La “nueva escuela” en la pandemia

“O inventamos o erramos”
Simón Rodríguez

¿Habrá llegado el momento de pensar seriamente en un formato de escuela pública perdurable que sea además “dual” respecto de la presencialidad y el distanciamiento? 

¿Será realmente posible, aún cuando contemos con la vacuna, volver al mismo formato de escuela que conocimos hasta antes de esta terrible pandemia que mantiene al mundo en vilo y que no le da tregua? Además, si fuera posible, ¿sería lo deseable? ¿No deberíamos estar mejor preparados para situaciones que pudieran repetirse en el futuro?

¿Y cómo imaginamos esa escuela que se hace necesaria para estos tiempos, en los que aún no se puede resolver la crisis sanitaria que atravesamos?

De un tiempo de excepcionalidad a un tiempo de incertidumbre

Cuando el COVID 19 se transformó en pandemia, esparciéndose bastante rápidamente desde Asia a Europa y, luego a América Latina, India, Rusia… todos pensábamos que estábamos enfrentando un tiempo que tendría características excepcionales pero que duraría dos o tres meses a lo sumo. En ese período, era claramente recomendable suspender las clases y hacer coincidir estos tiempos con períodos de receso escolar. En el hemisferio sur, con recesos de invierno y en el norte, con cambios de año lectivo. Aunque esta suspensión afectaría los planes originales, no se creía que iba a tener consecuencias demasiado profundas.

La pandemia, sin embargo, no sólo se instaló entre nosotros sino que viene presentando características que tiene desconcertada a la misma comunidad científica. Después de casi 8 meses, cuando por una parte se avizora no tan lejanamente la posibilidad de contar con varias vacunas, en realidad aún no sabemos con certeza ni siquiera si los que se han curado, generan los anticuerpos para no volverse a enfermar ni cuánto duran, en caso de haberlos generado.

Aquel período más o menos breve que inicialmente imaginamos con cuarentenas, aislamientos y clases presenciales suspendidas, se está prolongando y no tenemos ninguna claridad sobre su extensión. El futuro, en muchos aspectos, y también en el pedagógico, puede ser definido como un tiempo de incertidumbre

Esto comenzó a impactar fuertemente sobre nuestro sistema educativo. 

La excepcionalidad permitía ser ciertamente comprensivo sobre muchas cuestiones vinculadas a las posibilidades reales de enseñar, aprender y convivir en esa institución que muchos comenzaron a re-descubrir, re-significar y re-valorar: La escuela 

Ya hemos escrito durante estos meses sobre los debates que se produjeron alrededor de qué era lo que había que enseñar, cómo hacerlo, qué había que evaluar del proceso educativo y cómo podrían les estudiantes promocionar sus atribuladas trayectorias. 

Mayoritariamente, el sistema educativo anunció que iba a priorizar el sostenimiento de los contactos de les estudiantes con la escuela e iba a procurar que los mismos tuvieran en lo posible carácter de “vinculos pedagógicos”. Pero a su vez, reconocía que lo central era no perder la relación con les estudiantes. 

El resultado tuvo aristas dispares.

Por una parte, se valoró y reconoció una gran capacidad en una estructura tan grande como el Sistema Educativo, para generar modelos de funcionamiento totalmente desconocidos hasta el momento. Esto le permitió continuar el contacto con un porcentaje mayoritario de estudiantes. Según como se cuente, el 90%, el 70%  o el 50% del total de los inscriptos al empezar el año. De cualquier manera, miles  y miles de estudiantes, no pudieron mantener el vínculo deseado, algunos parcialmente y otros absolutamente. 

Algo similar sucedió con les docentes. La mayoría pudo encontrar vías de contacto con sus estudiantes, pero no todes. Han habido docentes que, por distintos motivos, también “desertaron” de sus responsabilidades o las cumplieron sin motivación ni resultado alguno.

Sin embargo, más allá de todos estos casos, lo realizado mayoritariamente en consideración de una situación excepcional, es valioso, destacable y positivo.

Pero, ahora nos hacemos esta pregunta: Si este tiempo se prolonga y la mayoría de les estudiantes no podrá volver a la presencialidad tal como la conocíamos, en lo que resta de este año, casi seguro, y, quién sabe, durante buena parte del próximo ciclo lectivo… ¿cómo nos preparamos para responder a esta situación de miles y miles de estudiantes de nuestro país?

En el período que en Argentina denominamos ASPO (Aislamiento Social Preventivo Obligatorio), las distintas escuelas respondieron dando una propuesta educativa cada una a su manera y con el formato y metodología que pudo o quiso.  ¿Es este el modelo que imaginamos de aquí en adelante -y quién sabe hasta cuándo? ¿No deberíamos estar imaginando algunos formatos más o menos comunes y posibles entendiendo que hay situaciones diversas y, sobre todo desiguales, pero que el derecho a la educación debe ser garantizado para nuestres jóvenes?

El Consejo creado por el MInisterio de Educación para delinear un protocolo de vuelta a clases, señaló una serie de normativas, sobre todo relacionadas con las cuestiones de cuidado sanitario y protocolos de cuidado, que requieren de muchas precisiones pedagógicas que aún no están para nada resueltas. 

Se ha señalado por diversas vías la lógica preocupación por les estudiantes que están empezando o finalizando un nivel educativo. Es una cuestión central porque, además, impactará -y mucho- en la manera como comenzará el año lectivo próximo ya que posibilitará o impedirá la constitución de los primeros años de cada uno de los niveles educativos…   Pero este asunto no puede hacernos desconocer la situación del resto de les estudiantes que están en otros años del propio nivel o que lo han abandonado, y que son una  mayoría determinante. 

Es urgente pensar y diseñar un modelo de escuela -o varios- con los que se pueda responder a todos estos desafíos que tenemos, no en el futuro sino ahora. 

