenzamos a advertir que la crisis volvía a poner en evidencia  la urgente necesidad de trabajar por la “Transformación de la Secundaria” aún desde este contexto adverso y , quizás todavía, a causa de él.

Nos fuimos dando cuenta que aquellas banderas que entendíamos debían ser levantadas antes de saber del COVID-19, ahora también debían flamear bien alto y con mucha fuerza para indicarnos los senderos que no podíamos descuidar al salir de la pandemia, como esperamos que suceda pronto.

Estos párrafos quieren ir en esta dirección: recuperar la vigencia de las banderas, al retomar tantas cosas que hemos aprendido en estos meses de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) en todo el territorio nacional. Volver a impulsar la transformación de la escuela secundaria, porque, aún en esta crisis tan fuerte -y quizás por ello- tenemos que llevar adelante los cambios que la escuela secundaria necesita y docentes y estudiantes -sobre todo estas y estos últimos- exigen.

En todo caso, la crisis sanitaria no puede ser excusa para no cambiar. Porque los problemas que teníamos antes de la pandemia se han agravado. No es posible mirar para otro lado. 

Y quisiéramos ser sumamente cuidadosos para no aprovecharnos de la lamentable situación por la que atravesamos para justificar los cambios que creemos que hay que hacer. Se trata de recorrer otro sendero: pensar qué se necesita realmente si buscamos superar esta crisis con el mayor provecho posible. Lo intentaremos. Al final, nos daremos cuenta de la importancia de retomar la “hoja de ruta” que conforman las 8 banderas para la transformación. Además porque pudimos visualizar que aquellas escuelas que ya venían trabajando en esta línea, cambiando el formato tradicional por ejemplo, pudieron dar respuesta a la nueva situación pedagógica a la que nos expuso la cuarentena.

Acompañamiento de las trayectorias educativas personales de les estudiantes.

Los primeros esfuerzos de docentes y directivos, cuando se superó el primer momento de sorpresa que generó la situación de aislamiento, estuvieron concentrados en contactarse con les estudiantes a través de una variedad de recursos tecnológicos o de otros medios, como la entrega de bolsones de alimentos. 

Hemos escuchado en estos meses a innumerables actores del sistema educativo hacer referencia a la necesidad de identificar a cada estudiante como tal, a conocer las características propias de su situación personal… a poder acompañar sus trayectorias educativas.  

La idea de trayectorias educativas empezó a fortalecerse en numerosos espacios, incluso en algunos en los que no estaba tan presente. Desde las políticas públicas, pareció desaparecer o disminuir a un grado mínimo, las objeciones a contar con un registro personalizado que permitiera identificar, ubicar y como gran desafío actual, “re-vincular” a cada estudiante. Se está hablando hoy -y avanzando desde la elaboración de herramientas digitales- de una “cédula escolar única” que registre esas trayectorias educativas de todes les estudiantes del sistema educativo argentino. 

Pero no debemos confundir una aplicación o programa tecnológico que permita contar con la información de cada estudiante, con la importancia del “acompañamiento” que cada estudiante secundario requiere. El acompañamiento es una tarea docente fundamental. Tiene que ver con una acción de tutoría, aliento, consejo…

Pero hay algo más: El mismo concepto de trayectoria hace referencia a un constructo múltiple: Por un lado, habla de un camino personal y personalizado, que implica comprender que cada estudiante tiene su propio camino a recorrer, único e irrepetible, que se debe reconocer y, justamente, acompañar desde la institución educativa a la que pertenece. Pero también, de una tarea docente de acompañamiento y de una institución educativa que la contiene, y que le da a la “trayectoria”  esa impronta tan única y particular. El “éxito” de una trayectoria es el resultado de las actitudes personales de les estudiantes pero también del proceso de acompañamiento de les docentes en las escuelas. 

En estos momentos en que la escuela secundaria está interpelada porque son muy altos los porcentajes de estudiantes con los que las escuelas no pudieron sostener ningún vínculo o sólo una relación extremadamente lábil, hay una convicción muy generalizada de que no hay otra alternativa posible que reconocer las trayectorias de cada une de elles para reconstruir el vínculo y recuperar la “nueva regularidad” con la que deberán comprometerse miles y miles de adolescentes y jóvenes. 

Por otra parte, estamos ante un escenario que impondrá, de hecho “nuevas trayectorias educativas” porque las anteriores, no podrán retomarse igualmente. Los llamados “formatos híbridos” son otra manera de hablar de nuevas trayectorias. 

Por ello y sin duda alguna, la cuestión de las trayectorias educativas es una de las cuestiones centrales de la secundaria que viene. Desde sus aspectos pedagógicos, tecnológicos, sociales y de organización institucional. Aspectos que confluyen para ponernos en un escenario de profunda transformación educativa. 

Equipos Directivos y Supervisores liderando procesos de transformación

Cuando proponíamos esta bandera, estábamos convocando  a las instituciones educativas a cambiar esos modelos personalistas, autoritarios… que aún persisten en algunas, por otros en donde, a partir de consensuar un proyecto pedagógico institucional con todos los actores y miembros de la comunidad educativa, un equipo directivo lidera el proceso de llevarlo a cabo en la vida de la misma escuela. Esta propuesta incluye a los supervisores que acompañan en este formato institucional cooperativo y con fuerte compromiso de sus equipos docentes. 

La pandemia impactó muy fuertemente en las mismas bases de la estructura escolar. Al principio, la respuesta fue caótica y desordenada. Cada docente hizo lo que pudo, con gran esfuerzo pero poquísima coordinación. Pero luego, relativamente rápido,  hubo una importantísima reacción institucional, en algunos casos a partir de la iniciativa de supervisores e inspectores, en otras, de los mismos equipos directivos de las escuelas. 

Con el correr de las semanas quedó cada vez más claro que en aquellas escuelas cuyos equipos directivos lograban reconducir el proceso, la respuesta institucional era mejor y era posible realizar propuestas más potentes. 

Mientras desde las direcciones jurisdiccionales se buscaba acompañar con normativas y materiales, las escuelas comenzaban a pedir, cada vez con mayor convicción, que se respetara una relativa autonomía de las decisiones que en cada territorio surgían, teniendo en cuenta las características propias de las diferentes comunidades educativas. 

Son tantos los condicionamientos locales que cada escuela puede aprovechar o debe enfrentar, que suponer que una normativa central dispone formatos comunes que resuelven todas las situaciones que tienen que considerar los equipos directivos, es una quimera. 

Se requieren normativas jurisdiccionales que orienten las decisiones pero que respeten las adecuaciones locales y que posibiliten diferentes respuestas responsables y comprometidas teniendo en cuenta las realidades y posibilidades propias de cada institución. 

Para que esto no quede librado a caprichos individuales, es necesario que se fortalezcan equipos directivos que funcionen como tales. Se trata de una necesidad fundamental para la secundaria que viene.  Sólo así se podrá responder con creatividad y profesionalidad a los desafíos que se presentan. 

La formación de estos equipos es una tarea fundamental que tiene que ser asumida desde las distintas instancias existentes en cada jurisdicción, comenzando por los inspectores y supervisores, que deben impulsar especialmente estos modelos institucionales, y también desde los planes de capacitación en servicio que deben adoptar estas perspectivas. 

Incorporación de las tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje

Cuando hablábamos de esta bandera hace apenas un año, parecía que nos estábamos refiriendo a una bandera que consideraba la importancia de pensar en un “futuro de mediano plazo” y no quedarnos en el tiempo. Sin embargo, la pandemia cambió esta perspectiva de manera radical. 

Casi sin darnos cuenta, descubrimos que aquel futuro que se veía un tanto difuso, se transformaba en una urgente necesidad presente para posibilitar la continuidad pedagógica de miles y miles de estudiantes. 