Ya no podemos entender lo que nos sucede como si fuera una “excepcionalidad”. Tenemos que arriesgar respuestas urgentes y eficaces.

La cuestión de la conectividad

 

Un asunto crucial es el que tiene que ver con la cuestión de la conectividad y de los dispositivos con que cuentan nuestres estudiantes y docentes para hacer frente a esta situación.

Sin duda estamos ante una situación compleja y de gravedad. Podríamos abundar en datos y estadísticas, que se han producido en estos dos últimos meses y particularmente nos hemos detenido a leer con suma atención. 

Solo haremos referencia a un dato muy concreto: en nuestro país hay unos 7.000.000 de hogares en donde al menos un miembro está cursando algún año de la educación obligatoria. La mitad de esos hogares NO TIENE una computadora para uso educativo. 

Por supuesto que esta es otra manera de reconocer la profunda desigualdad que podemos encontrar en nuestra sociedad. Es sumamente urgente preguntarnos cómo podemos encarar una nueva escuela como la que se requiere con estos pisos de desigualdad tan profundos.  Si la nueva escuela que imaginamos requiere necesariamente que les estudiantes tengan equipamientos y conectividad para poder aprender, esto requiere urgente resolución de manera indiscutible. Poco a poco, esta mirada está llevando a la sociedad a reconocer a la conectividad como uno de los derechos a los que todes debemos tener acceso y el Estado la responsabilidad de garantizarlo.

Sin embargo hay otras cuestiones que también tenemos que pensar, porque las posibilidades de conectividad no son más que un soporte de posibles soluciones, pero no garantizan en absoluto los logros que el sistema educativo se propone alcanzar. 

Queremos reflexionar sobre algunas otras dimensiones que se requieren identificar y atender, para lograr avanzar de manera concreta en esta nueva escuela de la que se habla ya en muchos espacios pero en forma muy dispersa y poco consistente.

 

Las nuevas regularidades

Hace muchos años, que en el Sistema Educativo venimos hablando de Trayectorias Educativas de les estudiantes. Esta perspectiva lleva a considerar a cada une de elles como alguien especial, único y depositario del derecho a aprender. Esta consideración “individual” no busca fortalecer ni el individualismo ni la meritocracia. Lo que se propone es reconocer a la persona en su dimensión histórica, territorial y sociocultural que le confiere características propias. 

En la escuela, tal como la conocíamos, hablábamos de un “alumno regular” para referirnos al que podía ser considerado parte de una institución educativa.

Ese “alumno regular” cubría ciertas condiciones y debía cumplir con determinadas exigencias. La regularidad, se podía perder por diversos motivos. Uno de ellos es el de las inasistencias reiteradas y numerosas. Otro, el de la no promoción de una cantidad de asignaturas obligatorias. A esto se le podían sumar cuestiones disciplinarias cuyas sanciones derivaran en suspensiones y, hasta, en la expulsión. 

En este tiempo excepcional, todo debió ser revisado. Hasta tal punto que les estudiantes no tuvieron más registros de asistencia, de puntualidad de ingreso, de permisos para “salir” del establecimiento educativo… ni tampoco aprobación de asignaturas o promoción de las mismas.  Sin embargo, las escuelas no dejaron de considerarlos como estudiantes de su institución. Algo muy profundo sucedió, aún sin toda la conciencia de lo que estaba ocurriendo.

La nueva escuela que debe crearse, requiere encontrar “nuevas regularidades”. Esto no está definido ni es sentido común en todo el funcionamiento actual del sistema educativo. 

Es necesario para esto mirar con mucha atención lo que ha venido ocurriendo. En escuelas con muy buena conectividad y equipamiento, de docentes y estudiantes, y en otras con estas condiciones muy debilitadas y hasta inexistentes. 

Se han hecho distinto tipo de experiencias con plataformas como classroom, ednovo, y otras generadas por las mismas escuelas. Se trabajó con grupos de whatsapp, espacios virtuales como zoom, meet… , se utilizó el teléfono, cuadernillos provinciales o nacionales, producción audiovisual en la televisión o la radio, guías elaboradas por les mismes docentes… Hay mucha descripción y poca evaluación de cómo ha funcionado todo este conjunto de recursos, respecto a los logros efectivos en la experiencia pedagógica.

Urge comenzar a pensar muy seriamente en la escuela de la que deben participar nuestres jóvenes y niñes. El primer paso, muy necesario a nuestro entender, es compartir más ampliamente qué se está haciendo y qué está dando resultados efectivos, considerando las profundas desigualdades existentes en nuestro sistema educativo.

 

¿Es posible pensar en la construcción de estos nuevos modelos? 

Mientras algunes especialistas consideran sumamente complejo avanzar en este sentido, les docentes que están en las escuelas, junto con sus equipos directivos, necesitan pensarlo e implementarlo. Porque no se puede transformar la escuela en un conjunto de guías de temas curriculares diversos y desconectados entre sí, que les estudiantes reciben cuándo pueden y contestan cuando quieren, si es que tienen medios de conectividad apropiados. 

La escuela “dual”, de la que algunos hablan, no puede transformarse en una maquinaria de transmisión de contenidos virtualmente recibidos. 

Eso no es la escuela y ni les estudiantes ni les docentes soportan -ni soportarán mucho tiempo más- un formato semejante. 

Estamos encontrándonos con muches estudiantes y  docentes muy angustiados y frustrados, que están abandonando sus responsabilidades, hablan del “año perdido” y suponen que podrán recomenzar el próximo ciclo de otra manera. ¿Pero esto será posible? ¿No podríamos estar ante daños muy difíciles de reparar si claudicamos de esa manera?

Tantos pedagogos y educadores habríamos fracasado rotundamente si no podemos darle la vuelta a la cuestión y crear y recrear una escuela en donde la presencialidad de les docentes se combine mejor con espacios de educación en otros ámbitos (además de los hogares), producción colectiva, investigación, encuentros personales (presenciales y virtuales), formación en valores ciudadanos y participación en la vida de la propia comunidad, se puedan volver reunir en una experiencia pedagógica que conforme nuevos trayectos educativos. 

Pero tenemos que animarnos a pensarla – con y sin toda la conectividad que quisiéramos y por la que seguiremos exigiendo.

Nos resulta tan curioso como maravilloso que del corazón de América Latina, debamos ir nuevamente a encontrarnos con el gran Simón Rodríguez, maestro del libertador Bolívar, que afirmaba hace ya más de 150 años 

“¿Dónde iremos a buscar modelos? La América es original. Original han de ser sus Instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos.”

Inventamos o erramos. Esa es la disyuntiva. Tenemos que animarnos a inventar. Pero no de la nada. Tenemos que conocer qué están haciendo nuestras escuelas y cómo hay que resolver el desafío.

 

Una hoja de ruta para mirar

 Para acercarnos a mirar lo que se está haciendo en los territorios es muy aconsejable hacerlo con alguna “hoja de ruta” que nos permita enfocar bien la mirada.

La escuela, como un todo muy activo e intenso, no se puede entender sin comprender la complejidad que le otorgan, tanto les estudiantes, como sus docentes. 

Resultan demagógicos los discursos que pretenden centrarse solamente en les estudiantes, dejando a docentes de lado. Esos discursos desconocen la realidad escolar y no aportan prácticamente nada interesante a la cuestión que nos tiene ocupados.

Sin embargo, solo con un fin “ordenador” propongo que pensemos por un momento la escuela posible, a partir de hacernos algunas preguntas respecto de les estudiantes.

¿En la escuela que inventemos, será necesario que les estudiantes tengan “horarios”? ¿Entendemos que puede ser conveniente para ellos ocuparse escolarmente en horarios específicos? ¿Las escuelas duales deberían funcionar en dos turnos? ¿O solo en uno? 

¿Les estudiantes, respecto de las asignaturas que cursarán, deberán formar parte de un “grupo clase” que cursa en simultáneo las mismas asignaturas? ¿Estos formatos deberán ser iguales para la educación inicial, la primaria, la secundaria? 

¿Trabajaremos por asignaturas o de manera interdisciplinaria mirando problemas, desarrollando proyectos? ¿Tendremos que revisar aún más profundamente y de fondo las cuestiones curriculares? ¿Desarrollaremos aún más que hasta ahora las capacidades para aprender, el pensamiento crítico, las habilidades para trabajar en equipo? ¿Les docentes podrán juntarse en equipo para acompañar a sus estudiantes que no estarán pasivamente todo el tiempo en las aulas para escucharles? ¿Lograremos finalmente que la evaluación no funcione como un recurso extorsivo sino como una motivación a continuar aprendiendo? ¿Seremos capaces de integrar todas las capacidades de nuestres estudiantes para generar trayectorias diferentes según estas teniendo en cuenta que hay distintas maneras de aprender?

¿Cómo han organizado estas cuestiones las escuelas en este tiempo de ASPO? ¿Cómo las están pensando para esta segunda parte del año?

Por lo que hemos podido conversar con muches directives en este tiempo, han habido experiencias muy diferentes. En algunos casos, sobre todo en el sector de escuelas de gestión privada pero no solamente, se buscó sostener los horarios de les estudiantes y “ocupar” con actividades educativas el tiempo en el que hubieran estado presencialmente en la escuela. Para esto se encontraron nuevas maneras de comunicarse y trabajar. Consultados estudiantes respecto de esta cuestión, muchos se sintieron muy exigidos y cansados.  Sin embargo, valoraban este recurso ordenador en un tiempo difícil como lo era el del ASPO más estricto. 

Esta manera de resolver el problema, si bien no fue aislada, tampoco fue mayoritaria.

La mayoría de les estudiantes, en cambio, debió adaptarse -cuando pudo ser posible- a los horarios de trabajo que les proponían sus docentes. Y luego, en tiempos que cada uno decidía, realizaba las tareas o investigaciones que les eran asignadas. Les docentes, por otra parte, tuvieron que cubrir las necesidades del propio hogar junto con las que provenían de su tarea profesional y sintieron una sobrecarga que no siempre pudieron resolver favorablemente, ya que no estaban dadas las condiciones mínimas para ello.  

Las experiencias llevadas adelante en estos meses fueron diferentes tanto desde sus formatos como desde su consistencia pedagógica. Todo es comprensible. Pero nosotros pensamos que estamos entrando en una etapa en donde deberemos pensar en propuestas más concretas y pedagógicamente también más sólidas, pensando en les estudiantes que han podido mantener el vínculo educativo con las escuelas, en les que apenas han sostenido algún vínculo e incluso, les que lo han perdido. Y también en les docentes con la multitud de situaciones a las que se deben atender con mucho cuidado, respeto pero también ingenio.

La discusión sobre si las escuelas deben o no abrirse pronto, total o parcialmente, es importante. Pero ese debate no puede anular la búsqueda de nuevas alternativas que respondan a la realidad a la que el sistema educativo necesariamente debe enfrentar pensando en la gran mayoría de sus estudiantes que, de ninguna manera, podrá retornar a la anterior normalidad… 

Hay muchas cuestiones que debemos animarnos a pensar, a revisar, a proponer. 

Es valiosa la diversidad de propuestas, pero no todas tienen el mismo valor pedagógico. 

La justicia educativa nos exige ofrecer a nuestres niñes que están en situación de desventaja, las mejores propuestas educativas para que la desigualdad no se continúe profundizando con tanta crueldad. El Sistema Educativo siempre se preció de ser una oportunidad para la igualdad y hoy está sucumbiendo a perder este valor que históricamente le reconocimos.

 

¿Con qué contamos para este desafío?

Por una parte, con aproximadamente 11.000.000 de estudiantes en todo el país. 

50.000 unidades educativas y 790.000 cargos docentes.