Tres aspectos principales se pusieron rápidamente en el centro de muchísimos debates, declaraciones globales, intervenciones de organismos internacionales y también, enfrentamientos sociales que tuvieron particular visibilidad e impacto público.

  • Conectividad
  • Equipamiento
  • Tecnología/metodología educativa.

Aspectos que, por otra parte, se retroalimentan fuertemente entre sí. 

La sociedad comenzó a reconocer que la cuestión de la conectividad debía considerarse como un derecho humano fundamental de nuestro tiempo. Ya lo habían reconocido las Naciones Unidas hace unos años pero ahora dejaba de ser una  afirmación en una declaración internacional, para convertirse en un reclamo presente en una multitud de espacios de todo tipo. 

El debate sobre la conectividad como servicio, mercancía o derecho, ha venido ganando lugar en todos los sistemas educativos del mundo. La discusión está abierta y sus derivaciones son hoy por hoy impredecibles. 

Pero la cuestión no se agota en la disponibilidad de la internet o en su calidad, también es importante tener en cuenta de qué equipos se dispone para conectarse. La gran mayoría de les estudiantes de escuelas de gestión social y estatal solo cuentan con un teléfono móvil, en general de baja gama. Muchos, ni siquiera tienen ese recurso disponible. 

Ya advertíamos y denunciábamos las consecuencias de la  discontinuidad del programa “Conectar Igualdad” durante el gobierno anterior, pero nunca imaginamos que aquellas decisiones iban a ser tan destructivas para las trayectorias de grandes cantidades de estudiantes de todo el país en tan corto tiempo.  De pronto descubrimos que, con los cuatro años de interrupción de aquella política pública, prácticamente ningún estudiante de secundaria de nuestro país contaba en este momento con equipos informáticos provistos por el Ministerio de Educación de la Nación para afrontar la crisis. 

El tercer aspecto a considerar tiene que ver con las tecnologías y metodologías educativas. Veníamos reflexionando sobre esta cuestión cuando profundizábamos sobre el sentido de esta bandera, antes de la pandemia.  Por entonces nuestra principal preocupación era que no se utilizara la tecnología como  un recurso “novedoso” de replicar una manera de enseñar “bancaria”, tradicional, pasiva… aunque con un envoltorio tecnológico atractivo. La tecnología debe acompañar pedagogías diferentes que incorporen las lógicas propias de los formatos digitales. 

La inclusión de las tecnologías al mundo educativo, amplía las posibilidades de la escuela de vincularse con el mundo real, atravesado hoy ampliamente por la virtualidad. Pero además, lo digital no solo posibilita potenciar las capacidades de la inteligencia sino que también nos hace pensar de otras maneras. Y quizás este sea el aporte más importante de la tecnología aplicada a la enseñanza y aprendizaje.

Esta incorporación de tecnologías excede las cuestiones pedagógicas. También es necesario digitalizar la gestión educativa. 

Desde las plataformas de distinto tipo que la escuela requiere para funcionar, hasta para todo lo referido a la administración escolar y, como vimos, al acompañamiento de trayectorias educativas. La escuela “del papel” va ir quedando cada vez más como un registro en la memoria. Como sucede en otras áreas de la vida, los recursos digitales llegaron para quedarse y amplificarse hasta lo inimaginable. 

Una institución educativa que permita a los diferentes actores, en particular a las familias, hacer más visible y transparente las trayectorias educativas de les estudiantes, situación de su escolaridad, progresos curriculares y certificaciones… requiere también de una reconversión tecnológica sobre la que hoy ya se está trabajando, a partir de la idea de “Cédula escolar única” que está avanzando en su concreción. 

Según señalan todos los expertos y observadores de estos temas, uno de los impactos del tiempo de Pandemia, será un desarrollo impresionante de los recursos tecnológicos, apps, innovaciones programáticas… disponibles para el teletrabajo, la vida doméstica, la comunicación y la educación. Ya lo estamos comenzando a ver y a experimentar. 

Sin dudas, esta bandera se ha resignificado y aparece como un eje fundamental de la transformación de una secundaria que, si no incorpora profundamente las tecnologías, difícilmente podrá lograr casi ningún objetivo que se proponga.  

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Metodologías activas y formatos curriculares que impulsan la Enseñanza y el Aprendizaje. El trabajo por Proyectos. La enseñanza a partir de Problemas.

Esta bandera buscaba hacer eje en la necesidad de transformar las maneras de acceder, transmitir y construir el conocimiento dentro de la escuela. Cuando la elegimos luego de los numerosos procesos de consulta, era porque había casi un clamor generalizado de que debía transformarse profundamente la manera de enseñar y de aprender en la escuela. No solo porque les estudiantes nos decían que se aburrían y no le encontraban sentido a mucho de lo que se hacía en ella. También porque les docentes transmitían, desde otro lugar, la misma preocupación y creciente frustración.

Un mundo más activo, dinámico, visualmente impactante… dejaba a la enseñanza tradicional en situación de desventaja notable para llegar a les estudiantes con alguna posibilidad de motivación.

La pandemia nos enfrentó con esta misma realidad de manera imposible de disimular o evadir. Para algunos docentes, la respuesta era tratar de “dar clase” de manera tradicional pero utilizando la tecnología. Para ello, grababan sus exposiciones y las enviaban por whatsapp… aunque al poco tiempo descubrieron que ese camino no lograba buenos resultados. 

Muchos empezaron a elaborar “guías de estudio” con distintos trabajos que posibilitaran la investigación y la búsqueda de información en diferentes sitios al que les estudiantes eran invitados a visitar o a encontrar.

Aquelles docentes que tenían más práctica en el trabajo por proyectos o por problemas, pudieron resolver esta cuestión un poco mejor y lograron propuestas más interesantes y mejores, desde el punto de vista de los procesos de enseñanza. 

Lo mismo puede constatarse desde una perspectiva institucional: aquella escuelas que propusieron a sus equipos docentes un trabajo interdisciplinar organizado, pudieron efectivamente desarrollar formatos pedagógicos que evidenciaron mejores resultados desde el punto de vista educativo. 

Sin embargo, una de las grandes limitaciones que en general sufrieron los docentes fue la dificultad de organizar trabajos grupales con les estudiantes. Solo algunes lograron que eso sucediera en el marco del distanciamiento o aislamiento social. La mayor parte del trabajo fue individual. Esto es una pérdida muy grande, que profundiza el distanciamiento que, de por sí, la pandemia generó, con sus consecuencias emocionales en les estudiantes que fueron advertidas por todes les docentes. 

La gran pregunta que debemos hacernos es si esta cuestión es inherente a la virtualidad o, en realidad, es solo una señal de que, sobre esta cuestión, la formación docente no logró capacitar suficientemente a los educadores para poder abordar satisfactoriamente este desafío. Ante el futuro que se viene, se trata de algo tan sensible como central. Trabajar la sociabilización y -como veremos en otro apartado de este mismo texto- las emociones y sentimientos, con herramientas digitales y virtuales. 

Estamos convencidos de que transformar las maneras de enseñar y aprender en la escuela secundaria es uno de los principales desafíos que hoy tiene el sistema educativo por delante. Es necesario trabajar esta cuestión. Tanto desde la formación docente como desde la misma práctica de enseñanza para poder utilizar mejor las herramientas digitales que tenemos a disposición.

Si esto no sucede, puede avanzar cierta concepción que imagina la escuela como una “maquinaria de enseñar contenidos”. En donde la relación interpersonal se minimice o desprecie. Hay una amenaza, denunciada por importantes actores de la educación, de que intereses privatizadores impongan un formato de enseñanza “pantallarizado” y estandarizado, en donde la mediación del docente desaparezca casi por completo, replicando mecánicamente procesos y evaluaciones, y transformando la educación en un acumulado reproductivo de conocimientos meramente trabajados desde lo cognitivo intelectual.