El 50% de estes estudiantes tiene condiciones aceptables de conectividad.

El 70% de les docentes también. 

Contamos con un Sistema Educativo organizado jurisdiccionalmente con equipos técnicos profesionales en las diferentes provincias, formados y capacitados en las diferentes universidades nacionales e institutos de formación docente diseminados por todo el país.

Contamos con un numeroso cuerpo de supervisores e inspectores que conocen las escuelas que tienen a cargo.

Contamos con la experiencia de equipos directivos, equipos de orientación, asesores pedagógicos, bibliotecarios… que conocen su realidad territorial y sus comunidades.

Con una ley de financiamiento educativo que exige que se invierta al menos el 6% del PBI en la educación y con un “esfuerzo educativo provincial” que lleva a que la inversión educativa que realizan las jurisdicciones destine del 17% al 38% de sus presupuestos a este fin.

Con todo esto, no podemos ni debemos aceptar una respuesta tibia ni mediocre. Cada une de los que tenemos responsabilidades o compromisos con la educación de nuestro país, debemos responder desde nuestras propias responsabilidades. Sin mirar para otro lado. 

Es cierto que hoy no podemos ir y habitar los edificios escolares. Y casi seguramente no lo podremos hacer por muchos meses por delante. Pero hemos aprendido que la escuela no son las paredes y los muebles. Son sobre todo las personas que se encuentran y crean el “acto educativo”, semilla básica de toda la educación. 

Por ello, tenemos que recrear el “encuentro” y reinventarlo para estos tiempos en los que tenemos que estar distanciados. Paradoja que nos exige el máximo de nuestra capacidad de imaginación pedagógica.  

No creemos que, aunque hayamos hecho mucho en todos estos meses, estemos haciendo lo mejor que podríamos hacer todes juntes para dar una mejor respuesta educativa para el tiempo que tenemos por delante. 

Debemos animarnos a “inventar” una escuela para estos tiempos. Y especialmente, una escuela que valga la pena, también para todes nuestres estudiantes que no cuentan con toda la tecnología que quisiéramos que tuvieran y que se les negó cuando se discontinuó el Plan “Conectar Igualdad”, que hoy hubiera sido fundamental para enfrentar mejor este momento.

Cada quien puede hacer algo en esta dirección.

Les docentes, pensar con sus compañeres cómo trabajar pedagógicamente en la generación de estas nuevas propuestas pedagógicas.

Les directives de las escuelas, coordinar estos trabajos, sistematizarlos, compartirlos con otras escuelas de sus distritos. 

Les inspectores, reunir a les directives para encontrar los nuevos formatos posibles y compartirlos con las escuelas y con las autoridades de las jurisdicciones.

Los funcionarios, estar atentos a lo que está sucediendo, animar y habilitar las innovaciones, ayudando en su valoración y aprendiendo de lo mejor que va aconteciendo.

Es realmente tarea de todes. 

Un desafío inmenso. Gigantesco. Imprescindible. 

 


Les escribo estas líneas desde la soledad de mi aislamiento personal, pero también desde la escucha atenta y dedicada a cientos de docentes y directivxs de muchas localidades de Argentina, desde Tierra del Fuego a Jujuy y desde Mendoza o Neuquén a lo profundo del AMBA.

Quisiera estar tan cerca de cada une de ustedes para dar esta lucha codo a codo y que no perdiéramos a ningún estudiante en el camino. 
¿Cómo animarlos a re-enamorarse por la escuela y compartirles lo que valoro su compromiso diario por llegar a los que es más difícil de llegar? ¿Cómo pedirles que no bajen los brazos cuando parece que lo que se hace es tan poco valorado?
Les pido que si, al leer estas líneas, encuentran que cosas de las que están haciendo pueden servir para pensar en lo que todes tenemos que hacer en las escuelas, me escriban y me las compartan. Quizás desde esta oficina sencilla e improvisada, pueda ayudar en algo a que aquello que todes juntes estamos haciendo por la educación de nuestra patria tenga más sentido y llegue más lejos. 

Les abrazo en el corazón.

 

Alberto Croce
Fundación VOZ
agosto de 2020

acroce.tls@gmail.com 

 

¿REFORMA JUDICIAL O DEL PACTO DE LA REPÚBLICA?

En estos días, en Argentina resurge una iniciativa destinada a generar una reforma en el Poder Judicial. Una constatación dolorosa para muchxs y dramática para algunxs, de que lxs jueces y toda la estructura que los sostiene, funciona demasiado mal, esto es al fin:  sosteniendo injusticia para buena parte de la población.  

 

Quien escribe estas líneas no es abogado, pero sí ciudadano (no simple ciudadano),  lo que me otorga derecho a expresar mis ideas sobre la cuestión, aún no manejando tecnicismos que muchas veces forman parte de la misma telaraña argumental que necesitamos cambiar.

Lo que quisiera expresar en estas líneas es algo que vengo diciendo en privado desde hace bastante tiempo: más que una reforma “de la Justicia”, lo que necesitamos es una reforma profunda del “pacto social de surgimiento de la República”. No de “nuestra” república, sino de la República, constituída sobre la base de la división de los tres poderes que todos conocemos.

 

Esta forma de Estado, se consolidó en la Revolución Francesa, allá por 1789. 

En aquel momento,  las burguesías se les plantaron a los nobles y a los reyes. Aquel pacto de convivencia, implilcó en la práctica, que, destituido el rey, la nobleza le otorgaba a la burguesía el poder legislativo (expresión del “pueblo”) y el poder ejecutivo. Pero se reservaba para sí, el dominio y control del poder judicial

 

Las décadas y los siglos pasaron y muchas cosas cambiaron y otras no. 