Para que la educación tenga efectos reales en las vidas de les estudiantes, es necesario trascender conocimientos y  proponer aprender “saberes” que impacten su realidad cotidiana, en sus maneras de aprender y de aplicar lo que aprenden sus vivencias diarias. 

Esto no se logra con una mera transmisión de contenidos, requiere atravesar la experiencia y, de alguna manera, impactar en los saberes previos y reconstruirse desde allí, como nos enseñó Vigotsky al hablar de las “zonas de desarrollo próximo”, por ejemplo. 

La escuela que necesitamos, debe resolver estas cuestiones pedagógicas de manera urgente, para responder a lo que les estudiantes de nuestros tiempos requieren, pero también a las dinámicas que la sociedad reclama hoy a las instituciones educativas. 

Inclusión de la perspectiva artística y emocional en los procesos de enseñanza y aprendizaje

Cuando realizamos las consultas intersectoriales que nos permitieron identificar los ejes que luego dieron origen a las “banderas de la transformación”, una de las claves que advertíamos con mucha fuerza tenía que ver con la importancia que, especialmente les estudiantes, daban a la cuestión de la emocionalidad, las sensaciones y los territorios corporales, respecto de la enseñanza y el aprendizaje. 

Ya sea por denunciar su ausencia muy generalizada, o por destacar el valor de las presencias -aisladas- de estas dimensiones, el tema salía una y otra vez. Estudiantes -y a veces docentes- hacían notar que era en los espacios en donde aparecía la cuestión artística, donde estas dimensiones eran más y mejor reconocidas dentro de la escuela. Y no solo en las “asignaturas” referidas al tema. También en los espacios escolares intervenidos por esta perspectiva artística. Por otra parte, lo artístico no aparecía como una cuestión sólo referida a las asignaturas específicas (música, plástica, teatro…). También escuchamos con atención que algunas escuelas y organizaciones nos decían que, a través del arte, era posible acceder de otra manera a otros conocimientos curriculares generales, que podía ser mucho más eficaz y garantizar así mejores aprendizajes. 

En la pandemia observamos que estas cuestiones también se pusieron en juego y tensión. 

Por una parte, cuando se recurrió a la tecnología para reproducir la enseñanza bancaria, surgieron propuestas educativas que generaron más rechazos que entusiasmo y que, finalmente, contribuyeron a la desvinculación de les estudiantes que no se interesaban en poner esfuerzo para acompañar esas propuestas o no se sentían convocados para hacerlo. 

Hemos escuchado, por ejemplo, que muchos docentes señalaban que, al no haber “exigencias de evaluaciones”, les estudiantes perdían interés.  Situación que más bien pone en evidencia costumbres bastante generalizadas en las instituciones educativas de generar un vínculo pedagógico ligado a la necesidad de promover y certificar más que al interés por aprender. También fue posible encontrarse con prácticas muy creativas y originales que pusieron en juego las emociones, sentimientos y lo experiencial para construir propuestas en la continuidad pedagógica.

Cuando esto sucedió, los vínculos pedagógicos y la continuidad de las trayectorias educativas alcanzó mejores resultados. Existe una relación muy fuerte entre calidad de la propuesta pedagógica y respuesta de les estudiantes. Y, también sin dudas, cuando fue posible poner en juego estas dimensiones, se pudo verificar mejor calidad en las propuestas. 

En el tiempo de aislamiento más fuerte, les adolescentes sufrieron muchas situaciones derivadas del encierro prolongado y la falta de encuentro con pares. No fueron pocos les estudiantes que, aún teniendo las condiciones materiales y tecnológicas garantizadas, no pudieron sostener ningún vínculo pedagógico con la escuela. Su situación emocional estaba dañada, con señales de depresión, angustia, ataques de ansiedad… Además de les que sufrieron violencias domésticas agravadas, complejas situaciones intrafamiliares, fugas de sus hogares e intentos -o prácticas-  de suicidios. Todas estas situaciones hacen de lleno a las trayectorias educativas y a la necesidad de que la escuela preste atención e intente acompañar debidamente a quienes las sufren. 

Ante el exigente desafío que hoy se nos plantea por la revinculación, una de las claves que se pone en juego es cómo desarrollar propuestas pedagógicas que incluyan la emoción, los sentimientos y los afectos y “pasen” por los cuerpos de les estudiantes. Si nunca el aprender fue solo un ejercicio cognitivo intelectual, hoy no es posible desconocer la necesidad de que la pedagogía tenga en cuenta estas cuestiones cuando propone caminos de enseñanza aprendizaje. Difícilmente haya una revinculación efectiva sin estas consideraciones, difícilmente haya un compromiso con la propia trayectoria educativa, si la educación a la que se invita a les estudiantes a participar, ignora estas necesidades que, para les adolescentes, son básicas y estructurantes de su ser en el mundo. 

Instituciones escolares democráticas y participativas

La pandemia provocó muchas situaciones absolutamente inéditas e inesperadas en todos los campos de la vida. El sistema educativo no fue ajeno a esta realidad. 

Especialmente al principio del aislamiento social, cuando la escuela debió clausurarse a la presencialidad tal como la conocíamos, cada uno de los actores que la conforman, debieron reacomodarse a la nueva realidad. Es cierto que no todos pudieron hacerlo de la misma manera y con los mismos resultados. Condiciones sociales, geográficas, tecnológicas, económicas… potenciaron o dificultaron esta posibilidad de reconfigurarse para la nueva situación. 

Algunas aspectos se volvieron evidentes y es muy importante destacarlos para poderlos interpretar más convenientemente. 

En aquellas instituciones educativas en las que la vida interna estaba mejor organizada y la participación más canalizada, esos espacios se volvieron claves a la hora de enfrentar la situación inesperada. 

Las escuelas que tenían cooperadoras escolares o asociaciones de familias fuertes o mejor organizadas, casi de inmediato pudieron estar junto a los equipos directivos planificando las entregas de alimentos, los “bolsones”, transformando sus “comedores escolares” en atención directa más efectiva.  También pudieron reclamar a las autoridades por mejores respuestas tanto en lo asistencial, en lo referido a las infraestructuras,  como en lo pedagógico. En algunas jurisdicciones estos reclamos significaron verdaderas “luchas” con logros importantes respecto de estos u otros reclamos. 

Cooperadores y directivos presentes en las escuelas, aún en los momentos más duros del aislamiento,  dieron cuenta de esta situación. 

Algo parecido sucedió con las escuelas que contaban con Centros de Estudiantes activos y organizados. Les estudiantes se “movieron” para llegar a sus compañeres que estaban desvinculándose para sostener sus trayectorias. Organizaron actividades, facilitaron contactos y hasta se ocuparon de fotocopiar guías y cuadernillos para quienes no tenían conectividad. 

En no pocos lugares, organizaron campañas para conseguir equipamiento informático o “datos telefónicos” para hacerlos llegar a les estudiantes que no contaban con ellos.

Además, desde sus articulaciones y redes nacionales y federales, se realizaron numerosas acciones durante los meses de ASPO y DISPO.  Destacamos las importantísimas encuestas hechas a través de la virtualidad para dar cuenta de la situación de les estudiantes en estos largos meses.

En este tiempo hemos podido, además, ver cómo equipos directivos de muchas escuelas, llamaban, consultaban, se reunían… con familias y con centros de estudiantes para reflexionar y encontrar mecanismos de funcionamiento más adecuados para hacer frente a las situaciones inesperadas que se iban presentando a diario, y para las que casi nadie tenía respuestas eficaces. 

A nivel nacional, el ministro de Educación convocó a las redes nacionales de centros de estudiantes a participar del consejo creado  para proponer los protocolos de “vuelta a las escuelas”, espacio en el que participaron con mucha responsabilidad.