Entre las primeras, claramente surgió un nuevo actor social por debajo de las burguesías que podemos identificar como clase obrera, trabajadora, sector popular… Ese sector, con luchas y reivindicaciones, peleó y luchó por tener lugares en el poder legislativo. Y sin dudas lo fue logrando, no sin muchas dificultades y sin tener que enfrentarse con sus propias contradicciones, ya que, no pocas veces, ingresar en los parlamentos, posibilitaba también formar parte de las burguesías y separarse progresivamente las clases populares de las que provenían. Afortunadamente, no siempre fue así y muchos representantes populares han sido fieles a sus orígenes defendiendo con valentía y patriotismo intereses colectivos populares. 

 

En el Poder Judicial las cosas han sido diferentes. (Vuelvo a recordar que no me estoy refiriendo solo a la Argentina). En general, han sido muy firmes en defender intereses de clase y moverse con una lógica más propia de las noblezas de aquel siglo XVIII que de las sociedades modernas del S XXI.  Tanto ha sido así que, hasta los trajes, ambientes, tratamientos… mantuvieron las formas de los derrotados en la revolución francesa -aunque finalmente no tan derrotados..

 

Las burguesías lograron arrancarle a la justicia algunas rémoras del pasado respecto de derechos civiles, a fuerza de leyes “progresistas” sobre todo en estos campos. Y los poderes judiciales debieron aceptar cuestiones como el voto universal, el femenino, las cuestiones de género, algunas temáticas ambientales, los matrimonios igualitarios, el derecho al aborto seguro… Siempre con altas resistencias y con adelantos y retrocesos casi sin excepciones.

 

Sin embargo, cuando las cuestiones tienen que ver con los privilegios de los poderosos o con la defensa de la propiedad privada, el Poder Judicial se abroquela y pone en juego toda la sofisticación de sus procedimientos para trabarlo todo, si no puede impedirlo, y hacer prácticamente imposible cualquier cambio de fondo en estos temas. Pueden pasar décadas para lograr fallos que defiendan intereses populares sobre temas de propiedad, derechos humanos, ética pública, etc. 

 

Y cuando a pesar de todo el funcionamiento intrincado, no es posible frenar las búsquedas de justicia en los temas más sensibles, siempre les queda a los poderosos el manejo de  las Supremas Cortes de Justicia, en las que 3, 5 o 15, terminan decidiendo la suerte de una Nación entera.  Jueces que han llegado allí luego de contar con las aprobaciones de las “noblezas” de turno y que tienen, por la generalidad, peremnidad o perpetuidad en sus cargos, lo que los hace prácticamente intocables frente a  los oscilantes poderes históricos de los sectores populares. 

 

Por todo esto es que, si bien valoro todo lo que se pueda hacer para reformar el poder judicial, tengo la convicción de que hasta que no se pueda modificar esta otra cuestión de fondo que hace al “Pacto Social Republicano”, hay muchas cosas que no lograremos que cambien, aunque lo necesitemos urgentemente. Lo realmente necesario es democratizar el poder judicial, en el sentido más profundo de esta afirmación. No me parece que sea este el tipo de reforma que se esté planteando en este momento. 

 

No sé si será posible lograr un cambio semejante. A veces pienso que lo que señalo está como en el mismo ADN de los sistemas republicanos y que no podremos con ello.  Quizás me toca señalar un punto de vista que nos ayude a pensar y haya otros y otras que puedan encontrarle la punta a este enmarañado ovillo que nos lleve a que tengamos justicia entre nosotrxs. 

 

¿Será Justicia, Señorías?

 

“La Vida es Bella” o los mandatos de la “Continuidad Pedagógica”.

Muchos de nosotros seguramente hemos visto la película de Rodolfo Benigni. Ambientada en tiempos del holocausto, el corazón de la obra nos remite a los esfuerzos de un padre (Guido) por hacer que su pequeño hijo (Josué) no sufriera en medio de las atrocidades del campo de concentración en el que habían sido confinados. Y aun en medio del horror, Guido hace que su hijo sonriera como si allí no estuviera sucediendo lo que realmente ocurría…

Atravesando esta terrible pandemia, que es una catástrofe universal, con más de 9.500.000 de personas contagiadas y más de 400.000 personas fallecidas a finales de junio de 2020, , los sistemas educativos del mundo han hecho un enorme esfuerzo por que las clases continuaran virtualmente, los estudiantes aprendieran y todo pasara, si fuera posible, como si nada estuviera ocurriendo.

Obviamente esto es imposible.

La realidad hace que la mayoría de las familias esté viviendo crisis y tensiones muy fuertes, haya un gran miedo a la muerte cercana, que los planes de toda la humanidad se hayan truncado, y que todos estemos intentando sobrevivir a esta situación que se prolonga, con el menor daño posible.

Honestamente entiendo que no tiene sentido negar la realidad y, en cambio, debemos valorar muchísimo las pequeñas cosas que hemos podido lograr como educadores en medio de tanto desastre que muchos intentan tapar, negar o disimular.

Que podamos garantizar la continuidad de cierto vínculo con nuestros estudiantes merece ya todo nuestro respeto y reconocimiento y es en sí mismo un gran triunfo en este contexto. A mi entender, todo lo demás se vuelve secundario -y muy secundario. Y, por supuesto, no tiene ningún sentido poner en riesgo esos lábiles vínculos con nuestros niños y jóvenes por pretensiones pedagógicas desajustadas.

Lo central es que no perdamos a ningún estudiante respecto de los lazos que nos unen con él y que, de ser posible, recuperemos los vínculos con aquellos con quienes los hayamos perdido.

No hay dudas de que esto golpea fuertemente cualquier expectativa educativa previa a la pandemia. La escuela como la queremos y la necesitamos, tiene poco que ver con este espejismo de la virtualidad que se está llevando adelante en este momento. Para mí es fundamental que, en estos tiempos tan duros y complicados, profundicemos los vínculos que fortalezcan la identidad de cada estudiante como parte de esa escuela que los continúa abrazando en medio del durísimo aislamiento o distanciamiento obligatorio.

La mayoría de nuestrxs estudiantes no son como aquel niño Josué. Necesitan enfrentarse con la realidad, asumirla y, llegado el momento, prepararse para transformarla. Sólo así la escuela -la verdadera escuela- habrá tenido sentido para ellxs.

EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS Pensando en los que no están (16-6-20)

 

El Sistema Educativo está haciendo un gran esfuerzo para sostener una situación que se vuelve cada vez más difícil. En este último tiempo he escuchado a varios docentes decir que la experiencia de “educación en casa” ya está agotada. Como están agotándose docentes y estudiantes para poder sostenerla. 

Realmente no es sencillo hacerlo. 

Acabo de conversar con estudiantes de escuelas de gestión estatal de 8 provincias de nuestro país. Todes me señalan que, a estas alturas, no es el tema de la conectividad el que les preocupa. Lo realmente difícil es sostener esta experiencia en la que muchas veces no entienden, no se sienten bien acompañades, no saben qué futuro tendrá ni para qué les servirá realmente el esfuerzo que están realizando. 

Sin pandemia, el 70% de les pibes estudia y termina la secundaria. Con la pérdida de presencialidad y los problemas de conectividad, ese número se desploma preocupantemente. Los más optimistas dicen que solo la mitad de aquel 70% es la que puede  seguir las propuestas para hacer en casa.  Pero hablando con les pibes, la situación es más desalentadora.  Una situación que puede representar un “promedio” es que en un aula de 25 estudiantes, de 7 a 10 se conectan a una clase por zoom, de 12 a 15 entregan los trabajos propuestos y de 10 a 15 no se sabe nada de ellos.  Pero esto no quiere decir que los que entregan trabajos están aprendiendo algo… Muchos lo hacen solo por cumplir y ni siquiera entregan trabajos realizados por ellos mismos…

Lo que más me cuentan les pibes es una gran desorientación, angustia y  desmotivación… (Y hablamos de pibes de 8 provincias… no sólo del AMBA).

Cuando les pregunto qué deberíamos hacer para lograr recuperarlos, piensan que docentes, centros de estudiantes y organizaciones tienen que salir a buscarlos. Pero la escuela tiene que pensar cosas nuevas para atraerlos. 

*“Ya que todo va a cambiar y no volverá a ser cómo antes, ¿no podríamos esforzarnos por inventar una nueva escuela que sea mejor?”*, se preguntaba una estudiante de Santa Fe. 

Otra decía que quizás era la oportunidad ideal para que en todas las aulas nos sentáramos en círculo, ya que esto sería posible siendo 15 estudiantes.

También hablaban de que les pibes tenían que sentir que en la escuela se iban a hacer cosas que les interesaban. 

Me llamó la atención una cuestión bastante generalizada: *“Tenemos miedo que al volver nos exijan demasiado. Y eso puede desalentar el regreso de cualquiera.”*  En este punto, la sensación es que les estudiantes temen que sus docentes no sean suficientemente sensatos y no puedan manejar las exigencias que les lleguen del mismo Sistema Educativo y las trasladen, sin más, a les estudiantes. 

 

*El desafío del volver a las escuelas, será volver con todes.* Si no lo logramos, la pandemia habrá lastimado profundamente a lo más profundo de nuestra sociedad y habrá muchas más víctimas que las que nos cuentan todos los días. Ojalá que nuestra sociedad se preocupe bastante más  por sus “students” que por sus “runners”…  

Alberto Croce
Fundación VOZ/CADE

 

 

El “Chronos” y la Pandemia

Como siempre hice, quiero compartir con ustedes, mis amigxs, algunas perspectivas que vamos pensando en el proceso de estos días diferentes y a la vez tan fuertes, que estamos viviendo todxs. 

La inmensa mayoría, dentro de las propias casas. Casas tan diferentes como historias y realidades se viven en cada una de ellas. Casas con comodidades y casas atiborradas, casas que protegen y casas que amenazan, casas cálidas y casas que hielan los huesos… Y “no casas”. 

Otro grupo de personas, más pequeño en número,  saliendo a cubrir tareas indispensables y valiosas para el resto, muchxs exponiéndose a riesgos que son desconocidos en su magnitud y extensión. 

De pronto es como que estamos viviendo en realidades o dimensiones paralelas.
En mi casa: silencio, re-encuentro conmigo mismo, con tiempos de paz y también de angustia, de serenidad y de miedo… de conexión espiritual y de despojo… situación que se repite cuando me asomo a la ventana…
Por otro lado, al prender la televisión o la radio, aparece el mundo atrapado por el coronavirus. Cada canal es un torrente de información sobre el avance de la pandemia, lxs muertos, los médicos que no saben cómo frenar esto, las predicciones calamitosas, el crash económico global… 

Y el tercer plano que a mí se me presenta es el de las redes sociales. Allí aparece otro mundo. Un mundo militante, de amigxs, familiares, compañerxs… que comparten allí sus sentimientos, alegrías, temores, perspectivas conspirativas, dimensiones espirituales y religiosas, recetas saludables, mensajes de todo tipo y reuniones virtuales de las más diversas…

Les confieso que me resulta difícil articular esos tres planos dentro de mi propio “cronos”. Por momento me cuesta reconocer cuál de ellos es el real de veras… Porque ninguno de ellos lo es del todo y ninguno es completamente falso. 

Cada uno de esos planos tiene, a su vez, una dinámica interior diferente, un ritmo propio, que no se ajusta con los otros dos. Eso hace que por momentos no sepa ni qué hora es, ni qué día es, ni qué es lo próximo que debería o convendría hacer… 

Al mismo tiempo, tengo la sensación de que, desde una mirada un poco más amplia y menos personal, estamos pasando a otra etapa de este proceso que vivimos.