Todo esto habla de la importancia de que la escuela cuente con una vida institucional activa, participativa y organizada. Esto vale para estas situaciones especiales, pero también para la vida cotidiana, marcando una diferencia sustancial que da cuenta de una de las características de la “educación de calidad”.

Cuando se escucha a directivos y docentes hablar de cómo será la salida de la pandemia o cuando se leen las normativas generadas tanto a nivel nacional como jurisdiccional referidas a los próximos pasos inmediatos… en todos los casos se hace clara referencia a la necesidad de escuchar lo que se piensa desde cada institución educativa. En este tiempo, esto implica la escucha de la comunidad educativa y de sus actores principales. 

Imaginar que la escuela puede concebirse como un espacio en donde solo opinan los directivos de manera aislada e inconsulta, sería sin duda alguna “una vuelta atrás”. 

Lo mejor de lo que viene tiene que ver con reconocer que la escuela se ha potenciado con la riqueza de la participación de todes les que la conforman y que es con todes que se transformará en lo que la sociedad y les estudiantes y sus familias necesitan y esperan de ella. 

El compromiso de la Escuela con su territorio

Cuando la pandemia y las medidas de aislamiento impactaron de pleno en el Sistema Educativo, las escuelas debieron “hacer pie”  donde podían para, desde allí, comenzar a responder a una exigencia que, como vimos, era inédita para todes. 

Muy rápidamente fue posible advertir que, docentes y directivos, al principio muy aislados de sus autoridades distritales y jurisdiccionales, debían encontrar la mejor manera de inventar una metodología adecuada para la continuidad pedagógica de sus estudiantes. 

No fue tarea fácil. Al principio, por la sorpresa y la falta de preparación para el uso de las tecnologías digitales. Luego, por los problemas que comenzaban a aparecer, cada vez con menor disimulo y más agresivamente. 

Entonces fue posible advertir hasta dónde el conocimiento y el compromiso de las escuelas con su propio territorio se iba volviendo más y más fundamental. En muchos sentidos. Aquellas escuelas que conocían mejor su realidad circundante, que tenían mejores vínculos con diferentes organizaciones sociales y con las instituciones de su territorio, contaban con más herramientas y recursos para dar respuestas a les estudiantes que no llegaban a contactar. 

Hubo articulaciones con los municipios para mejorar la provisión de alimentos, para multiplicar las guías escolares, para garantizar una mejor atención a las cuestiones sanitarias y a los protocolos que se iban diseñando. 

Hubo trabajo conjunto con movimientos y organizaciones sociales que permitieron llegar a donde la escuela por sus propios medios no lograba hacerlo.  

Por otra parte, algunas escuelas fueron seleccionadas como centros de atención a la propia comunidad, realizándose allí hisopados o, hasta en algunos casos, dando lugar a espacios de aislamiento para personas que no podían garantizarlo en sus hogares, habiendo tenido contactos estrechos o síntomas de contagio.  Escuelas de formación técnico profesional comenzaron a producir material sanitario (máscaras, barbijos, camisolines…) para proveer a centros de salud y trabajadores esenciales durante los momentos más duros de la pandemia. 

Pero, además de estas cuestiones tan importantes, hay un aspecto que quisiéramos subrayar con mucha intensidad: la virtualidad permitió otra aproximación a la realidad familiar de muchísimos estudiantes. De pronto, a través de innumerables pantallitas virtuales, docentes y directivos entraban a los hogares de sus estudiantes y tenían conocimiento directo de sus condiciones reales para la educabilidad, sus potencialidades y, aún más, sus limitaciones.

Las escuelas se “abrieron” de manera abrumadora a esta realidad personal de les estudiantes y no pocos docentes comentaron su sorpresa ante la percepción de diversas situaciones que no imaginaban ni cercanamente. Fue posible para muchos comprobar cómo juegan los prejuicios que suelen  sobrevolar los imaginarios pedagógicos. 

Todo esto puso en evidencia que también esta bandera de la transformación supondrá nuevos desafíos en el tiempo que se viene.  

Muchas escuelas descubrieron claramente una nueva forma de vincularse positivamente con su entorno, conociendo y reconociendo la realidad en la que están inmersas, todo lo que tienen para aportarle a su comunidad y todo lo que su comunidad puede brindarle al proyecto educativo institucional. 

Seguramente, para pensar cómo revertir muchas situaciones no deseadas que el 2020 generó para el sistema educativo, el compromiso de las escuelas con su territorio resultará una clave indispensable a la hora de encontrar los mejores caminos posibles para lograrlo. 

Trabajo Docente en la Escuela Secundaria. El Cargo Docente. Fortalecimiento institucional de los equipos de la escuela. 

Finalmente, queremos hacer referencia a esta octava bandera para la transformación, en esta recorrida que nos ha hecho transitar por algunos de los  caminos que hemos recorrido  en este inolvidable ciclo lectivo 2020 y que nos proyecta al futuro. 

La necesidad de ir hacia una reconfiguración de la tarea docente hacia el formato de “cargo docente”, entendiendo por esto un compromiso mayor con la institución educativa que con la asignatura, una dedicación efectiva mayor en la escuela, tiempos específicos para el trabajo interdisciplinar y en equipo, y para el acompañamiento de las trayectorias educativas de les estudiantes… todo esto apareció como una gran necesidad irrenunciable en el tiempo del aislamiento y del trabajo desde la propia casa. 

Una las exigencias que más rápidamente fue reconocida por la mayoría de les docentes fue la de poder comenzar a pensar un trabajo interdisciplinar y articulado, que evitara que cada estudiante recibiera un conjunto desarticulado de guías y propuestas de trabajo, con lógicas distintas, por medios virtuales diferentes y con lenguajes también divergentes.

En algunas jurisdicciones en donde ya se venía avanzando en este tipo de modificaciones fue sensiblemente más sencillo poder resolver varias de estas cuestiones. Al contrario, en donde los formatos eran más rígidos, los problemas se presentaban más complejos para su resolución.

El sistema educativo está por comenzar una nueva etapa en los próximos meses. No se puede saber aún a ciencia cierta cuál será situación que se deberá enfrentar. El gran deseo es que, al llegar a marzo del año próximo, la situación de la pandemia esté con un cierto nivel de control que permita la presencialidad en las escuelas. De todas maneras, aún en los casos en los que la pandemia no haya retornado a una segunda fase de expansión entre la población, como actualmente se está verificando en varios de los países más desarrollados, no parece posible que la esperada presencialidad tenga las mismas características que tuvo la que conocimos antes del comienzo de la pandemia. Lo más probable es que se imponga la necesidad de una cierta alternancia para permitir grupos menos numerosos de estudiantes en las aulas. 

Todas estas determinaciones sanitarias tendrán impacto en las decisiones pedagógicas y en la organización escolar. En cualquier caso, estas no podrán llevarse a cabo si no es con adaptaciones importantes de la tarea docente, sus responsabilidades y las modalidades para llevar a cabo las mismas. 

La idea de “cargo docente” va a aparecer como una necesidad, a nuestro juicio, insoslayable. No solo porque no creemos posible otra alternativa organizativa sino porque estamos convencidos de que es la mejor para estar en condiciones de responder a los nuevos encuadres requeridos.

Volvemos a la idea inicial de que se necesitan docentes que se sepan y se sientan parte de un proyecto educativo institucional, más que docentes “de asignaturas”, por más que puedan seguir siéndolo.  Estos docentes deben estar dispuestos al trabajo en equipo con otros docentes, a una planificación integrada, a una evaluación colectiva y a un trabajo areal diseñado y ejecutado en forma conjunta. 

Por otra parte, seguramente habrá que pensar, en cada institución, en docentes que deberán estar atentos a procesos de revinculación  y otros al acompañamiento específico de los procesos virtualizados que podrían continuar o tener lugar. 

Por supuesto, todo esto debe poder lograrse con el necesario cuidado por las condiciones y derechos laborales de los trabajadores, resolviendo con mucha atención las dificultades que pudieran suscitarse al respecto. 

Habrá que considerar seriamente la incorporación de Equipos Institucionales que cumplan roles de acompañamiento a las trayectorias educativas de les estudiantes. 

Al mismo tiempo, se requerirá acompañar estos procesos con proyectos de capacitación docente, tanto colectivos como en servicio, que brinden herramientas para que les docentes y directivos puedan adaptarse a estos nuevos formatos y propósitos que la nueva normalidad va a exigirnos. 

Concluyendo…

El recorrido que acabamos de hacer nos permite confirmar que las “8 banderas para la transformación” de la escuela secundaria tendrán una gran vigencia en el período que está por comenzar. Pero, más allá de esta cuestión, lo más importante es ratificar nuestra convicción respecto de la necesidad de que la transformación de la escuela secundaria sea una prioridad de la etapa que comienza. 

Muchos piensan que la desvinculación que hemos sufrido entre miles de estudiantes y sus escuelas, hubiera sido mucho menor si este proceso de transformación se hubiera encarado con mayor convicción, compromiso y recursos desde años atrás. 

En todo caso, ya no estamos ante una “oportunidad”. Se trata de una “urgencia” a la que no se puede hacer oídos sordos y mirar para otro lado. Si la escuela secundaria no se transforma, el futuro mismo de la educación formal de nuestro país estará inevitablemente herido y el derecho a la educación posiblemente no pueda garantizarse efectivamente para la mayoría de nuestro pueblo. 

Las consecuencias serán demasiado lamentables en perspectiva del proyecto futuro de nuestra patria/matria. 

La pandemia ha acelerado los tiempos.  

Nos queda verlo y actuar. 

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  1. Quiero agradecer a Gabriela Lerzo, Mariela Bialy y Facundo Pajón por la lectura, comentarios y sus importantes aportes a este texto que hoy pongo a consideración de todes.
    Y también reconocer a tantos docentes, estudiantes y miembros de la comunidad educativa que se encontrarán a sí mismos en estos párrafos, por todo lo compartido y aprendido de cada uno de elles a lo largo de este extenso tiempo de pandemia (diciembre de 2020). 

La vuelta a las clases presenciales

Durante estos 8 meses de aislamiento social (ASPO) y/o de distanciamiento social (DISPO), en diferentes territorios del país, a causa de la pandemia que estamos viviendo, escribí distintas reflexiones y posicionamientos, a la luz de los acontecimientos que iban desarrollándose.

Más de un millón de personas contagiadas y miles de personas fallecidas son el trágico saldo de esta terrible enfermedad que nos sigue teniendo en vilo. 

La sensación generalizada es que se nos hace muy difícil soportar este aislamiento, tanto desde lo emocional como desde lo económico. Claro que al virus esto no le importa en lo más mínimo. Y se toma su tiempo y su presencia  entre nosotrxs no deja de contagiarnos. En este momento, a razón de alrededor 10.000 personas por día. Un poco menos que los 15.000 a los que llegamos en lo que fue el posible “pico” de esta pandemia.  Aunque, siendo estrictos, nadie puede aún asegurar que ese haya sido el guarismo más alto de contagios que sufriremos en nuestro país hasta que pase la pesadilla.

Mientras tanto, la situación educativa de nuestro sistema se fue agravando día a día. Hoy ya son muchxs menos lxs estudiantes que están “conectados” y que responden a las tareas y propuestas que sus docentes les hacen llegar, como pueden. 

También les docentes están muy cansados. Es que la tarea docente no se ha interrumpido y la mayoría de les docentes ha hecho un esfuerzo gigantesco para sostener la “continuidad pedagógica”. Lamentablemente, no fueron TODOS les docentes quienes obraron ejemplarmente. Algunos no lo hicieron. O bien porque la virtualidad les costaba muchísimo, porque no estaban preparados para esta tarea o porque no quisieron hacerlo. Sin embargo, la mayoría sí estuvo en las trincheras virtuales poniendo todo de sí. Los resultados son loables desde el esfuerzo pero menos satisfactorios desde la situación educativa de les estudiantes. Es necesario recordarnos una  y otra vez, que estamos hablando de una situación de pandemia, que nos impuso durísimas condiciones de vida, mucho más allá de lo económico que, de por sí, ya fue bastante devastador, sobre todo, para la gran mayoría de les estudiantes de las escuelas públicas. 

En este contexto, quiero compartir con ustedes sobre todo dos reflexiones y, si me permiten, también llamadas de atención. 

En primer lugar, quiero expresar claramente mi incomprensión del por qué se ha puesto tanta presión en estas últimas dos semanas en “volver a la presencialidad en las escuelas”.  Realmente me parece que no tiene sentido ninguno, desde lo pedagógico y educativo, esta situación que se quiere forzar. 

A muy pocos días del final del curso lectivo, pretender que les estudiantes vuelvan a clases en las escuelas, dos o tres horas, cada 15 días… me parece que no es para nada significativo y, más bien, aumenta la confusión de todxs los que participan activamente del sistema educativo. Por otra parte, genera más presión sobre les docentes que, además de sostener la virtualidad para finalizar el año, tienen que ir a las escuelas para “dar clases” en condiciones muy confusas y poco eficaces, teniendo en cuenta lo que los protocolos exigen. 

Conversando con docentes de muchas provincias del país, me han dicho que, en sus jurisdicciones, “nadie piensa en volver este año”… Eso, en este contexto, me parece lo más sensato. Tanto desde el punto de vista del cuidado de la salud, como de la continuidad pedagógica. Como ya lo he escrito  hace unas semanas, la propuesta del ATR de provincia de Buenos Aires, me parece una muy buena alternativa para buscar alguna forma de revinculación de les estudiantes con quienes se ha perdido contacto. Obviamente, no para volverlos a una “presencialidad” que hoy no tiene mucho sentido… Algunas otras jurisdicciones están diseñando propuestas similares.

La segunda reflexión tiene que ver con “el futuro” educativo de medio o de largo plazo.  

Todxs tenemos muchas expectativas, más allá de los sectores muy minoritarios aunque ruidosos que se oponen, en que entre diciembre y febrero, se haya vacunado una parte muy importante de nuestra población. De momento, es un gran deseo, apoyado en convenios que nuestro gobierno ha ido firmando con los principales laboratorios y sus respectivos países. Lo cierto es que aún no están las vacunas aprobadas por la OMS, aunque suponemos que se superará satisfactoriamente la etapa de prueba. 

Si esto fuera así, en febrero o marzo del año próximo podríamos estar volviendo a abrir las escuelas y recibir a nuestrxs estudiantes. 

En esa posibilidad, deberíamos plantearnos diferentes escenarios posibles y actuar en consecuencia. ¿Cuáles son los que yo estoy imaginando?

Básicamente, dos posibles: Que se retomen las clases presenciales más o menos como las conocemos. O que esto no sea posible (por diversos motivos).

Analicemos esta última posibilidad. 

Las clases pueden no retomarse presencialmente porque, al comenzar el otoño y más allá de las vacunas, los casos vuelvan a crecer y no sea recomendable retomar la presencia colectiva en las aulas. En ese caso, puede que no se retome inmediatamente la presencialidad o que se decida ir a un formato de “burbujas” con reducido número de estudiantes, que se alternen en las aulas. Si esto sucede, deberíamos poder comenzar el ciclo lectivo, con propuestas pedagógicas elaboradas, tanto para aquellxs estudiantes que tengan conectividad, como para aquellos que no la tienen y no la tendrán en un tiempo breve o medio. . 