A la primera la llamaría “la emergencia”.  De pronto, y muy rápido, hubo una toma de conciencia en los diferentes países de que estábamos ante una situación desconocida y peligrosa y que había que actuar rápidamente para que el daño que se venía fuera el menor posible, aún sabiendo que iban a ser inevitables dolores significativos.  Asumir esta etapa no fue sincrónica en todos los países. Algunos reaccionaron más rápidamente, otros con más recursos, otros con mejores decisiones. Pero, pasados algunos días de aceleración de los procesos, el planeta entero fue llamándonos a quedarnos en nuestras casas, no complicar el trabajo de los cuerpos de salud, y organizar la reacción a la pandemia con diferentes estrategias de políticas sanitarias.  Hoy, con “toques de queda”, aislamientos obligatorios, policías y ejércitos en las calles…

A este “momento” llegamos, más o menos, casi todos los habitantes del planeta en pocas semanas. 

 

Pero resulta que parecería que estamos introduciéndonos en una nueva etapa del proceso. Ya no la de la “emergencia” sino algo que puede prolongarse en el tiempo y que requiere de ajustar muchas de las decisiones que se han ido tomando.
La llamaré por el momento, la etapa de “crisis sostenida”.  Personalmente tengo la sensación de que, con mucha suerte, al menos en Argentina, no será posible interrumpir esta cuarentena antes de mediados o fines del próximo mayo. Con lo cual, deberíamos prepararnos, al menos, para dos meses para vivir en una situación de aislamiento preventivo más o menos parecida a la que hoy vivimos.  La diferencia es que ya no alcanzarán las decisiones que se tomaron “para la emergencia”, y habrá que tomar otras bastante más estructurales… En distintos campos, áreas y situaciones. Las respuestas a la etapa de “emergencia” resultarán muy insuficientes para esta nueva etapa. Etapa que es tan desconocida o más que la evolución de este virus que nos tiene jaqueados a todxs.  

Creo que cada unx de nosotrxs debería pensar con la mayor calma posible, en medio de las tensiones que estamos viviendo, en qué estrategias deberíamos asumir para esta nueva etapa del proceso. Y considerarlo para los diferentes aspectos de la vida de cada unx de nosotrxs. Pienso como aspectos a nuestras familias, nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros amigos, nuestra comunidad de referencia, nuestros proyectos personales, nuestros sueños…

Cada uno de nosotros deberíamos reflexionar -y sentir- acerca de qué sería necesario hacer para prepararnos para esta nueva etapa. 

 

En particular quienes tienen responsabilidades políticas y sociales, deben pensarlo con mucha atención. No es lo mismo, por ejemplo, reaccionar a la emergencia educativa para una suspensión de 15 días de clases presenciales… que enfrentarse incluso a un período mucho más extenso en donde estas clases estén interrumpidas por un largo plazo. Todo se hace muy diferente y nos exige de una manera inimaginable respuestas para las que nunca nos habíamos preparado.

 

Por otra parte, en esta nueva etapa del proceso, si bien la salud sigue siendo el valor fundamental que está en juego, todxs somos más o menos conscientes de que lo que está crujiendo es el mismo sistema económico y social tal como lo conocemos. Y creo que ningunx -NINGUNX- tiene total conocimiento de qué es lo que tenemos por delante al respecto. 

Nuestro mejor horizonte es mirar lo que empieza a suceder en esa ciudad en donde comenzó todo este drama, Wuhan, deseando que ese sea el futuro que se nos presente a todos los países. Tenemos cierta memoria histórica de otros episodios similares en donde pestes y epidemias terminaron “pasando” luego de dejarnos las huellas dolorosas de miles de fallecidos. Pero… pasaron. 

También deseamos con fruición que los científicos encuentren vacuna o tratamiento para poder enfrentar este virus invisible a los ojos pero que, esencialmente, nos ahoga y nos deja sin aire. 

 

Sea como fuere, mi intención al compartir estas líneas es llamarnos a reflexionar y prepararnos para esta nueva etapa que tenemos por delante y a la que estamos entrando. Curiosamente, no la podemos pensar solos, pero no podemos juntarnos para pensarla. No saldremos aislados, pero tenemos que organizarnos usando herramientas virtuales, que afortunadamente tenemos disponibles. 

 

Por último, mucha gente, en todo el mundo, está sintiendo muy fuertemente que ya nada podrá volver a ser igual que antes… no sé cuánto hay de constatación o cuánto de deseo en esta afirmación. Sea como sea, algo le está diciendo a la conciencia universal que nos estábamos confundiendo demasiado de camino y que estábamos yendo en una dirección totalmente equivocada. 

 

Me siento demasiado pequeño para poder visualizar esa perspectiva con algo de claridad. La capacidad del capitalismo y del poder de recrearse, reorganizarse y reatacar… es sumamente fuerte. Pero este virus que nos deja sin aire y nos mata sin sentido, y quizás es solo el anticipo de una atmósfera contaminada y un egoísmo global, al que miles de militantes de todo el mundo y de todas las causas están diciéndonos, gritándonos, clamando… que debemos cambiar sin demoras. 

 

Hoy me pregunto, más que nunca, ¿Será que Otro Mundo es Posible?

 

Alberto Croce
28-3-2020

SOBRE LAS TAREAS Y LAS CLASES VIRTUALES

Todxs sabemos por los momentos difíciles que estamos atravesando. Dificultades que no son las mismas para todas las personas y hogares pero que, de una manera u otra, nos afectan a todos y todas. 

Cuando nos aproximábamos a la necesaria suspensión de clases presenciales, advertíamos sobre la importancia de pensar en estrategias que nos permitieran comunicarnos con los estudiantes y sus familias y, también, realizar actividades educativas que garantizaran el derecho a la educación de nuestro pueblo. 

La respuesta fue muy importante porque en muy poco tiempo surgieron todo tipo de propuestas educativas y comenzamos a pensar en muchas estrategias distintas para llegar a todxs lxs estudiantes. 