Por ello, es fundamental que, ante esta posibilidad, tanto desde los equipos jurisdiccionales como desde los docentes, se diseñen materiales y propuestas pensadas para quienes se continuarán conectando virtualmente, como para quienes no lo contarán con los medios necesarios para ello. 

No podemos permitirnos comenzar el año próximo sin estas propuestas elaboradas y preparadas. No nos podemos dar el permiso de la improvisación. Por supuesto, no estaremos en la misma situación que nos sorprendió al comenzar el ciclo lectivo 2020. Tenemos la obligación de prever estos escenarios y actuar en consecuencia. Y, desde ahora, tenemos por delante 5 meses para ello. 

Analicemos ahora la primera alternativa: Que puedan retomarse las clases presenciales al comenzar el año 2021. 

Por una parte, ya sabemos que, al menos los primeros meses, los necesitaremos para completar aquellas cosas fundamentales que no fueron posibles alcanzar en el año que estamos terminando. El “ciclo continuado” nos exigirá formatos pedagógicos especiales, que no están aún diseñados por completo. En algunos casos, para “recibir” a les estudiantes en un nuevo ciclo o nivel educativo, diferente al que este año estaban transitando. 

Por otra parte, aun en la presencialidad, tendremos que aprender a cuidarnos mucho más. El aseo en la escuela y de la escuela, y cierto distanciamiento será también recomendable. Todos hemos aprendido que, gracias a los cuidados preventivos del COVID, este año han habido muchas menos gripes y resfríos (y otras enfermedades) que las que estábamos acostumbrados a padecer… 

Por otra parte, es de esperar que hayamos aprendido nuevos formatos didácticos y propuestas pedagógicas y que no las abandonemos por completo en la presencialidad. Nuestrxs estudiantes tienen que continuar aprendiendo a “aprender” con formatos mixtos que combinen presencia cercana con trabajos virtuales. Todo lo que hemos desarrollado es fundamental que no lo perdamos, entre otras cosas, para estar preparados ante nuevas situaciones similares a las que hoy estamos padeciendo. 

Seguramente debamos fortalecer la perspectiva de la iniciativa personal de les estudiantes para los aprendizajes, procurar que sean menos dependientes y más autónomxs.

Será importante que construyamos metodologías mixtas (virtuales y presenciales) que nos permitan construir y fortalecer la grupalidad y el encuentro. Una nueva crisis no nos puede encontrar igualmente desprovistos de tecnologías y metodologías para mantener fuertes lazos comunicacionales.

También la escuela deberá reconfigurar su relación con las familias y las organizaciones sociales de la comunidad de pertenencia. Estas han jugado un rol fundamental en este tiempo (O no lo han podido hacer, con gravísimas consecuencias para las trayectorias de les estudiantes. ) La nueva etapa no nos puede llevar a ignorar todo este gran compromiso ciudadano para con la educación de nuestro pueblo. 

Desde cada escuela y desde el conjunto de la sociedad, también debe crecer una demanda ciudadana para garantizar el derecho a la conectividad  y a contar con equipos para poder estudiar. Hemos aprendido que era fundamental contar con esta posibilidad y que lo contrario implica profundizar la desigualdad de una manera que ya no se podrá tolerar. 

Por último, será fundamental trabajar en procesos de formación docente que permitan capacitar a todxs lxs educadores para estar preparados para responder a los requerimientos que venimos señalalando.   

Estoy convencido que es mucho más importante que estemos pensando en cómo comenzaremos el año 2021 que en forzar un retorno anticipado a clases presenciales en estos últimos 30 días del año educativo 2020. Se requiere una visión estratégica de futuro y actuar en consecuencia. No hacerlo sería, además de una gran mediocridad mental, un error político y pedagógico de gravísimas consecuencias. 

No pretendo que todxs coincidan con mi mirada y mis reflexiones. Pero al menos, espero poder discutirlas respetuosa y firmemente. Son miles y miles de trayectorias educativas estudiantiles las que están en juego. No debemos mirar para otro lado.  

Prof. Alberto Croce

Secretario Nacional
Campaña Argentina
Por el Derecho a la Educación (CADE)
noviembre 2020

Una historia para contar un 17 de octubre

17 de octubre.

Momento para pensar el peronismo en mi historia. O mi historia como peronista. 

Buceo en mi niñez.

Como en tantas familias de aquellas épocas, el peronismo estaba silenciado. Cuando se hablaba del peronismo o de Perón, se bajaba la voz, como para que no te escuchen, aunque estuviésemos solos. 

Siempre fue difícil para el Alberto niño, entender el  por qué esa actitud que sólo aparecía cuando se hablaba de Perón. 

Una parte de mi familia, la que estaba mejor económicamente, era totalmente gorila. Y se preciaba de ello. 

Pero en medio de aquella opacidad, en mi memoria también aparece ella : mi abuela Yolanda, “la Nonna”.

No recuerdo bien si fue ella o mi mamá, quien me contó que la Nonna, que vivía en el barrio de Núñez por entonces, escribía cartas para que otras mujeres del barrio pudieran llevar sus necesidades a la Fundación “Eva Perón”. Por supuesto, narrado en voz baja en mi familia. Pero no ocultado. 

Con el tiempo empecé a entender que allí había algún misterio que florecía desde lo profundo. MI abuela Yolanda escribía bien. Había podido estudiar… cosa que no estaba tan generalizado para las mujeres de su época. 

Por otra parte, en el barrio había corrido su fama de que ella podía escribirle cartas a las otras mujeres que no se animaban o sabían hacerlo, para que Evita las recibiera y las respondiera, con palabras  y con máquinas de coser, camas, juguetes para sus hijos, medicamentos, trabajo… 

Mi abuela estaba en contacto con aquellas mujeres pobres del barrio… 

El tiempo pasó y fui descubriendo a la “Nonna” como una mujer sensible, de fe, solidaria, simpática, divertida… profunda…

Cuando llegó a su edad anciana, cuando estaba ya enferma del corazón, no podía seguir viviendo sola. Yo vivía en la villa de Malaver-Villate, en mi casita villera… Fui a hablar con ella y le dije que tenía que elegir: Ir a un geriátrico o venirse a vivir conmigo. No lo dudó ni un momento: se vino al barrio. 

Yo vivía un poco como siempre viví, corriendo de un lado para otro. Ella estaba en mi casa y, todas las tardes, varios vecinos y vecinas (adultos y también niñxs) venían a mi casa a encontrarse y conversar con ella. Ella se deleitaba haciéndoles un cafecito (tan ricos como nunca más volví a probar.)
Y yo seguía sorprendiéndome de mi Nonna.
Cuando enfermó más y ya no podía casi caminar, una familia muy querida, la familia de Susi Flores, me propuso llevarla a su casa para poderla cuidar mejor y que no estuviera tanto tiempo sola en mi casita.  (En los barrios, las casas no terminan en las puertas… sino el barrio es una especie de “casa grande”. )

Allí vivió hasta que voló al cielo. Murió en mi querido barrio Malaver-Villate !
Aquella abuela “peronista” moría en la villa en la que yo, su nieto discolo, había elegido para vivir.
Con ella entendí sin muchas palabras ni explicaciones, lo que era el peronismo. Sentirse pueblo, orgulloso de serlo, abrazando el proyecto de pueblo con sencillez, amor y convicción, no con rebuscadas razones intelectuales.
Con ella aprendí que el amor por los descamisados, los grasitas, es esto: “fundirse con el pueblo que es la única verdad”, como canté tantas veces.

Por eso, creo que puedo sentir desde el fondo de las tripas, que es el fondo de la historia, lo que expresa nuestro pueblo cuando levanta los dedos en V y grita: “Viva Perón, Carajo!”

Gracias Perón, Gracias Evita, Gracias Néstor, Gracias Cristina,
Gracias, querida Nonna !

Reflexionando sobre la resolución 370/20 del Consejo Federal de Educación

El jueves 8 de octubre, luego de intensos momentos de intercambio y exposición de diferentes posicionamientos y situaciones, el plenario del Consejo Federal de Educación aprobó la resolución 370/2020 que se refiere a los “CRITERIOS EPIDEMIOLÓGICOS PARA ESTABLECER LA REANUDACIÓN DE ACTIVIDADES PRESENCIALES EN LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS”. Ante la consulta que recibí de muchxs compañerxs educadores comparto las siguientes consideraciones: 

Ante la gravedad de la situación que estamos atravesando en estos momentos, con la pandemia extendida por todo el país y con niveles muy altos de contagios y fallecimientos, la cuestión está extremadamente delicada.(Mientras escribo estas líneas, Argentina supera su propio record de fallecimientos superando los 500 diarios).

La presión mediática y no pocos intereses muy poderosos, insisten en la urgencia de abrir las escuelas a la presencialidad, en momentos en los que esta decisión implica riesgos inmensos para les estudiantes, les docentes y las familias de todes elles.

En términos generales, como expresé en la reunión del Consejo Nacional de la Calidad de Educación, me parece que la resolución acordada es un paso muy importante para lograr gestionar mejor este momento tan crítico. Definir niveles epidemiológicos con indicadores claros y objetivos permite tomar mejores decisiones, sin lugar a dudas. 

Creo que si se es estricto con la interpretación de la misma, estamos muy lejos de poder retomar la actividad presencial en las escuelas como muchos desearíamos por el bien de la escuela misma. 

Entiendo que los puntos más delicados de la resolución tienen que ver con lo que se denomina el nivel de “riesgo mediano” (semáforo amarillo). Más allá de los indicadores, para muchxs ese riesgo mediano implica aún importantes riesgos para estudiantes y docentes. Quizás allí está la mayor dificultad de esta herramienta. 

Yendo al texto mismo de la resolución, se propone “organizar actividades educativas no escolares” en las área de nivel de “riesgo medio”. Es importante que reconozcamos que estas actividades, como se ha afirmado claramente desde el Ministerio de Educación de la Nación, “no son la escuela”. Podrían ser asimiladas a un  “centro de día” o un “club juvenil”. Están pensadas como actividades de “revinculación”. No creo que lo sean técnicamente hablando. Se logrará quizás desarrollar algunas acciones con adolescentes o niñes. Las autoridades jurisdiccionales deberán preguntarse si tendrá sentido exponer a estos niñes y adolescentes, y consecuentemente a sus familias,  al riesgo de contagios, para realizar este tipo de actividades recreativas. 

La resolución también propone “Poner en funcionamiento las instituciones educativas con presencia de equipos directivos y docentes, y no docentes cuya asistencia no requiera traslados interurbanos”.

Como señalé en la reunión del Consejo Nacional de Calidad Educativa, la expresión no es la más feliz. Como el mismo Ministerio de Educación ha señalado en todas las oportunidades en las que tuvo posibilidad de expresarse, las escuelas han estado y están en funcionamiento permanente aún en medio del aislamiento más estricto. El Sistema Educativo no ha detenido sus actividades y, en general, la mayoría de les docentes ha trabajado aún más que durante el tiempo de presencialidad. Esto es importante subrayarlo porque algunos sectores sociales, lo han puesto en duda y siguen afirmando que en realidad, cuando les docentes cuestionan el regreso a la presencialidad es porque “no quieren trabajar”. Rechazamos de plano estas afirmaciones y nos solidarizamos con cada uno de les docentes que están poniendo todo de sí por sostener y garantizar el derecho a la educación de nuestro pueblo en medio de la pandemia. 

             Que les docentes vayan a las escuelas presencialmente en el nivel de “riesgo medio” tiene otros aspectos a los que se deberá prestar mucha atención. Si les docentes van a las escuelas, en donde no tienen en muchos casos la conectividad necesaria ni los equipos o dispositivos requeridos, no podrán acompañar en esos horarios la continuidad pedagógica de les estudiantes que han podido mantener el vínculo con las escuelas. O deberán hacerlo en otros momentos personales, multiplicando así su horario de trabajo. Es una cuestión que hay que pensar con mucho cuidado para no agravar los problemas que ya tenemos.

Por otra parte, sugiero pensar la posibilidad de que las instituciones educativas dediquen una o dos semanas, con suspensión de clases, para que les docentes que puedan concurrir a las escuelas -y los que no lo hagan de manera remota- planifiquen y diseñen en conjunto el formato de educación dual o mixta que se requerirá en los próximos meses, acordando los mecanismos para el diseño del curso ciclado que se ha aprobado en resoluciones anteriores del mismo Consejo Federal, adecuando mecanismos de promoción, transición, compensación y continuidad de las trayectorias educativas. Es un trabajo que, institucionalmente, solo se ha hecho en pocas jurisdicciones y puede ser muy positivo extenderlo a todo el país. 

Quizás después de este diseño participativo y colectivo, la presencialidad  de les docentes en las escuelas pueda ser de un día a la semana para garantizar luego el trabajo de acompañamiento a las trayectorias escolares y a la continuidad pedagógica de les estudiantes a cargo. Por supuesto que, como señala la misma resolución, todas estas decisiones están a cargo de las diferentes jurisdicciones teniendo en cuenta su propia situación epidemiológica, las prioridades de sus  políticas educativas provinciales, sus recursos y posibilidades. 

Como siempre afirma nuestro ministro de Educación Nicollás Trotta , en la pandemia vamos aprendiendo entre todxs día a día, y hay que ir dando los pasos en el momento en el que es posible darlos, priorizando el cuidado de la vida de toda la comunidad educativa.

 Esta resolución supone un paso importante en un camino que aún es muy complejo e inevitablemente incierto. Nos toca seguir caminando. Cuidando la vida, comprometidos con la educación. 

Alberto Croce
Secretario Nacional de  la CADE

EL PROGRAMA ATR: Nuestras primeras impresiones

            Ayer se presentó en la Provincia de Buenos Aires el programa ATR (Acompañamiento a las  Trayectorias y a la Revinculación).   

          Quisiéramos compartir algunas primeras impresiones referidas a esta importante iniciativa ya que está íntimamente relacionada con todas las cuestiones que venimos trabajando desde hace meses y van al corazón de la problemática que nos ocupa y  nos desvela cotidianamente, aún estando “en casa” pero trabajando duro “desde casa” por estos temas. 

              Lo primero es expresar nuestra satisfacción por el enfoque que la provincia de Buenos Aires da al tema de manera muy concretamente en estos tiempos tan complejos y delicados. 

Hay varios aspectos que deben ser debidamente resaltados. 