En su expresión más colectiva e institucional, se puso on line la página “www.seguimoseducando.gob.ar” del Ministerio de Educación de la Nación. Pero además, muchas provincias hicieron lo propio y hoy también están disponibles varias páginas de las distintas provincias para que los estudiantes y sus familias puedan acceder a contenidos de diverso tipo.

Por otra parte, muchas escuelas y colegios han impulsado que los docentes organicen clases y actividades virtuales de todo tipo y formato. En algunos casos, un poco más coordinadamente y en otros un tanto desordenadamente.

En los últimos días he tenido contacto tanto con estudiantes como con familias de distintos lugares del país. Y me han transmitido distintas preocupaciones que quiero compartir con todxs ustedes para que podamos ir mejorando prácticas e intenciones. 

La primera preocupación que ha ido creciendo y que me llega desde distintos referentes es que en algunos casos estos envíos están provocando un fuerte estrés en los estudiantes y sus familias.

Cuando cada profesor envió materiales de su propia asignatura, de manera descoordinada con el resto de sus compañerxs docentes, lo que se produjo fue una especie de saturación que lleva a los estudiantes a estar muy preocupados porque no saben cómo responder a tantas exigencias. La Mesa Federal de Centros de Estudiantes nos manifestó muy fuertemente esta preocupación que les llegaba de estudiantes de todo el país. 

Las mismas familias están también muy preocupadas porque tienen miedo de que sus hijos sean reprobados si no cumplen con estas exigencias y no saben cómo ayudarlos.

Por otra parte, en las casas el acceso a los canales virtuales es limitado. En los hogares hay pocas -o ninguna- computadora de escritorio y es muy complicado al acceso a los materiales enviados a través de los celulares. Eso está provocando también tensiones por el uso de estas computadoras, que están siendo “territorios de disputa” en cada hogar.  Esto cuando se cuenta con conectividad… Porque como sabemos, hay muchos hogares que no la tienen. Es de destacar, en medio de esto, la gestión realizada por el ENACOM para que las compañías de celulares liberen los datos cuando los estudiantes naveguen por los sitios oficiales de educación.  

Situaciones como estas llegan a algunos casos que es difícil de creer que estén sucediendo en medio de semejante crisis… pero sí lo están. Me ha llegado la información de que un colegio privado exige a sus estudiantes a ponerse el uniforme y conectar sus cámaras durante el tiempo que duran las clases y las actividades y “sanciona” a sus estudiantes si no cumplen con esta obligación… 

Creo que es importante en estos momentos, cuando recién estamos transcurriendo los primeros días de aislamiento preventivo obligatorio,  parar un momento y reflexionar sobre la situación por la que atravesamos. 

Estamos en realidad preparándonos para lo que será un tiempo muy duro para todxs nosotrxs. Y lo será mucho más para nuestrxs y adolescentes, que no comprenden bien la profundidad de lo que está sucediendo. 

La televisión -todos sus canales- y las radios, prácticamente no hablan de otra cosa. 

No hay otro tema y todos -adultos y niños- estamos angustiados y ¿por qué no? asustados por lo que está pasando en el mundo entero.

Las tareas escolares, en este contexto, pueden servir para que nuestrxs estudiantes puedan abrir ventanas y mirar otros horizontes, respirar aire más abierto y comunicarse y compartir. Creo que debemos bajar nuestra pretensión curricular en estos momentos e impulsar una escuela que abrace y acoja, como manera de “enseñar” a transcurrir por estas semanas durísimas que vendrán. 

Los docentes deben coordinarse con sus compañeros de institución. Esto es difícil cuando no lo hacíamos cuando había clases normalmente. Los directivos tienen que redoblar esfuerzos por coordinarse con lxs docentes en este sentido. Y tienen en esta tarea una responsabilidad muy importante. Decisiva, diría.
Los directivos tienen que generar espacios de coordinación y acompañamiento con sus equipos docentes para que no pierdan perspectiva de la situación que vivimos. 

La escuela tiene que generar, con sus estudiantes, espacios de escucha, de compartir, de encontrarse virtualmente… La escuela no tiene que ser el lugar que provoque miedos, presiones o nuevas “exclusiones virtuales”.  

Queremos destacar, asimismo, la apertura y disposición de diferentes autoridades del Ministerio de Educación de la Nación, comenzando por el ministro Nicolás Trotta, de abrir los canales de diálogo con los distintos sectores que hacen a la educación de nuestro país para animar,  acompañar, escuchar inquietudes y recibir sugerencias. Algo parecido está sucediendo con autoridades educativas de distintas jurisdicciones que nos escriben y con quienes estamos en contacto constante en medio de la crisis.

Es tiempo de no dejar que ningún pibe se quede fuera, que todxs se sientan importantes y queridxs, que todxs se sientan cuidadxs y protejidxs… a pesar de todo. 
La escuela, como nunca, tiene que ayudar a que lxs estudiantes encuentren un espacio de calidez y de relativa seguridad. En muchísimos casos, nuestro lugar como educadores puede ser indispensable en estos momentos. No somos mejores que ningunx de lxs otrxs que están con lxs pibes… pero el problema es que para muchxs, no pocas veces, somos lxs únicxs que estamos… 

Ojalá estas palabras nos alienten a todxs los que estamos queriendo estar y acompañar las trayectorias de lxs pibes.  No nos desanimemos. Mientras tantos otros “SERVIDORES PÚBLICOS” (sí, así y con mayúscula) están trabajando en los distintos frentes que hoy se requieren tener levantados, el nuestro tiene que ver con estar cerca, querer, proteger y cuidar a lxs estudiantes que la vida nos ha confiado. Siempre podemos hacer las cosas un poco mejor. 

Trabajemos todxs juntxs. Como nunca, como siempre, esto es hoy defender la escuela pública, que resiste, enseña y sueña. 

 

Alberto Croce
Fundación VOZ/CADE