  1. La problemática de les estudiantes que están desvinculados y los que tienen baja intensidad de vínculo es muy importante – grave, deberíamos decir– y es necesario abordarla con programas y acciones concretas y contundentes. La Provincia de Buenos Aires está tomando el tema y dándole el máximo nivel de importancia. (El programa fue presentado en un acto público en donde la Dra. Gral. de Escuelas estuvo acompañada por el Gobernador y el Ministro de Educación de la Nación.)
  2. El programa ATR implica responder en prácticas y acciones concretas a las directivas que se aprobaron en el Consejo Federal de Educación respecto de las modalidades para “Volver a las Escuelas”. Es muy importante que esos lineamientos, necesariamente generales, se expresen en decisiones muy concretas y específicas que pongan en evidencia que aquellas decisiones y recomendaciones no son enunciados declamativos generales.  
  3.  Subrayamos y aplaudimos la decisión de que la “revinculación” no sea para después o para “cuando se vuelva”. Venimos diciendo en todos los foros que podemos que la revinculación debe comenzar ahora. Fundamentalmente porque “estamos en clase”, hay ciclo escolar. Pero también es importante considerar que hay que trabajar la cuestión de las “nuevas regularidades” para que esa revinculación permita diferentes formatos de participación y re-pertenencia a la vida y dinámica escolar de estos tiempos.
  4. La opción que se ha elegido es la de “ir a las casas” de les estudiantes. Estamos convencidos de que es el camino que hay que seguir para fortalecer el vínculo o para revincular a les estudiantes. La escuela “en la calle” y les estudiantes “en sus casas” es la fómula para llegar hoy a estes niñes y adolescentes en este tiempo y contexto de aislamiento y/o distanciamiento social (según los distritos). Llegar y conectarse. Con todos los recaudos del caso. 
  5. Se busca hacer un acompañamiento muy personalizado (6 estudiantes por docente). Estamos convencidos que es una de las claves de esta iniciativa que va a comenzar en los próximos días. Esto requiere la “nominalización” de estos estudiantes y una fuerte articulación con cada escuela para saber quiénes son, dónde están y cuál es la situación de cada trayectoria educativa (hemos escrito bastante sobre esta cuestión en todo este tiempo.)
  6. La respuesta es muy creativa e ingeniosa respecto de quiénes serán les que irán a los hogares.  Fundamentalmente docentes suplentes que habían quedado fuera de funciones reales y que ahora serán re-convocados para llegar a las casas (Se menciona a más de 18.000 registrados en el PIEDAS).  Esto anticipa algo que también será importante en las próximas etapas. Será necesario “re-formatear” ciertas tareas docentes y formatos de cargos. Por supuesto, sin afectar el fondo de los derechos laborales, pero seguramente generando nuevas tareas y modalidades de desempeño, como por ejemplo, esta que ahora se ha pensado.
  7. La participación de les estudiantes de 3° y 4° año de los profesorados también creo que es una decisión muy positiva. Hay que mirarla desde el aspecto formativo y ese intenso contacto que tendrán les estudiantes terciarios con la realidad no debe “pasar de largo”: debe ser parte integrante de la experiencia de formación docente de estes jóvenes que se preparan para ser futures maestros/as y profesores/as. 
  8. ATR se trata de un programa integral que abarca muchos aspectos que también son importantes (y que no comentaré aquí) pero que completan un escenario necesario para comprender las complejidades que el momento está posicionando. Aspectos que van desde lo sanitario, lo edilicio… hasta lo alimentario y tecnológico.
  9. Como cualquier política pública importante, requiere de presupuesto y financiamiento. Y así se anunció ayer. Nos congratulamos de que así sea y que esta decisión y estos montos se hagan públicos para poder luego ser monitoreados como corresponde. 

En lo que encontramos una discrepancia importante respecto de lo anunciado ayer, es de la gravedad cuantitativa de la desvinculación. Nos parece que el 10 % anunciado en la presentación -que igualmente implica un número altísimo de estudiantes (más de 200.000) – no es el número real de este momento del proceso. Antes del receso de invierno, coincidíamos con ese guarismo (nosotros hablábamos de un 10 a un 15% entonces). Ahora los números son mucho -MUCHO- más altos. Especialmente en los sectores más vulnerables y vulnerados por la pandemia y la crisis económica y social. Es importante decirlo porque las escuelas se van a encontrar con que serán necesarios más docentes si se desea sostener la ratio de acompañamiento 1X6 (¡que es una buena ratio!)

Por último, quisiéramos ofrecer algunas recomendaciones a tener en cuenta con el deseo de colaborar en este momento de lanzamiento de esta buena iniciativa.

  1. Será muy importante realizar un trabajo muy articulado entre estes docentes y les que trabajen en las escuelas. Dicho de otra manera, la escuela debe seguir siendo el núcleo generador de las propuestas pedagógicas que lleguen a las casas. Evitar que se cree un circuito paralelo y “desvinculado” de la escuela. Es un riesgo que debe evitarse.
  2. A les estudiantes habrá que llegar con materiales impresos que permitan el trabajo personal de les estudiantes en sus casas. Todes les docentes del sistema educativo provincial deben esmerarse en que esos materiales sean de la mejor calidad educativa posible, generando propuestas interesantes, integradoras en sus contenidos, que permitan aprendizajes activos y no tareas rutinarias y vacías. Este modelo (y los de educación “en casa por medios virtuales”) poco a poco deben ir mejorando sustancialmente y aprendiendo entre todes les docentes cuáles son los mejores formatos pedadógico-didácticos.
  3.  Como señalamos más arriba, los equipos directivos y los inspectores, deberán estar muy atentos a las cantidades efectivas de estudiantes desvinculados o vinculados con muy baja intensidad. Seguramente habrá que reconfigurar las primeras previsiones. 
  4. También nos parece importante recomendar que se aprovechen los otros programas que están en marcha en los territorios. Programas que pueden ser también provinciales o hasta municipales. Por ejemplo, el “Asistiré”. Será necesario, a nivel de las regiones y distritos generar fuertes espacios de articulación de recursos y compromisos existentes.
  5. Al anunciar el programa, la Dra. Gral. de Escuelas anunció que este esfuerzo es de toda la comunidad. Quisiéramos señalar que debería tenerse formalmente en cuenta la participación de los centros de estudiantes, de las cooperadoras escolares y de las organizaciones y movimientos sociales comprometidos con la educación en toda la provincia. Imaginamos, por ejemplo, a esos docentes que van a los hogares, muchas veces acompañados por integrantes de las cooperadoras o por estudiantes comprometides de las mismas escuelas. En este último caso, también ayudando -virtualmente- a sus compañeres desvinculades a realizar las propuestas educativas que les docentes hacen llegar a los hogares. 
  6. Será importante considerar las situaciones particulares de les estudiantes con distintas capacidades (como visual, de la comunidad sorda, intelectual, motriz o de movilidad reducida). Se requieren materiales adaptados que les permitan acceder a los contenidos y a la participación efectiva en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y, para ello, escuchar a las organizaciones que los representan para tener en cuenta sus particulares necesidades.
  7. Finalmente, como ya dijimos más arriba, invitamos a les formadores de los Institutos Superiores de Formación Docente, a aprovechar pedagógicamente las experiencias de acompañamiento a las trayectorias que hagan les estudiantes terciarios en el marco del ATR. Es una oportunidad excelente para que puedan reflexionar sobre esta práctica maravillosa que están por realizar y que podrá constituirse en un “antes y un después” en su formación como docentes si  es integrada a la misma convenientemente.
  8. Alentamos asimismo a que, desde el principio, se prevean mecanismos de registro y sistematización de toda esta experiencia que permitirá aprender muchas cosas acerca de nuestras prácticas educativas, la formación docente, la vinculación entre la escuela y la comunidad, el acompañamiento de las trayectorias educativas, las modalidades “híbridas” de enseñanza aprendizaje, los contenidos curriculares realmente relevantes, los formatos de evaluación y certificación de aprendizajes…

El Programa de Acompañamiento a las Trayectorias y a la Revinculación comienza a rodar. Habrá que ir viendo cómo va resultando y cómo va corrigiendo su andar. Porque seguramente, en el camino se vayan aprendiendo muchas cosas y se vea la necesidad de ajustar otras. Pero vale la pena, sin duda. 

              La Provincia de Buenos Aires ha puesto una “vara alta”. Ojalá pronto veamos a otras jurisdicciones transitando por caminos similares. Sabemos que varias están diseñando procesos en direcciones similares. Es auspicioso. Pero falta mucho. 

             Por último, aplaudimos la elección del nombre. También eso fue sorpresivo e ingenioso. Después de todo, lo valioso, no tiene por qué ser tan acartonado.  

                                                    ¡ Vamos con el ATR !

                                                                                                                   

      Prof. Alberto Croce
      Director de Fundación VOZ
     Integrante del Consejo Nacional de
     Calidad de la Educación